Regalos de Navidad

Los villancicos empiezan a sonar, la gente tararea tonalidades navideñas, las casas comienzan a tener distintas decoraciones y las luces simulando “santa closes”, renos o muñecos de nieve aparecen por doquier. Los centros o tiendas comerciales se llenan cada vez más, las crisis no existen o se aprenden a disimular.

Época de aparente armonía y enorme felicidad que, entre tantas cosas, a través de las “acciones que transforman”, después de deambular cinco minutos en la calles o avenidas de Puebla capital, se convierte en caos, estrés, claxons, desesperación, recital de insultos y tantas cosas más.

Por aquí y por allá el tráfico es cada vez peor en nuestra realidad. Ya sea por el exceso de automóviles en la ciudad, por el crecimiento desenfrenado, por algún choque, por calles cerradas sin aviso alguno, por librar uno de los cientos de baches, por semáforos diacrónicos o simplemente descompuestos, por la cantidad de obras que parecieran no seguir planeación alguna, por la enorme falta de cultura por parte de los automovilistas (si el que no transa no avanza el que no agandalla…) o vaya usted a saber por qué, lo que significaba llegar a lugar de destino en cuestión de minutos, se ha convertido en posibilidad de una hora o más.


Y mientras vas a vuelta de rueda, se te mete uno, otro intenta adelantarse por donde no se debe o puede, uno no avanza porque ya se clavó en el celular y el de atrás toca y toca como si tú pudieses apretar un botón y volar… le buscas y le rebuscas para no desesperar: meditaciones, cantos, rezos, contarte chistes a ti mismo, cambiar la radio de dial buscando información, simple recordar… y en algún momento comienzas a cuestionar: ¿habrá pasado algo? ¿chocó alguien? ¿cayó un meteorito? Pasa el tiempo, pasan los metros que parecieron cientos de kilómetros y no hay nada… ni choque, ni meteorito ni nada… y dentro del nada se encuentran los oficiales de tránsito que deberían (creo que está entre sus funciones) ayudar a que la circulación vehicular fluya al menos con cierta regularidad. No están, simplemente no están… o al menos pareciera que nunca están donde deberían estar en el momento en que deberían estar.

Por tal… en nombre de la armonía y enorme felicidad que merecemos en estas épocas navideñas pero también en el resto del año… les imploro a todos que en lugar de pedir regalos al “niño dios”, “Santa Claus”, “Papa Noel”, “los Reyes Magos” o como lo quieran llamar, pidamos en este sentido tres regalos de navidad: 1) que a nuestros “queridos” oficiales de tránsito se les otorgue ese enorme sentido de profesionalismo y cumplimiento de su responsabilidad; 2) que nos confiera a nosotros, aunque sea un poquitito de cultura vial y 3) por lo menos la existencia de un medio radiofónico que, en lugar de marearnos con canciones de moda y mucha publicidad, nos informe con certeza por dónde sí podemos transitar.