Reflexiones sobre las “Izquierdas” I

Entre los consejos más comunes que surgen en el diario vivir sobre el amor está el de tener cuidado con las uniones de pareja que se crean a partir de momentos en crisis. Estas uniones no son el producto de la atracción física ni la consecuencia de una larga amistad, son el producto de la pérdida o del aislamiento que emerge de un estado de crisis. No existe el amor ni la pasión en estas uniones, sólo la necesidad afectiva de ambas partes, en la que una vez superada la crisis la relación se esfuma de la misma forma en que su efervescencia apareció.

Me permito esta reflexión ante los llamados a reconstruir la “izquierda” que recientemente surgieron en el entierro de  Arnoldo Martínez Verdugo, que si bien puede ser una necesidad nacional son sólo el reflejo de las contradicción mundiales en relación a la construcción de un mundo diferente al que vivimos. No es prerrogativa  ni exclusividad de México el poseer proyectos diferentes, y en algunas ocasiones antagónicos, entre los grupos que reclaman la etiqueta de “izquierda”.

Estas diferencias tienen su historia. No han sido pocos los desaciertos de esta llamada izquierda desde su surgimiento. Podemos mencionar de forma somera, y sin intención de agotar la lista, algunos de los eventos que cimientan la desacreditación, la desconfianza y la falta de credibilidad que se tiene en esta “izquierda. Por ejemplo: el desenmascaramiento del estado de terror de la “dictadura del proletariado”, el régimen piramidal autocrático del centralismo democrático, la formación de una burocracia depredadora y asesina cómo consecuencia de la abolición y estatización de la propiedad, lo absurdo del llamado a la toma del poder por las armas de parte de los principales teóricos del marxismo, incluyendo a Carlos Marx, lo que llevó a la derrota político-militar que los grupos de guerrilla sufrieron en Latinoamérica, el asesinato en masas, producto de la ideologización del supuesto discurso científico de la revolución (ejemplos, Pol Pot y Sendero Luminoso en Perú).


Algo interesante que hay que recalcar, y que aumente la desconfianza, es la alternativa político-económica que han desarrollado los países “comunistas” para salir del atraso social y del rezago económico en que se encontraban. Estos países, en especial China, la alternativa ha sido la incorporación de su planta productiva al mercado internacional globalizando sus economías. La economía de ahorro cómo forma de crecimiento se transformó inicialmente en un capitalismo de estado local para luego dar pie a la privatización de los medios de producción junto a la inversión privada internacional, tomando como motor de crecimiento el consumo. Es decir, la alternativa al supuesto comunismo de estado es la vía capitalista.

Entro los desaciertos más importantes que ha tenido la izquierda debemos incluir los dirigidos directamente al individuo. La Unión Soviética jamás firmó la Declaración de los Derechos Humanos. Podemos argumentar que estas organizaciones son un brazo del poder capitalista pero es innegable que en los países del bloque socialista los derechos individuales siempre fueron identificados como un reclamo pequeño-burgués, altamente censurado. La autoridad, la gobernabilidad y la supervivencia, incluyendo la vida de los ciudadanos recayeron en el “partido comunista” y posteriormente en los aparatos de seguridad del Estado.

La derrota política-económica de estas fuerzas de “izquierdas” en el siglo XX ha sido de tal magnitud que muy pocos intelectuales con representatividad han querido profundizar en un debate teórico sobre el futuro de la trasformación social. Esto no quiere decir que no se hayan escrito toneladas de proyectos alternativos, me refiero a que los líderes políticos representativos han evadido el debate. Es indudable que hay grandes desacuerdos, pero se ha preferido no mencionarlos con el afán de unificar una fuerza electoral.

Al día de hoy, en un mismo grupo político podemos encontrar individuos que piensan que es necesario abolir la propiedad privada y llevar a cabo la revolución, junto a estos se encuentran los anti-desarrollistas, los que piensan que todo en occidente es malo, que la ciencia obedece a los intereses del capital y por tal motivo nos debemos apegar a los saberes comunitarios. En paralelo, pero no mezclados, coexisten  grupos que piensan que la alternativa va por el reforzamiento de los derechos individuales, esto es, el derecho de la mujer a la equidad jurídica-política-económica frente al hombre, el reclamo a la equidad jurídica y el respeto a la homosexualidad, las garantías legales que garanticen desarrollo y mantenimiento de la ecología ambiental y una mejor distribución de las riquezas. La vida política de estos últimos no pasa por la abolición de la propiedad privada ni mucho menos por la búsqueda de cambios revolucionarios bruscos que en nada, según ellos, resolvería los problemas de la vida cotidiana de los individuos.

Estos son proyectos que pudieran ser no antagónicos, pero al verlos a la luz de la historia y del análisis sobrio de la teoría si son divergentes. Las izquierdas unidas en los procesos electorales coinciden sólo en un candidato pero divergen en relación a lo que se quiere por país, de ahí la imposibilidad de unir fuerzas una vez se termina el proceso electoral. El resurgimiento de figuras como la de Marta Harnecke probablemente reforzará los grupos radicales anti-propiedad privada, ya que estos volverán a contar con un manual que responda a todas sus preguntas. Los manuales con respuesta a todo profundizarán aún más la incomunicación entre los diferentes grupos, lo que a su vez impedirá la acción común en problemas comunes. La transformación social por áreas de espacio político específico y reforzamiento de la vía jurídica-política es un proyecto a largo plazo, no puede presentar éxitos inmediatos pero sus logros permanecen encarnados en los grupos beneficiados, los cuales serán los propios garantes de su ejecución.

En esta reflexión he obviado las condiciones específicas de cada lugar en particular por motivos evidentes. Sin embargo, la búsqueda de una vía político-jurídica que garantice los derechos individuales no puede ser el proyecto de un grupo minoritario. Las utopías de un futuro mejor son válidas como meta a largo plazo, pero estas jamás podrán sostenerse a costa de la vida de los disidentes y de los diferentes, para estos sólo el respeto a la ley y la aplicación de la equidad jurídica es su garantía.  

 

Carlos Marx y  Federico Engels