¿Quién rescata a quíén? cuando la solidaridad se hace presente

Xicotlán.-  Dos formas de vida diferentes que solo la solidaridad pudo hacer que coincidieran se encontraron en este recóndito lugar. Antes del sismo la gente de Xicotlán no pensó que alguien pudiera hacer 12 horas de viaje solo para acercarle un poco de ayuda, antes del sismo en Tehuacán esa veintena de jóvenes estudiantes no tenían idea de que esta comunidad existiera en Puebla.

 

Cuando se supo la magnitud de los daños que ocasionó el terremoto del pasado 19 de septiembre, en Xicotlán la gente vio sus casas dañadas, pero en zonas alejadas del municipio hubo peores afectaciones, personas que se quedaron sin vivienda y a quienes querían ayudar, pero aquí la mayoría va al día y Coacalco está a tres horas de camino, es ahí donde están muy mal, era lo que todos sabían.


 

Por cientos salieron estudiantes y asociaciones en Tehuacán a reunir víveres, ropa, cobijas y todo tipo de apoyo, la idea era llevar algo a las zonas afectadas, cualquier producto era recibido con esperanza, porque somos humanos y debemos ayudar, decían los jóvenes con entusiasmo y así fue como supieron que Coacalco, en Xicotlán necesitaba ese apoyo.

 

A las 6 de la mañana del viernes, posterior al sismo, salieron para llevar la ayuda, un tráiler con doble remolque se llenó con la aportación de muchos, 12 horas después estaban aquí, cuatro antes la señal de telefonía celular se perdió, las redes sociales no tienen oportunidad en esta zona.

 

La primaria Rafael Ávila Camacho fue el lugar que se eligió para colocar la carga, una voz en el micrófono lanzó la convocatoria: Se le informa a toda la población que ha llegado un camión con ayuda, necesitamos personas que vengan a descargar, si tienen carretillas por favor tráiganlas”.

 

De diferentes partes del pueblo salieron hombres, mujeres, niños, jóvenes, todos hacia la primaria, en cuestión de minutos se formó la cadena humana para pasar de mano en mano los paquetes menos pesados, los grandes se fueron a las carretillas para moverlos con facilidad.

 

Si el sismo sembró miedo y tristeza, este momento era diferente ahora se oían risas y gritos festivos, los que llegaron de fuera hacían lo posible para mantener el ritmo que la gente les pedía para mover las cosas, no fue fácil conseguirlo y hubo momentos en que tuvieron que hacer pausas, mientras una fina llovizna caía sobre sus cabezas y aparecía magnífico el arcoíris completo para la postal del recuerdo, pero ninguno de ellos se dio cuenta porque todos estaban concentrados en que el trabajo llegara a su fin.

 

Esto es para todos explicaron los jóvenes una vez concluida la descarga, a ustedes señoras les pedimos que como madres que son vigilen que llegue a quienes más lo necesitan, pidió una estudiante de la UPN. Se los traemos de corazón y es para que no solo se quede aquí, vigilen que las autoridades lo lleven a los lugares donde hace más falta, pidieron los visitantes, del otro lado se hizo el compromiso de que la repartición sería correctamente, “todos vamos a vigilar eso”.

Ahí en el comedor que todas las mañanas ocupan los niños para desayunar antes de entrar a clases, se invitó a comer a quienes llevaron la ayuda; huevos, cecina, frijoles, tortillas recién hechas acompañadas de salsa fue el menú, así correspondió este pueblo enclavado en la mixteca poblana, colindando con Guerrero, fue algo más que una comida “es lo más rico que he probado” coincidieron en asegurar los de fuera.

 

Una cara sonriente veía desde la ventana, ¿ya comiste Néstor? Preguntó una voz desde la mesa, el niño dijo que sí y se fue corriendo, más tarde Néstor se quedó mirando desde el camino como los jóvenes se subieron a las camionetas para emprender el camino de regreso, él permaneció ahí mientras la lluvia comenzó a caer con más fuerza, hasta entonces sus pequeños pies se movieron para perderse entre las calles.

 

No se sabe en realidad quién ayudó a quíén, lo más seguro es que estas desgracias hacen que la ayuda sea en ambos sentidos, unos se quedaron con algo para comer los siguientes días, los otros se fueron con algo que les cambió su forma de mirar  al mundo, una frase final en la camioneta de regreso lo dijo todo, “esto es lo más bonito que he hecho en mi vida”, “yo también wey”.