En San Miguel Canoa colocaron barricadas ante el pánico que generaron los saqueos

La noche del pasado jueves el pueblo de San Miguel Canoa dejó claro que son un pueblo bravo que se defiende de lo que pueda llegar. Ese día, marcado por la paranoia de generaron supuestos saqueos en la capital del estado, de forma premeditada una voz habló en el megáfono que alerta a esta junta auxiliar: “Ahí vienen, vienen subiendo, ya pasaron la pista”.

Eso bastó para que los comercios de la plaza pública de esta junta auxiliar cerraran sus puertas o bajaran sus cortinas. El anuncio casi esperado por la comunidad causó pánico, la gente corrió y se refugió en sus domicilios.

El mensaje fue claro: “Ahí vienen”, revivieron algunos vecinos entrevistados que recordaron que la bocina de la comunidad es precisamente para dar anuncios concretos y de interés social.


No faltó más que decir eso para que la población se alertará, la iglesia estaba cerrada y por eso no se tocaron las campanas del pueblo, pero a diferencia de otras ocasiones, cuando los pobladores indígenas y mestizos de esta junta auxiliar de la capital se reúnen en la plaza, ese noche de reyes todos corrieron a resguardarse a sus casas.

Después de unos minutos en los que nada pasó, pero los mensajes instantáneos de celular circularon sin parar y crearon un efecto de onda expansiva. Los pobladores decidieron salir, ahora sí, a reunirse en la plaza pública, como lo hacen cuando están esperando algo o preparándose para recibir a alguien.

La noche de reyes del jueves pasado habitantes de Canoa desconocían a su invitado, pero tenían claro que querían estar preparados.

Después de una breve asamblea en la cancha de la presidencia auxiliar los pobladores acordaron colocar las barricadas que ya casi tienen preparadas en la entrada a San Miguel, al ser de noche prendieron fogatas y un grupo de hombres con palos permaneció en vigila esperando alguien ajeno que pudiera llegar.

Cuando las luces de cualquier vehículo alumbraban la barricada en señal de que iban a llegar al pueblo, los comunitarios revisaban a detalle quién venía abordo y hasta que se percataban que eran conocidos los dejaban pasar.

Uno a uno eran supervisados los autos, pasó lo mismo con la última corrida de transporte público que llegó a dejar pobladores a la junta auxiliar de la capital. Todavía los guaridas preguntaban a los que procedían de afuera sí habían visto algo fuera de lo normal.

Las respuestas eran ambiguas, pues en la ciudad de Puebla a la misma hora la situación era similar, todos estaban esperando a que pasara algo que nunca pasó.




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