Revive la fachada del convento de Tepeaca, el único en Puebla con decoración exterior

El encargado del proyecto de remozamiento y consolidación fue el arquitecto Máximo Sánchez Aranda, quien contó con el apoyo de la asociación Amigos del Convento y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, institución que dio recursos por 3 millones 966 mil 295 pesos  ■  Foto Abraham Paredes
El encargado del proyecto de remozamiento y consolidación fue el arquitecto Máximo Sánchez Aranda, quien contó con el apoyo de la asociación Amigos del Convento y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, institución que dio recursos por 3 millones 966 mil 295 pesos ■ Foto Abraham Paredes

Algunos niños de primaria, la mayoría de los vecinos y los cientos de visitantes que llegan a Tepeaca como parte de las peregrinaciones religiosas han cruzado el zócalo hasta llegar al ex convento franciscano para maravillarse por la restauración que concluyó hace unas semanas, con la que ha sido devuelto parte del esplendor mural que recubría la portada de este inmueble del siglo XVI, el único en el estado con este tipo de decoración exterior.

Ahí, entre el clásico color rojo teotihuacano y el azul maya con el que fueron iluminadas unas estrellas que se ubican a más de 20 metros de altura, los paseantes se detienen para admirar el par de encinos que se ubican en la puerta, que suben y se enraman en una rica decoración de flores y de frutos, hasta llegar a un par de serafines en vuelo que saludan con la vista a san Francisco, patrono de la comunidad religiosa.

El encargado del proyecto de remozamiento y consolidación fue el arquitecto Máximo Sánchez Aranda, quien contó con el apoyo de la asociación Amigos del Convento y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, institución que dio recursos por 3 millones 966 mil 295 pesos (La Jornada de Oriente, 25 de octubre de 2013).


La obra incluyó la intervención de las fachadas norte y poniente de este edificio novohispano, en el que en su ala izquierda y con letras en rojo puede leerse: “Se dio fin a este conbento (sic) en el año de 1593 y se reedificó su portada, se acabó el día 21 de enero en el año de 1778, entierro de el (sic) párroco Fray Alonzo Pizarro”.

Pese a que tenían un plan de trabajo, confió Máximo Sánchez durante una entrevista, el proyecto se extendió en la parte norte, en donde las almenas se estaban cayendo y desgajándose a 22 metros de altura, en donde fue necesaria una limpieza de hongos, de yerbas y de toda aquella lluvia ácida que ha recibido a lo largo de los siglos, así como la inyección de las fracturas.

El trabajo, que contó “con el pincel” de alumnos del Instituto de Artes Visuales del Estado, no se detuvo ahí, sino que continuó con las preguntas que Sánchez Aranda y el grupo de expertos que le acompañan se han planteado a partir de la rehabilitación de la pintura mural que recubre la fachada.

“Las palmas que refieren al sacrificio y a la muerte, los encinos que significan la fortaleza de la iglesia y de su fe, la rica iconografía del portón que sube hasta llegar a san Francisco, y que continúa con la cosmología en la que aparece –según deducimos– Mercurio, planeta que se complementa con unas figuras que refieren al maíz y al hombre, todos son signos que merecen una correcta lectura iconográfica”, señaló el entrevistado.

Explicó que dichas preguntas, las cuales serán planteadas a reconocidos expertos del arte y de la pintura mural religiosa a nivel nacional, se respaldan en una carta que fue encontrada en el archivo religioso en el que se apunta que los nativos de Tepeaca obtuvieron el permiso de los franciscanos para pintar la fachada, debido a que la encontraban “deslucida”.

“Imaginemos los edificios prehispánicos llenos de colores que contrastan con el convento deslucido, sin color, y la petición de los indígenas para dejarlos pintar, algo a lo que accedió el fraile Juan Rivera. El convento está con un temple natural, llamado enlucido, la misma técnica mural prehispánica en la que se plasma la nueva religión”, mencionó el arquitecto.

Agregó que este episodio deja ver el proceso de evangelización que iniciaron los franciscanos en la región, para modificar la ideología de la población.

Por último, Máximo Sánchez señaló que el nuevo edil de Tepeaca, David Huerta, aportará 4 millones de pesos que se utilizarán para la segunda etapa del proyecto para intervenir las zonas sur/oriente y el interior del edificio que posee varios murales que van del siglo XVI al XVIII.

Aunque está en licitación, confía que en que nuevamente su equipo y la asociación quienes logren retener el proyecto para continuar con el salvamento del inmueble.

“La comunidad se siente bien, siente que ha sido restituida una parte de su identidad, que su edificio está vivo como están las procesiones que día a día llegan a Tepeaca. Nosotros hicimos el trabajo y dimos más, porque es nuestro deseo dejarlo a las generaciones posteriores; es más, abrimos vetas de investigación para que sean respondidas en un futuro”, finalizó Sánchez Aranda.