Raúl Salinas de Gortari ¡un atropello a la justicia!

Para mi amigo Carlos Meza Viveros. Con fraterno afecto

 

El principio básico que rige el Derecho Penal es: El de obtener la verdad real.


Como es conocido por la opinión pública, Raúl Salinas de Gortari gozó en la época de la presidencia de Carlos Salinas de Gortari de privilegios e influencia desmesurados, por estar en el círculo más cercano del poder. Es sabida su vida licenciosa, frívola y crápula; está documentada: fotografías en un yate con su novia española, y otras mujeres, su boda con Paulina Castañón (viuda de Alfredo Díaz Ordaz); poseedor de más de cinco pasaportes falsos, su participación en la escandalosa venta de leche radioactiva cuando fue titular de Diconsa y primordialmente la sospecha de aprovechar los recursos de la cuenta secreta de la que dispuso discrecionalmente su hermano el presidente de la República por más de 2 mil 700 millones de pesos; circunstancia que refiere en la sentencia el juez de la causa penal número 36/1997.

La corrupción, el tráfico de influencias le permitieron acumular su riqueza ilegal, inmoral e insultante; es un  hecho notorio que existió la conversación telefónica que sostuvo con su hermana Adriana Salinas que oímos todos en el noticiero estelar de López Doriga. Existió la declaración de Luis Téllez en una “indiscreta” llamada telefónica refiere y afirma que Carlos Salinas se apoderó (robó) de la mitad de la partida secreta, existe la entrevista de Miguel de la Madrid que confirma ante Carmen Aristegui que se robaron esa partida secreta y aun existe la sospecha de su autoría en la muerte de su cuñado Ruiz Massieu.

¿Es ilícito e inexplicable ese enriquecimiento? Es hecho notorio que Raúl Salinas de Gortari solo tuvo actividad laboral en cargos públicos en la época de Miguel de la Madrid y de su hermano Carlos Salinas de Gortari,  de ahí sus ingresos; no tuvo otra actividad que explique su fortuna, más que ser hermano y socio de su hermano presidente.

El juez de la causa, al margen de cuestiones legales, debió observar y estudiar todos los antecedentes, no sólo los que arrojó el proceso. Este caso, excepcional así debió ser tratado, buscar la verdad real e histórica, del origen y acrecentamiento de esa fortuna mal habida.

El juez resolutor está obligado en su resolución a explicar a la  opinión pública, fuera de artilugios legales, todas las circunstancias esenciales o accidentales del caso.

El juez, por moral pública debió ser acucioso al extremo, no basta que en su resolución haya dicho “que se incrementó su patrimonio sustancialmente de enero de 1985 a abril de 1992, en una proporción que no es acorde con los ingresos que recibió por los cargos públicos que desempeño”; sigue diciendo; “En otras palabras durante el lapso en que ocupó diversos cargos acrecentó de tal forma su peculio que sin lugar a dudas es posible sostener que experimentó un enriquecimiento”; y concluye: “No es procedente que ese enriquecimiento se etiquete de ilícito, pues la licitud a que se refiere este tipo penal deviene estrictamente de que el incremento patrimonial sea resultado de un abuso en el ejercicio del servicio público, al aprovecharse ya sea del “estatus” o de las atribuciones que le son conferidas”.

Omite el juez algo determinante: Analizar, definir el término estatus, no se requiere mucho esfuerzo de raciocinio; por la posición de Raúl Salinas de Gortari, de hermano del presidente en funciones Carlos Salinas de Gortari y su relación con los círculos máximos del poder, que esa riqueza, insultante haya sido ilícita e inmoral.

Han habido dos hermanos incómodos (“prohombres de la patria”), emblemáticos que han costado mucho dinero al país, pero lo más grave, el ejemplo de impunidad y corrupción que han dejado a las generaciones por venir. El primero Maximino, hermano de Manuel Ávila Camacho, y Raúl, hermano de Carlos Salinas de Gortari.

Requiere que estemos pendientes de la apelación de la Procuraduría General de la República, que esté debidamente fundada, que combata los argumentos del juez; y no que haya sido arreglada (como tememos)  en lo oscurito, para “limpiar” la imagen de Carlos Salinas de Gortari.

Este momento, la época convulsionada, anhelante de justicia, lo reclama.

Sólo justicia, Raúl Salinas de Gortari, merece cárcel y la restitución de los bienes al erario nacional; o, que, presentémosle disculpas.