Rodríguez Alconedo, un hombre con capacidad para comprender el arte: Castro

Era agresivo y bravo, tenía una envidia que era mortal, molestaba a sus contemporáneos pues era muy burlón y “chocaba”, pero, ante todo, era un hombre que tenía “una gran capacidad mental y lo que venía con ella: su capacidad para comprender el arte”.

Así, fue como el médico de profesión e historiador Efraín Castro Morales describió a José Luis Rodríguez Alconedo, ilustre personaje del que se conmemora el bicentenario de su fallecimiento, ocurrido por fusilamiento el 11 de marzo de 1815.

En ese contexto, quien fuera titular de la extinta Secretaría de Cultura ofreció una conferencia para brindar “algunas noticias” de este singular artista que “no fue insurgente” y al que le rodeo una triste historia de enjuiciamiento, encarcelamiento y persecución.


Las noticias que Castro Morales ofreció sobre Rodríguez Alconedo forman parte de su continua labor en los archivos, de su disciplina investigativa y de su pasión por la Historia y la Historia del Arte, porque “al arte no se le ve contempla sino que se le estudia”.

En la ponencia, relató que  rehacer la biografía del cincelador –profesión a la que se dedicaba como consta en su acta de matrimonio fechada en 1780–fue complicado, puesto que no es clara ni la fecha, ni el lugar de su nacimiento, ni su árbol genealógico.

Tan solo, explicó el historiador, se sabe que sí nació en Puebla, que llegó a vivir en Atlixco –en la casa marcada con el número 3 de la calle 3 Norte, actualmente en venta–, que la mayor parte de su vida la pasó en la Ciudad de México y que regresó a esta ciudad para casarse con Gertrudis de Acuña.

De José Luis Rodríguez, continuó, las primeras noticias fueron dadas por los historiadores Francisco Pérez de Salazar y Manuel Toussaint, así como por los  documentos parroquiales de Atlixco en donde no aparece con el apellido Alconedo.

Otras informaciones “de archivos saqueados, destruidos y desbaratados” –sobre los que urgió una consolidación y digitalización– indican que venía de una familia de migrantes españoles que se dedicaron a la industria textil.

Efraín Castro comunicó que el artista tuvo otros hermanos: el boticario José Ignacio Rodríguez Alconedo,  insurgente y creador del primer hospital popular en Puebla, además del canónigo José María Rodríguez Alconedo y la religiosa del convento de la Trinidad sor María Rodríguez Alconedo, de los cuales advirtió que podrían ser “una invención” pues no hay certeza de su existencia en los archivos religiosos consultados.

Señaló que José Luis Rodríguez formó parte de un contexto de cambios: de la formación de la Gran Casa de Moneda en la Ciudad de México y la Academia de Bellas Artes de San Carlos, así como de los libros, los grabados y las obras que llegaron y lo influenciaron.

También, continuó Castro Morales, el artista participó de un acontecimiento importante: de la llegada de Carlos IV al trono de España y los homenajes que en la Nueva España se le hicieron, como lo fue la realización de la escultura –el llamado Caballito– en la que Alconedo Rodríguez participó al lado de Manuel Tolsá, además de otros objetos artísticos de plata, material en el que era especialista.

Su carácter peculiar y el que fuera enemigo de José Mariano de Mora y Luna Pérez Calderón Espinosa conde de santa María de Guadalupe del Peñasco, mejor conocido como el Conde de Peñasco, marcaron el infortunio de dicho personaje.

Ello porque fue perseguido por la Inquisición al poseer unas pinturas “al estilo italiano”, además de que pasó por dos procesos judiciales que lo llevaron a ser aprehendido y procesado; en particular, el sucedido en 1804 cuando fue apresado y posteriormente llevado desnudo y con cadenas a Veracruz, para ser embarcado durante tres meses hasta llegar a Cádiz, España, en donde fue interrogado y absuelto por la corte española.

“Enfermo y acabado regresó en mayo de 1812 a la Ciudad de México y vino lo peor, ya que su enemigo el Conde de Peñasco escribió unas cartas al virrey sobre presuntas amenazas, que lo regresaron a la cárcel para llevarlo a un proceso largo que terminó en noviembre de 1812”, dijo el autor del libro Constructores de la Puebla de los Ángeles.

Luego, continuó, se fue a Valladolid, se unió a José María Morelos quien lo nombró superintendente de la Casa de Moneda. De Morelia viajó a Chilpancingo, de ahí a Tixtla, luego a Oaxaca.

Se unió a Ignacio Rayón, entró a Zacatlán donde fue aprehendido y llevado a Apan, Hidalgo, en donde fue fusilado.

“Su fin es dramático. Hay cartas de su esposa, de su madre y de él, en las cuales se retracta de la Independencia. Son cartas desconocidas de un hombre enfermo y acabado.

No hizo testamentos. Fue un hombre inteligente con mala suerte y a pesar de todo, es uno de los artistas más famosos de la historia”, señaló Efraín Castro.

Para cerrar, hizo mención sobre la principal aportación estilística de José Luis Rodríguez Alconedo: la introducción de la técnica del pastel, con la que hizo obras de calidad importante, entre ellas su icónico autorretrato hecho sobre seda, del cual incluso no se tiene certeza de su autoría, pues no era común que el artista firmara su obra.