Querencias en la alforja

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Uno carga querencias en la alforja,


las estrecha, las pule

como a las joyas de la abuela.

 

A dos de ellas las prefiero:

 

Querer que se inflame la libertad de los humildes,

tan tenue, evanescente, volátil,

pues lleva delicados componentes

para encender la pradera a cada instante.

 

Y darme a esa pasión amorosa

tan hirsuta y descabellada

que se coloca en el hueco preciso

de la unión de las piernas,

a desinhibir al encanto de sus aprehensiones.

 

Querencias del buen amar al cerebro,

igual si nos dibuja sonrisas en magenta,

o si baja o sube a nuestra voz

las verdades y las dudas que conmueven.

 

Son pasiones

que arrancan de su raíz al mundo

con gemidos

o con gritos de victoria.

 

¡Cómo saber a cuál pulir aquí y ahora!

 

Introduzco la mano en la mochila:

el azar ha de dictarme

o el áspero trabajo de la pasión

o la tierna entrega

a la libertad apetecida.

 

*De la serie: Algunos des–trozos de aire limpio.