Se avecina un sexenio sin definiciones

Rafael Humberto Pagán Santini. Se avecina un sexenio sin definiciones.

Se avecina un sexenio sin definiciones. Como señala Perry Anderson[1] al interpretar a Laclau y a Mouffe: “Allí donde las interpelaciones lo son todo, las definiciones son ingrávidas.” Este es el caso de Andrés Manuel López Obrador y el partido que él dirige, MORENA. Para sorpresa de seguidores y detractores, López Obrador puso en manos del Ejército y la Marina el ejercicio policiaco de la seguridad pública. Los medios de comunicación han señalado y cuestionado, enfáticamente, lo contradictorio de su discurso y la responsabilidad asignada a los cuerpos castrenses. López Obrador mantuvo durante su campaña electoral una guerra pública contra los altos mandos militares, descalificándolos y poniéndolos en entre dichos frente a los soldados del país, además de socavar su autoridad ante el Estado mexicano. No era ajeno a la incapacidad de las policías estatales y municipales, así como la falta de cumplimiento en la responsabilidad de mantener el orden público. Aun así, el entonces candidato presidencial mantuvo la campaña de odio hacia el Ejército y la Marina. Durante la campaña los militares eran violadores de los derechos humanos y actores de actos inconstitucionales, hoy, después de su victoria, el Ejercito y la Marina son la única alternativa para combatir la “inseguridad pública.

Las declaraciones de López Obrador dejan mucho que desear, aunque no es meritoria de sorpresas, ya que durante su campaña nunca fue preciso sobre los puntos más álgidos del panorama social mexicano. Lo preocupante en este momento es que, tanto López Obrador como su equipo de trabajo carecen de una estrategia o proyecto para lidiar con la escalada de delitos alrededor del país. Tampoco tienen un diagnóstico verificado y corroborado sobre los principales delitos cometidos en el país, los lugares donde estos se llevan a cabo y las posibles causas-motivos de estos.

Como buen populista, haciendo uso común de símbolos y reforzando los lazos afectivos que mantiene con sus seguidores, López Obrador expuso en conferencia de prensa la nueva directriz en materia de seguridad. Con voz de resignación y pretendiendo transmitir el sentir de que las circunstancias lo rebasaron señaló: “No se podría atender el problema de la inseguridad y de la violencia en la actualidad sin utilizar al Ejército y la Marina… Quiero ser sincero: si no contamos con el apoyo del Ejército y la Marina no podríamos enfrentar la inseguridad. Sería irresponsable decir que se regresan a sus cuarteles y dejar a la gente sin alternativas, en la indefensión. No hay opción; la Policía Federal no se ha consolidado” http://www.jornada.com.mx/2018/08/25/politica/003n1pol.


La diferencia entre estar en campaña y haber ganado las elecciones consiste en que no se puede seguir manteniendo la separación entre los significados y su referente. Sin embargo, vaticino que, López Obrador continuará haciendo uso de este sortilegio populista, el cual le permite mantener los significados divorciados de su referente, inventará definiciones o simplemente las omitirá. No nos debe extrañar el que en un futuro cercano veamos los comportamientos políticos más disimiles entre los seguidores de López Obrador, por ejemplo: feministas favoreciendo en el patriarcado y apoyando la legislación antiaborto; defensores de los derechos humanos abogando por la encarcelación preventiva; defensores de la diversidad sexual defendiendo el comportamiento “socialmente aceptable”; ateos validando la teología política; campesinos aceptando latifundios y los usos de transgénicos; obreros firmando contratos a favor de despidos masivos, ambientalistas promoviendo el uso de agentes tóxico no biodegradable, entre otros. Todo esto y más, por el bien del Estado-nación respaldado por el líder, por López Obrador. La libertad y la individualidad probablemente se convertirán en los enemigos a vencer.

Sí “HOY” no se puede atender el problema de la inseguridad y de la violencia sin utilizar al Ejército y la Marina, entonces, ¿qué ocurrió en el país desde el periodo presidencial de Vicente Fox Quesada a la fecha? ¿Es que la estrategia contra la delincuencia del expresidente Felipe Calderón Hinojosa y la de Enrique Peña Nieto fueron correcta? ¿Vivimos en una farsa y la seguiremos viviendo durante los próximos 6 años? ¿Hacia dónde vamos?

Al recurrir al Ejército y a la Marina como fuerza policial debemos entender que López Obrador mantendrá la violencia de Estado como medida para resguardar, lo que él y los militares entienden como “seguridad pública” o “seguridad interna”. Puede parecernos ingenuo de su parte, pero la realidad es que después de revisar su último libro, “2018 La Salida[2] y el Proyecto de Nación 2018-2024”[3], podemos ver las imprecisiones y fluctuaciones en el tema de la seguridad y la defensa, así como la ausencia de un análisis sobre la función de los militares como policías de facto, estos temas ni se mencionan. En su libro, página 257, contrario a su discurso político durante la campaña, anticipa la permanencia del Ejército y la Marina en el ejercicio de la seguridad pública: “Sumaremos el Ejercito y la Marina al esfuerzo de garantizar la seguridad pública… en las circunstancias actuales es indispensable que a este propósito de la defensa nacional se agregue el de la seguridad pública interior… En suma, se trata de aprovechar el conocimiento, la disciplina de estas fuerzas, así como todos sus recursos materiales (vehículos, cuarteles e instalaciones), con el propósito de garantizar la seguridad de los mexicanos y serenar el país.” Como ya lo mencionamos, si, si, pero no, pero al final, sí.

La única propuesta real que se permea es la centralización de todo el poder en la persona de López Obrador. Este ejercicio del poder será a través de una “supersecretaría”, la cual, según Alfonso Durazo Montaño concentrará el poder político y el policial: “la Secretaría de Seguridad… Dispondrá no solo de las funciones policiales que el gobierno de Enrique Peña Nieto concentró en la Secretaría de Gobernación, sino que se quedará con los instrumentos que durante lustros le han dado fuerza e influencia a la Secretaría de Gobernación… En sus manos quedará lo que resulte de la reconfiguración del Cisen, el Sistema nacional de Prevención de Desastre y las tareas de protección civil”[4]. De acuerdo con Erubiel Tirado la Ley de Seguridad Interior servirá como moneda de cambio castrense para el control político y social al servicio del gobierno entrante, serán los militares el factótum de la nueva hegemonía de poder sin contrapesos reales ni formales[5].

Desconocemos si López Obrador tiene alguna propuesta de contenido para esta universidad y sus academias, pero La Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, firmada por el presidente Felipe Calderón Hinojosa y publicada en el Diario Oficial de la Federación el 2 de enero de 2009, en su Capítulo III, crea las Academias e Institutos y le asigna funciones;

Artículo 47.-La Federación y las entidades federativas establecerán y operarán Academias e Institutos que serán responsables de aplicar los Programas Rectores de Profesionalización que tendrán, entre otras, las siguientes funciones: I. Aplicar los procedimientos homologados del Sistema; II. Capacitar en materia de investigación científica y técnica a los servidores públicos; III. Proponer y desarrollar los programas de investigación académica en materia ministerial, pericial y policial, de conformidad con lo dispuesto en esta Ley y demás disposiciones aplicables; IV. Proponer las etapas, niveles de escolaridad y grados académicos de la Profesionalización; V. Promover y prestar servicios educativos a sus respectivas Instituciones; VI. Aplicar las estrategias para la profesionalización de los aspirantes y servidores públicos; VII. Proponer y aplicar los contenidos de los planes y programas para la formación de los servidores públicos a que se refiere el Programa Rector; VIII. Garantizar la equivalencia de los contenidos mínimos de planes y programas de Profesionalización; IX. Revalidar equivalencias de estudios de la Profesionalización; X. Colaborar en el diseño y actualización de políticas y normas para el reclutamiento y elección de aspirantes y vigilar su aplicación; XI. Realizar los estudios para detectar las necesidades de capacitación de los Servidores Públicos y proponer los cursos correspondientes; XII. Proponer y, en su caso, publicar las convocatorias; XIII. Tramitar los registros, autorizaciones y reconocimiento de los planes y programas de estudio ante las autoridades competentes; XIV. Expedir constancias de las actividades para la profesionalización que impartan; XV. Proponer la celebración de convenios con Instituciones educativas nacionales y extranjeras, públicas y privadas, con objeto de brindar formación académica de excelencia a los servidores públicos; XVI. Supervisar que los aspirantes e integrantes de las Instituciones Policiales se sujeten a los manuales de las Academias e Institutos, y XVII. Las demás que establezcan las disposiciones legales aplicables.

Por lo que, la “profesionalización” de la policía (federal, estatal y municipal) por medio de una Universidad con academias extendidas a los estados y municipios, como señala Durazo, no es más que la continuidad de los programas desarrollados por Felipe Calderón. Además, durante la gestión de Enrique Peña Nieto se dio un fuerte apoyo a la militarización de los cuerpos policiales, los famosos “robocops”.

El presidente Peña Nieto dio entrada a la división de Gendarmería de la Policía Federal. Este es un cuerpo especial dentro de la policía federal formada militarmente y contó inicialmente con 5 mil elementos. De esta forma, al no tener ningún problema legal en términos de jurisdicción el gobierno federal puede intervenir en los cuerpos locales de seguridad pública sin ningún problema y actuar como gendarmes http://www.jornada.unam.mx/2014/08/23/politica/008n1pol.

El exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa desarrolló lo que él denominó la “Fuerza Civil”. Se trata de un cuerpo de élite policial que recibió adiestramiento de las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de Marina-Armada de México (Semar), así como de la Policía Federal. Los elementos de este cuerpo policial-militar cuentan con la más alta capacitación para desactivar explosivos y son expertos francotiradores. Además, posee plataformas de comunicación, armamento y tecnología para actuar y responder de manera inmediata ante cualquier situación específica. Este cuerpo de élite militar contó inicialmente con 2 mil elementos, los que se denominan policías-militares http://www.jornada.unam.mx/2014/10/17/politica/018n3pol.

En el caso de la SEDENA, el Ejercito construyó un cuartel de Policía Militar, esto es una ‘‘brigada de policía militar’’ en el municipio de Escobedo, Nuevo León, el cual inicialmente mantuvo a 3 mil elementos. Este cuartel Policía Militar no tiene limitaciones jurisdiccionales, lo que le permite moverse a cualquier parte del país que así ellos crean conveniente. Al igual que la gendarmería federal puede intervenir en cualquier localidad del territorio nacional http://bit.ly/1tZE3jd.

Como se puede observar la profesionalización de las policías, la militarización de estas o la transformación de los militares en policías no es un proyecto novedoso, es la continuidad de los dos gobiernos anteriores a López Obrador. Además, es la reproducción del modelo estadounidense de Secretaría de Seguridad Interior (Homeland Security). Hoy, la profesionalización de las policías no se ha traducido en una mayor seguridad para los ciudadanos. En algunos casos, esto se ha traducido en violación a los derechos humanos, tanto de los presuntos delincuentes como de los ciudadanos en general. Sin embargo, la profesionalización de las policías del país, a mi opinión, es el camino correcto y no la incorporación del ejercito a las tareas policiales. Aunque los militares vienen actuando como policías, la ley que los acreditará como tales está siendo cuestionada ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. ¡Esperemos!

Con relación a la seguridad interior del país, López Obrador nunca ha tenido un proyecto de cambio y nunca lo habrá ya que, tanto el presidente electo como sus asesores creen firmemente que la militarización de la sociedad es la solución al narcotráfico y al crimen organizado. Lo que tenemos es una pantera nebulosa, un gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”; Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”[6].

[1] Anderson P. La palabra H. peripecias de la hegemonía, 2018, Ed Akal, pensamiento crítico, 67, Madrid, España, Kindel ed. Posición 1656

[2] López-Obrador AM., (2017) 2018 La Salida, Decadencia y renacimiento de México, ed. Planeta, México

[3] Proyecto de Nación 2018-2024 http://proyecto18.mx/

[4] Durazo ofrece verdad y justicia; El país es un panteón, Proceso 2181 p 6-8

[5] Relevo en Marina y SEDENA, AMLO se Cuadra, AMLO y los militares: no se avizora cambio alguno, Proceso 2182 p 8-10

[6] Traducción conscientemente errónea de Il Gattopardo, cuyo significado real es el leopardo jaspeado. Esta metáfora proviene de la novela escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, entre finales de 1954 y 1957. En ella el personaje de Tancredi declara a su tío Fabrizio la conocida frase: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie” (en italiano: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”). El “gatopardismo” o lo “lampedusiano” es el “cambiar todo para que nada cambie”, paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957). La cita original expresa la siguiente contradicción aparente:

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”. Se basa en la cita de Alphonse Karr “plus ça change, plus c’est la même chose” (“cuanto más cambie, es más de lo mismo”), publicado en enero de 1849 en la revista Les Guêpes (“Las Avispas”).