Romper la dependencia

El capitalismo es fuertemente impulsado y defendido por "los de arriba", evitan brindar pagos justos a la clase trabajadora. ¡Hay que romper con la dependencia!

El capitalismo y sus acólitos neoliberales siguen con la fe desbocada de su “ir hacia adelante”: la muerte.

La economía decae en casi todas las ramas y no solo por la probable finalización del TLCAN. El peso se devalúa y se subastan dólares al gusto de los especuladores. Pemex y CFE, las pocas empresas con porcentajes de propiedad estatal, pierden producción y utilidades. La inflación avanza más allá del 7 % y se mantendrá el gasolinazo con los impuestos al consumo de gasolinas. Pierden poder adquisitivo de los salarios e ingresos de la clase media-jodida y mucha mercadería queda sin venderse. Los costos de la reconstrucción tras sismos y huracanes enriquecen a empresas inmobiliarias, bancarias,  de materiales y empeoran la vida de los decenas de miles de afectados.

Los ingresos esperados por el Estado para 2018 buscan cubrir dos gastos centrales: el pago gigante de intereses y abonos de la deuda y el pago de las elecciones onerosas que enriquecen a las empresas mediáticas y a las cúpulas de los partidos del sistema dominante. Además, se seguirá gastando en imagen y armamento para unas fuerzas armadas y policiacas que reprimen a l@s luchador@s sociales, mientras protegen el negocio capitalista del crimen organizado.


Ese es su plan de seguir adelante en la amplia apertura a… los capitalistas del mundo. Por eso los voceros de los banqueros extranjeros que controlan el sistema financiero en México  respaldan esta política y vaticinan gran negocio para ellos, a pesar de la reducción del comercio en las ramas que afecte el quiebre del TLCAN.

Pero lo que no estaba en su biblia, lo que no decía su bola de cristal es que los empresarios y su gobierno miran un potencial levantamiento o suma de protestas regionales que interrumpa el cuento de hadas del capital en México. Ya lo ven en los estados afectados por el desastre que crea el poder del Estado y las empresas para corromper hasta la ayuda humanitaria a los afectados del sismo.

El descontento incluye a grupos de ingresos medios en la Ciudad de México que perdieron su patrimonio, igual entre comerciantes y pequeños productores en ciudades colapsadas en estos meses. Ofrecer créditos es una forma limitada de paliar el descontento. Por ello analizan planes de gentrificación que desplacen y dispersen a esa población antes de que se organicen como fuerza social independiente.

Así prohíben campamentos, albergues y formas de organización colectiva y comunitaria que resistan a los planes de reconstrucción corrupta, dejando en la miseria y en la indefensión a la gente de barrios y comunidades pobres, siempre excluidas. Para ellos ofrecen dos sopas recalentadas: elecciones y represión.

Pero ya surgió otra “receta” de los de arriba: prometer aumentos a salarios mínimos cercanos a la cifra mágica, aunque miserable, de 100 pesos al día. Gobernantes y empresarios, incluyendo el nada hambreado presidente del Banco de México dicen que debe ser un aumento en pesos y no en porcentaje general, sólo para los de salario mínimo, y que debe condicionarse a mayor productividad.

Pero también en la cúpula empresarial, como el multimillonario Carlos Slim, se plantea que desaparezcan los programas sociales y se convierta ese gasto en dinero directo para la población de bajos ingresos. No les importa que se recorte aún más el personal del Estado, quieren -como dicta la ley capitalista- no solo producir productores de excedentes, explotados, sino crear consumidores de mercancías que les traigan en el corto plazo ganancias para su amplísima reproducción.

Los productores y los consumidores que somos explotados, excluidos y despreciados podemos construir una fuerza, rompiendo la dependencia a las urnas o a las tarjetas de ayuda o de crédito.

El CIG llama a autogobernarnos para construir otras formas de vivir con los propios apoyos colectivos, comunitarios, barriales, mutuales. No es un camino “hacia atrás”; sí es un camino distinto liberado de la  dependencia al capitalismo y sus poderes.

Formas del Capital o el Capital como «Transformer»

x PP (José Uriel Aréchiga Viramontes, 1936-2017)

Recuperamos uno de los primeros textos de las series de crítica a la economía y la ecología políticas que PP publicó en este mismo sitio durante más de 13 años. Es una despedida a nuestro compañero y es una invitación a releerlo y estudiarlo en las ediciones que preparamos en su memoria. Colectivo El Zenzontle.

Con frecuencia surgen las preguntas sobre cuestiones cotidianas, cosas o situaciones que nos parecen comunes y corrientes, que no obstante, encierran propiedades, virtudes, que parecen mágicas.

¿Qué es el Capital? ¿Qué es el capitalismo? ¿Qué es el dinero? ¿Que son la moneda, los cheques, las tarjetas…? ¿Y los Bancos, la Bolsa de valores, etc…? ¿Qué tienen que ver el Capital, y los ahorros de los trabajadores (Sistema de Ahorro para el Retiro, SAR) con las Afores y con la Bolsa? ¿Cómo se afectan las relaciones laborales con las TIC (tecnologías de la información y la comunicación)? Por ejemplo los cajeros automáticos, la banca por teléfono, por internet, las «transferencias» y demás servicios «automáticos» de los bancos.

Habrá que empezar por el principio y como en una novela de misterio iremos, paso a paso, descubriendo los secretos, aclarando los misterios que encierran el capital y sus formas de explotación: los caminos de la apropiación del trabajo de los muchos, por unos pocos.

En el principio es el Capital… ¿Qué es? ¿Dinero… Sí, cuando compra: Medios de Producción: como Tierra, edificios, Maquinaria y equipo Mercancías Salarios.. .

O cuando se «presta» como Capital a interés.

Estas transformaciones, metamorfosis del dinero, sólo son posibles en una etapa histórica en la que el Capital se manifiesta como una relación social: la relación que los seres humanos tienen con los productos de su propio trabajo.

El producto es ajeno para los productores.

Pertenece al dueño, al patrón, al capitalista, al empleador, al que tiene la propiedad privada de los medios de producción.

¿Por qué?, porque el capitalista es rico y tiene dinero para comprar, mientras que los trabajadores están obligados, para sobrevivir (incluida la familia), a vender su fuerza de trabajo, su trabajo se vuelve ajeno, es decir se convierte en trabajo enajenado.

La riqueza es la acumulación de dinero, de mercancías, de cosas, de «bienes» que son fruto del trabajo humano. También se puede considerar lo que la naturaleza aporta: Agua, tierra, aire, bosque, pesca, minerales, petróleo, etc,. pero estos recursos sólo se pueden aprovechar por medio del trabajo humano.

Así pues, el Capital es la relación social, en la que tanto la naturaleza como los productos del trabajo y la fuerza de trabajo que los produce son mercancías: objetos, bienes destinados a la compra-venta bajo el régimen de propiedad privada.

Si la fuerza de trabajo se convierte en mercancía, se vuelve una «cosa», se cosifica. Al capital, que es un conjunto de cosas: dinero, mercancías, medios de producción, etc. le sucede lo contrario: se personifica –se sustantiva- y adquiere la personalidad de sus dueños: Industriales, comerciantes, banqueros, o sus testaferros (gerentes, administradores, ingenieros, capataces, perros de oreja, etc. etc.) y ante el gobierno, las empresas se vuelven «personas morales».

En resumen, la fuerza de trabajo y sus portadores se vuelven un objeto, mientras que el capital, que en esencia es un conjunto de cosas, se convierte en sujeto.

Los obreros producen con su trabajo mercancías, medios de producción: maquinaria, equipo, materias primas, objetos que mediante la compraventa se convierten en capital para explotar a otros obreros o a ellos mismos.

Mundo mágico, enajenado, puesto al revés. Las cosas controlan a sus creadores.

Un botón de muestra. El SAR: a todos se nos descuenta un fracción del salario como «fondo de ahorro para el retiro». Como pequeños arroyos que al unirse forman un río, este ahorro se junta con el ahorro de los otros compañeros y forman un caudal, capital, que las AFORES, invierten en la Bolsa para que otros capitalistas lo inviertan en explotar a otros obreros o a nosotros mismos.