Ricardo Antonio Landa es el rojo de la lengua

“Ricardo no tiene las ínfulas de la omnisapiencia, sino la humildad del amante de la sabiduría; de ahí que confiese: en mi mochila vieja sólo cargo preguntas”, narra Enrique González Rojo al referirse al autor de los poemas que componen El rojo de la lengua, Ricardo Antonio Landa, presentado el pasado jueves 12 de junio en el vestíbulo del auditorio del plantel Del Valle de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

El rojo de la lengua es una compilación de poemas que Landa comenzó a escribir desde 1970; “Un libro en que confluyen lo individual (las preocupaciones personales del poeta) y lo social (el ámbito sociopolítico en que transcurre lo primero)”, en palabras de González Rojo, aunque “parece que lo individual… se roba la escena”.

“La gráfica que lo ilumina lo acompaña, lo complementa, es la expresión de aquella niña que, en su momento, lo engendró como padre”, expresa Uriel Aréchiga, haciendo referencia a las ilustraciones del libro realizadas por Ana Laura Landa, hija del autor, dedicada, entre muchas otras cosas, a las artes visuales, gráficas y urbanas. También, ambientando la reunión, se escuchó al ensamble de cuerdas del Distrito Federal, del cual forma parte su hijo, Ricardo Landa.


La presentación de este libro, editado por la Universidad Autónoma de Puebla, se llevó a cabo con la compañía de tres compañeros y amigos de Landa: el citado Enrique González Rojo, literato, filósofo y militante político; Aurelio Fernández, director de La Jornada de Oriente, y Uriel Aréchiga Viramontes, investigador en el departamento de Ingeniería de Procesos y Agrohidráulica de la UAM Iztapalapa. Cada uno realizó, a su manera, una narración de El rojo de la lengua y de la vida de Ricardo Antonio, que, por supuesto, son inseparables.

Fue una buena convocatoria del público participante para la presentación de este libro; compañeros luchadores sociales en sus distintas variantes, amantes de la literatura. Llegó la participación de Ricardo Antonio en la construcción de lo que fue una seductora reseña de su obra, y en parte también de su vida, deleitando a la concurrencia con la lectura de cuatro de los poemas que integran cada una de las secciones del libro.

Pero fueron invitados a leer alguna poesía los concurrentes que lo quisieran hacer, y así se hizo, dando al acto una identificación muy clara entre el autor y su público. Remató el encuentro compartiendo los bocadillos y las bebidas –sin alcohol, como lo establece la UACM– elaborados por compañeros del Sindicato Mexicano de Electricistas, a quienes el público les agradeció con un aplauso.

Parece que González Rojo supiera muy bien cómo describir a Ricardo Antonio y a su obra al concluir su intervención. “El camino lírico recorrido, este canto que ha permanecido en alta tensión durante todo el tiempo, ha sido posible porque Ricardo Antonio es el rojo de la lengua, es decir, el poeta crítico, el amante de la revolución, aquel que no tiene pelos en la audacia purpúrea de su lengua”.