El retorno de los brujos

Después de la alternancia en el gobierno por la derecha y luego otra vez por un aparente centro, ambas decepcionantes para la sociedad, toca el turno a la izquierda. Pero oh sorpresa, la izquierda no está presente como protagonista principal. Su lugar lo ocupa un personaje esotérico inspirado en los espíritus de Francisco I. Madero y del Benemérito Benito Juárez. A través de sus médiums recibió las instrucciones para su gobierno, pero no sólo de los apóstoles del primero o de los evangélicos del segundo, sino de varios espíritus más recientes e inesperados: de Gustavo Díaz Ordaz y Antonio Ortiz Mena el desarrollo estabilizador; de Jesús Reyes Heroles el liberalismo social y hasta de John F. Kennedy la Alianza para el Progreso.

Esto no se lo ha endilgado nadie. Él lo ha dicho con todas sus letras. En otras palabras, no es un Echeverrista tardío, sino un Diazordacista temprano, hablando por la correspondencia cronológica.

Pero, ¿por qué la izquierda no fue capaz de capitalizar la gran oportunidad histórica que se abrió tras la decepción de la alternancia del PAN y del PRI y que además era totalmente previsible, como sí lo pudo ver AMLO?


Pienso en la izquierda de inspiración marxista, ya fuera comunista o socialdemócrata. No en la llamada izquierda del PRI a la cual pertenecen desde Cuauhtémoc Cárdenas hasta el multicitado AMLO.

La socialdemocracia en México nunca ha tenido una expresión autónoma. El espacio socialdemócrata en el país siempre lo ocupó el mismo PRI. La corriente ideológica que pudo aspirar a ocupar ese lugar jamás se interesó y sólo se limitó a ser la izquierda de la revolución mexicana apoyada en la Unión Soviética; me refiero a la encabezada por Vicente Lombardo Toledano quien nunca renunció a su aspiración de llegar a ser el Presidente de esa izquierda de la revolución. Y por eso no le interesaba la socialdemocracia sino el socialismo de la URSS como factor real de poder.

Otros grupos, sobre todo el de Rafael Aguilar Talamantes, pudieron hacer mucho más, pero su pragmatismo y oportunismo los llevaron a conservarse siempre al amparo del Estado. Otro de esos grupos, los que después aparecieron en el PRD como los “Chuchos”, ha perdido protagonismo en el frente que integraron con el PAN. Así, han sido apabullados por la ola morenista, de un lado, y por la candidatura de Anaya, por el otro.

Los esfuerzos de Porfirio Muñoz Ledo poco trascendieron más allá de su propia participación en las reuniones internaciones de la socialdemocracia. Su visión de la nueva república hoy ha sido engullida por la propuesta de la cuarta transformación,

Por su parte el PCM se diluyó lentamente en el PRD bajo el liderazgo de la corriente democrática del PRI. La muerte de Arnoldo Martínez Verdugo y Gerardo Unzueta Lorenzana, terminaron por subrayar el final del grupo que en los últimos años encabezó aquella corriente política. Gilberto Rincón Gallardo ya se había deslindado antes de su muerte. Lo mismo pasó con el PMT que, con la muerte de Heberto Castillo y de Eduardo Valle, prácticamente perdió todo legado visible.

Otro gran archipiélago de grupos de tradición marxista, trotskistas, maoístas, guevaristas, mantienen la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue y en ocasiones se reúnen para reafirmar su lealtad a los principios doctrinales.

Por último, el movimiento zapatista, después del gran protagonismo de mediados de la década de los 90 del siglo pasado, se volcó al desarrollo de algunas opciones de impacto local. La candidatura de Marichuy logró la simpatía de amplios sectores pero no la credibilidad, empezando por ella misma, de que fuera una propuesta consistente.

Muchas son las razones históricas que explican la reducida influencia social del pensamiento marxista en México. Pero la principal es que jamás la lucha de clases pudo dar vida a un movimiento autónomo de las clases orgánicas de la sociedad, a no ser por el movimiento campesino del centro sur encabezado por Emiliano Zapata. El proletariado industrial, después de un inicio en el que las corrientes del socialismo utópico lograron alguna influencia, nunca vivió una situación de insurgencia que lo enfrentara como tal al Estado, a no ser por episodios, algunos muy importantes, y reducidos a algún gremio o sindicato particular. Los más destacados y que aún permanecen en la memoria fueron los ferrocarrileros con Demetrio Vallejo y Valentín Campa; los maestros con Othón Salazar y los electricistas con Rafael Galván.

La reforma política de 1977 se hizo en gran parte para legalizar la acción del Partido Comunista Mexicano. Más allá de que fue también una reforma hecha para el control de la ciudadanía, la verdad es que se ampliaron los espacios de participación política al PCM y a la izquierda mexicana que entonces se desenvolvía sobre todo en algunas universidades públicas, sin dejar de ejercer una importante influencia en el mundo cultural en general. Pero la falta de influencia de la izquierda marxista en la clase obrera o en otros grupos importantes de la sociedad, la mantuvieron siempre como una opción marginal.

Muchos de los cuadros de esa izquierda que se formó en el movimiento estudiantil, o se enrolaron en los movimientos armados de los años 70, o pasaron, después de participar en el sindicalismo universitario, a los partidos políticos y su lucha electoral posterior.

La contribución de esa izquierda en la construcción del movimiento sindical universitario es innegable y logró triunfos importantes como el propio reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la autonomía universitaria en la propia Constitución. Sin embargo, y es de hacerse notar que, después del 68, jamás se pudo volver a reconstruir una organización estudiantil, ya sea a nivel local, o mucho menos nacional.

Con la caída de la Unión Soviética, cayeron también todas las versiones del socialismo, desde la doctrina revolucionaria de Lenin, hasta los intentos por darle un rostro humano cuando la primavera de Praga. Después de ello, la idea de una sociedad alternativa dejó de sustentarse en algo sólido y se ha vuelto muy difícil de pensar, a no ser por la subsistencia de las preguntas de siempre. Los políticos de la izquierda marxista en México, sin el sustento jamás logrado de un arraigo en alguna clase orgánica, y sin el apoyo del llamado socialismo real, se han mantenido en activo pero en un sonambulismo que no se hace cargo de explicar lo que ha pasado y sólo apela a las generalidades de la lucha por la igualdad.

Sin algún núcleo que haya sabido conservarse, la izquierda marxista, diluida en el izquierdismo general, hoy está ayudando a revivir el régimen del Estado presidencialista y paternalista que siempre fue capaz de impedir la manifestación autónoma de las clases sociales y la libertad plena de las personas.