Raúl Dorra deja una inteligencia lingüística capaz de analizar y cuestionar como legado

A unos días de haber cumplido 82 años de edad, el pasado viernes 13 de septiembre falleció el novelista, traductor y estudioso de la lengua y la literatura Raúl Dorra Zech (San Pedro de Jujuy, Argentina, 5 de septiembre de 1937), dueño de un espíritu crítico y humanista, quien dejó como legado una extensa colección de ensayos, textos, artículos y libros sobre el habla, la literatura y la semiótica, en los cuales manifestó una inteligencia lingüística capaz de observar, analizar y cuestionar la lengua.

El coordinador del Programa de Semiótica y Estudios de la Significación en la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), uno de los más importantes de su tipo en el mundo, y de la revista indizada Tópicos del Seminario, perteneció a la generación del exilio argentino en México de la que también formaron parte el poeta Juan Gelman, el crítico literario Noé Jitrik, el siquiatra Marcelo Pasternac, introductor de la escuela de Lacan en el país, el filósofo Óscar del Barco, el historiador Guillermo Beato y el periodista Gregorio Selser.

En la UAP fue académico en el doctorado en Literatura Hispanoamericana y en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica, de la Facultad de Filosofía y Letras, así como en el Centro de Ciencias del Lenguaje, del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”.


Afincado en México desde el año 1976 fue un escritor reconocido internacionalmente, autor de ocho libros de estudio y siete de ficciones literarias, el último de ellos titulado Lecturas del calígrafo. También destacó su labor de traductor.

“Soy una persona de gustos antiguos”, dijo Dorra entrevistado en la UAP, y aseguró que la primera música para él es la palabra y que prefería escuchar cómo hablaban y entonaban las personas, a la par de que consideraba que las conversaciones eran la mejor parte del día.

“Yo he aprendido que los afectos son también susceptibles de un aprendizaje, tal vez el aprendizaje de lo social por excelencia. Adentrándose en ellos, ejercitándolos, la convivencia humana puede encontrar una superación. Querer a alguien, ser querido, educándose para estos estados de conjunción, hace la vida siempre más satisfactoria, más deseable. También por ese camino puede descubrirse que el intelecto, el universo de lo inteligible, tiene un fuerte componente afectivo. Lo sensible y lo inteligible son un solo universo, contemplado desde dos perspectivas opuestas, pero complementarias”.

Al hablar sobre sus aportaciones, señaló: “La semiótica considera al sentido como su propiedad intrínseca y fundante. El sentido va tomando forma en un proceso de articulaciones y se expresa como lenguaje. Puede hablarse de una jerarquía de lenguajes, en la que el verbal sería el primario y los otros derivados. Son las palabras las que en última instancia dan razón de los otros lenguajes y los sostienen. El verbal ofrece las matrices para la formación de otros lenguajes. Si algún aporte pude, o puedo, hacer yo al conocimiento está vinculado al estudio del lenguaje verbal”.

“Dentro de este lenguaje, sin restringirme, me he dedicado con más intensidad a la poesía, tanto por inclinación natural como por entender que en la poesía se muestra la palabra con todo su valor y su potencia. Me he dedicado, pues, al estudio de la poesía y de sus proyecciones en el gesto, en la voz, en el ritmo, en las emociones del cuerpo. Los temas que trabajo son varios, pero todos se relacionan con un centro productor del conocimiento y promotor del entusiasmo necesario para emprender cada tarea. Ése es mi aporte y ojalá este aporte alcance a dar sus frutos”.

Un Honoris Causa pendiente

Si bien fue merecedor en 2018 de la medalla Francisco Javier Clavijero, máximo galardón que la UAP otorga a sus académicos, acto en el cual Dorra Zech llamó a repensar la vida académica de las universidades para que, más allá de tener a los estudiantes como su centro de acción, abran su quehacer hacia la comunidad, quedó pendiente el doctorado Honoris Causa.

Solicitado en 2016 cuando Raúl Dorra recibió un homenaje en el marco de la Feria Nacional del Libro, el poeta y filósofo Juan Carlos Canales opinó que “hay doctorados que honran a quienes lo reciben y otros que honran a las universidades que los dan. Por mucho, Dorra merece el Honoris Causa y por mucho, también, lo merece la universidad”.

A esa voz, se unió la del pedagogo Sebastián Gatti quien señaló entonces que Raúl Dorra “ha sido parte de los hombres y mujeres de pensamiento y palabras esclarecedores, de actuar consecuente y de magisterio notable”.

Dorra, completó entonces el también escritor, se puede identificar una cualidad literaria e intelectual: que es la perfección de la búsqueda sostenida, que existe una constancia, una obra con inteligencia y amor lingüístico.

“Poetas cuyas obras completas dicen lo que Dorra dijo en líneas. Dorra el del estudio, el de la generosidad, el de las traducciones, el pedagogo, el de la profundidad retórica, de la resistencia vitriólica a la academia, el que discute con nosotros, el que sonríe a quienes festean su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 2016, cuando ingresó en 2011. Tenerlo es un privilegio. Decir: conozco a Raúl. Rendir un homenaje es más que un regalo para él, es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos”, mencionó Gatti en aquella ocasión.