¿Quién estimula la división de los mexicanos con las elecciones?

La división internacional del trabajo consiste en que unos

países se especializan en ganar y otros en perder”.

Eduardo Galeano


Un efecto de las elecciones, en particular las presidenciales, que está sucediendo en México es que está provocando una oposición entre la población: los que están a favor del candidato a la presidencia que, de acuerdo con las estadísticas, es puntero, y los que se encuentra en contra de dicho candidato y que, por ello, se suman a cualquiera de los restantes candidatos. Atendiendo a ello, observamos una serie de comentarios en pro y en contra que ya salen incluso de lo ordinario y se vuelven insultos al sentido común. Vemos, entonces, que lo que se está provocando es esa polarización entre la población, y pareciera que esto lo hace alguien, ya que bajo ese viejo refrán que reza: “divide y vencerás”. Esto es precisamente lo que está sucediendo con México como nación. Después de las elecciones, lo que sucederá es que se va a contar con una población fragmentada y esto pudiera decirse que beneficia a alguien.

Así, pues, estamos ante esta pregunta: ¿quién estimula la división de los mexicanos con las elecciones?, pues la división ya está provocada y está dando frutos. Pero detrás de esa división debe haber algunos que la provocan y, sobre todo, que la promueven porque serán los beneficiados con esa división de la población de los que están a favor de un candidato y los que están en su contra. La respuesta, desde luego, se puede encontrar en diversos autores que han opinado al respecto y que, en realidad, coinciden con que estimular la división de la población de una nación beneficia a quien controla un poder aun superior al de la nación; y este incentivo a la división lo provoca un sistema que requiere esa división y que, a lo largo de la historia de los países en América latina, la ha fomentado. Así se hizo la división de América latina. La conformación de los países de centro América es un ejemplo palpable de ello, como –por dar uno de estos ejemplos– sucedió con Panamá al desmembrarse de Colombia. Y, aun cuando hoy las divisiones ya no son territoriales, siguen dándose dentro de la propia población, y esto es provocado por un sistema que es aun superior a todos estos países, que es precisamente el capitalismo, al cual hoy, después de la caída del muro de Berlín en 1989, entre otros hechos, se le denomina: neo–capitalismo, pues este sistema requiere de Naciones débiles para que el poder económico, que es superior a éstas, las pueda gobernar.

Para fomentar las naciones débiles, existen varios métodos utilizados en la historia, en los siglos XIX y XX, como lo es la división de las naciones: fenómeno que sucedió en Europa con la caída de la URSS. Otro método que se utilizó fue provocar la gran dependencia económica de las naciones débiles hacia otros países, sobre todo los centrales de Europa y EUA, atendiendo a los préstamos que se otorgan a los Estados más necesitados.

Y, desde luego, otro de los efectos que se tienen que provocar en esas naciones es que sean sociedades débiles, es decir, que se conforme por una población que no tenga la capacidad de poder exigir sus derechos –por ello, las universidades han sido, en muchas ocasiones de la historia en América latina, controladas por el propio sistema para que sean estériles en la formación de los alumnos–, sociedades que estén impedidas para provocar crecimiento y desarrollo humano –por ello, los problemas de racismo, exclusión a los indígenas, discriminación a la mujer–, con instituciones impedidas para tener la independencia política y económica del exterior, lo cual provoca –en palabras de Boaventura de Sousa Santos–: “La incapacidad financiera del Estado para hacer frente a los gastos siempre crecientes del bienestar estatal.” (Santos, Boaventura de Sousa. Las bifurcaciones del orden. Revolución, ciudad, campo e indignación. Madrid: Editorial Trotta / Bogotá: Siglo del hombre editores / ILSA, 2018).

De esta forma, el poder económico global, por medio del neo–capitalismo, es el que provoca una división entre las naciones débiles, pues las elecciones son un ejercicio democrático, pero no para polarizar, ya que por medio de la democracia se intenta que gobiernen los mejores; esto es, se fomenta una meritocracia y no la desintegración, el desmembramiento, la segmentación de una nación, y menos aún se fomentan muertes.