¿Santa María Smartzintla?

Tengo la sospecha de que la desafortunada iniciativa del presidente municipal de san Andrés Cholula y su auxiliar en Tonantzintla de “remodelar” la placita frente a la iglesia y las calles aledañas, retirando el empedrado, derribando el puente de piedra y la torrecita con el reloj construida al lado, mancuerna que le daba un toque singular a ese espacio al que ya nos habíamos acostumbrado todos, responde a una torpe y equívoca idea de traer el “progreso” a esta pequeña localidad que, para su desgracia, ha sido también designada como “Pueblo Mágico”. Me parece que estamos ante una reedición ¡una más! de las ideas decimonónicas de los liberales de los siglos XIX y XX que simulaban su desprecio por la cultura propia en nombre del desarrollo y el progreso.

Hay un persistente afán en los funcionarios públicos de los ayuntamientos por desindianizarse, por deshacerse de todo aquello que pueda remitir a lo indígena, a la cultura local, a lo pueblerino, pues todo ello se considera como una degradación, como sinónimo de atraso, de ignorancia y atavismos ancestrales, cuando lo que se desea es “mejorar”, “avanzar” y “progresar”, en un sentido que no puede ser generado por la propia cultura, sino que necesariamente debe venir de fuera, de los focos de desarrollo que emanan su luz desde las naciones que ya han demostrado ser la mejores, las más desarrolladas y civilizadas.

Me parece que esto es lo que explica la falta de consulta a los habitantes de Tonantzintla sobre el futuro de sus espacios públicos. ¿Para qué consultar a la gente si las autoridades que se empeñan en modernizar su vida saben que se van a oponer a los cambios que se les proponen? Mejor se toman las decisiones arbitrariamente, se actúa derribando y destruyendo lo que queda del pasado y luego se les informa a los habitantes que se trata de mejorar sus hábitos y costumbres por su propio bien. Esto es exactamente lo que ha ocurrido en Santa María Tonantzintla con la idea de introducir un Barrio Smart en el centro del pueblo. Pero ¿Qué es eso de Smart City? Yo, la verdad, no le había puesto atención hasta que explotó el problema en Tonantzintla. Busco en internet y encuentro lo siguiente:


“El concepto de la Smart City ha surgido como una alternativa que persigue afrontar los problemas de la ciudad con una visión integral y conectada…”

Esta primera frase es engañosa al presentarse como una novedad, ya que una visión integral y “conectada” para resolver los problemas urbanos ha existido desde las viejas ciudades en Mesopotamia, Egipto, Teotihuacán, Chichen Itzá, Machu Pichu entre otras del mundo antiguo. Sigo leyendo:

“Actualmente más de la mitad de la población vive en zonas urbanas, cifra que se espera que aumente hasta 70 por ciento en 2050. Además, al día de hoy, 70 por ciento de la riqueza global se genera en las ciudades.

“Es por esto que las políticas y esfuerzos presupuestarios dedicados por los gobiernos centrales en las ciudades está aumentando significativamente en un gran número de países, al considerarse éstas como los motores básicos del crecimiento económico. Si nos centramos en la Unión Europea, actualmente más de 60 por ciento de la población vive en ciudades, generando 85 por ciento de la riqueza de acuerdo con el Green Paper on Urban Mobility (EC, 2007).”

Es decir, se considera a las ciudades como el núcleo de los grandes negocios que atraerán inversiones y presupuestos gubernamentales cada vez mayores. Es decir, se fomentará cada vez más el crecimiento urbano a costa de sus entornos rurales. Lo que traducido a nuestra región significa que se acelerará al máximo la desaparición de los campos de cultivo, la especulación y rapiña inmobiliaria, la extinción de lo poco que queda en la producción de hortalizas, huertos, milpas y la consecuente degradación de nuestra gastronomía.

“Desde el punto de vista económico, las ciudades tienen el potencial de producir sinergias y aumentar los rendimientos de escala, lo que las hace tremendamente eficientes, permitiendo a sus habitantes tener grandes oportunidades de desarrollo. La ciudad es por definición un sistema inteligente que tiene como objetivo mejorar la eficiencia económica y la calidad de vida de las personas que habitan en ella.

“A medida que las ciudades crecen, también aumentan el coste para hacer frente a las necesidades básicas de la sociedad y la presión ejercida sobre el medio ambiente y los recursos naturales. Las ciudades consumen más de 75  por ciento de la producción de energía mundial y generan 80 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. En este marco y gracias a las innovaciones tecnológicas surge el concepto de Smart City como una herramienta para conseguir ciudades más eficientes y sostenibles”.

En pocas palabras, la atención está puesta en procurar el bienestar de los habitantes de las ciudades y generar estrategias de desarrollo urbano para lograrlo. ¿Y la población conurbada que hasta hace poco se dedicaba, o en buena medida todavía se dedica a las labores del campo?

La respuesta es: la creación de un “Sistema Holístico”. Veamos:

“La Smart City o ciudad inteligente se define como un sistema holístico que interactúa con el capital humano y social utilizando soluciones basadas en las TIC (¿?). Su objetivo es lograr el desarrollo sostenible y la calidad de vida en la ciudad de forma eficiente, basándose en la cooperación entre distintos agentes articulados por la municipalidad.

“En este contexto, las Ciudades Inteligentes se presentan como una solución para lograr un desarrollo urbano más sostenible al tiempo que aumenta la calidad de vida de sus ciudadanos a través del uso de las nuevas tecnologías”.

Al definirla como un sistema holístico la Ciudad Smart se define como un sistema que lo abarca todo, pero en nuestro caso, el de Puebla, a juzgar por lo que estamos presenciando, esa integración privilegia la expansión de los grandes negocios urbanos en las zonas semi–rurales como Tonantzintla, cuyos habitantes ahora pasarán a ser “capital humano y social”, o “agentes articulados por la municipalidad”, según la sabia terminología de este proyecto. Pero ¿Con qué intención pasan a ser capital humano y agentes articulados? Con el propósito de “aumentar su calidad de vida a través del uso de nuevas tecnologías”. ¿Y con ese propósito –nos preguntamos todos– tiraron un pequeño y lindo puente de piedra, que acompañaba modestamente a una simpática torrecita que tenía un reloj con cuatro carátulas marcando el paso del tiempo en el pueblo? ¿Se tomaron la molestia las autoridades gubernamentales y municipales de preguntarle a la gente que vive en Tonantzintla si quería que derribaran SU puente y SU torre? ¿En dónde queda, ya no digamos “la integración holística”, “la sociedad participativa y equitativa”, sino la más elemental decencia y el respeto a los demás?

Otro gran desacierto será la reubicación de los puestos donde se venden tlacoyos, quesadillas y chocolate batido. Sentarse en un banquito a comer y beber esas delicias mirando la placita y la iglesia era formidable, toda la gente de Tonantzintla lo sabe, y las decenas de visitantes que llegan diariamente lo saben, entonces ¿con qué derecho se priva a todo mundo del placer de estar ahí? Todo esto parece insignificante, pero no lo es. La organización de un hábito callejero generado por la propia sociedad es valiosa en sí misma porque se hizo con cierta autonomía, libertad e iniciativas personales. Irrumpir en ese pequeño orden arbitrariamente para desorganizarlo sin consultar a nadie es un abuso de autoridad, por decir lo menos. Se habla todo el tiempo de progreso y modernidad sin respetar la primera condición de la modernidad que consiste en consultar a los habitantes de un lugar sobre los proyectos que afectarán sus vidas, poco o mucho, no importa.

La señora Pilar Conesa, promotora del proyecto de las ciudades smart, mencionó que uno de los grandes desafíos consiste en crear sociedades más equitativas, participativas y sustentables para crear las ciudades inteligentes que requieren los habitantes, ¿quién puede estar en desacuerdo con este propósito formulado así, de manera abstracta? El problema es que para comenzar a lograrlo se necesitan funcionarios inteligentes, la sociedad y su sentido común ya lo son, ahora falta que tengan cuidado en la elección que hacen de sus gobernantes.




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