¿Qué necesitas?

¿Las inundaciones y luego los sismos que han asolado a la población mexicana y a los bienes comunes han hecho aflorar las contradicciones del sistema y dentro de ellas el crecimiento de una flor con pétalos de esperanzas: la fuerza solidaria del pueblo que se auto organiza ante la catástrofe.

Antes del temblor, el socavón

Un hueco enorme entre los que producen la riqueza y los que se la apropian había sido cavado, un vacío que el poder opresor y los beneficiarios mega millonarios del mismo ya habían generado extrayendo, saqueando, despojando, explotando y asesinando a la población trabajadora, a las comunidades, a los barrios, a las mujeres, a la juventud, a los maltratados de la tercera edad. Antes de huracanes y temblores ya había una guerra contra la población. No eran socavones producto sólo de la corrupción de gobernantes y empresas, eran fosas comunes para los excluidos, los desechados, los rechazados opositores a mal gobierno y al mal vivir que predomina en el país.

No había (ni hay) prevención, protección ni previsión real, efectiva, científica y mucho menos humanitaria para lo que puede ocurrirle a la población empobrecida (incluidas las capas medias- medio jodidas) en caso de desastres por tormentas, temblores, violencias, encarecimiento y escasez o carestía de bienes y servicios. En los servicios públicos ya se vivía un desmantelamiento en salud, educación, cultura, vivienda transportes y caminos. En esas circunstancias, lo único que podía preverse es que ante desastres como las inundaciones, deslaves y terremotos sobrevendría la muerte, el pánico. También era previsible la aplicación de programas como el de protección civil y el del Plan DN III para imponer el orden social y dedicar los dineros y las atenciones según las prioridades del capital: priorizar la infraestructura y los negocios, intensificar la campaña de imagen política para un régimen del que todos desconfían, sean sus gobernantes, sus partidos, los funcionarios, las policías, los jueces, los propios organismos filantrópicos que con una mano dan dinero y con la otra arrebatan lo poco que les quede a los afectados.


Durante el sismo el autoritarismo vs la solidaridad popular

Así llegaron, luego de los efectos graves en las poblaciones pobres del sur y el sureste por los huracanes, los sismos del 7, el 19 y el 23 de septiembre y las múltiples réplicas. Ahí estaban como hace 32 años, sismos de gran magnitud ante un pueblo vulnerado, pero que, quizás sin saberlo, estaba en condiciones de responder con energía y sobrevivir a la calamidad, unido desde las familias, los vecinos, los cercanos y los múltiples y eso sí, el para muchos inesperado apoyo masivo de hombres y mujeres, jóvenes y no tanto, que actuaron mirando por el otro, arriesgando y entregando su vida durante este septiembre de pasión solidaria.

Los aparatos de Protección Civil, los soldados y marinos del plan DNIII y las policías llegaron a imponer su “protocolo”: ocupación y control de las áreas afectadas, apertura a la entrada de maquinaria de remoción de escombros o demolición, despejar y vigilar a voluntarios, dar paso a rescatistas de esas dependencias gubernamentales y de la solidaridad internacional (controladas con la prohibición de expresar sus hallazgos y testimonios ante los medios masivos, e incluso ante familiares y vecinos). Vigilar las entregas de “ayuda” y escoltar a los políticos y funcionarios (presidente, secretarios, gobernadores, delegados y presidentes municipales), quienes entraban a sacarse la foto, declarar su ignorancia y hasta su cinismo. Por eso aumento el repudio de los afectados y de los solidarios que demostraban que otra era la realidad y las urgencias y necesidades. Sin duda hubo excepciones y qué bueno.

El choque entre los afectados y solidarios ante las fuerzas del gobierno, los medios monopolizados y las empresas ha sido cotidiano: se denuncia y reclama por la falta de atención efectiva en las zonas más afectadas, por el autoritarismo, por el intento de alcanzar la fase de “reconstrucción” cuando aún había personas y cuerpos bajo los escombros y muchos bienes de los afectados en riesgo de perderse. A esto se sumó la defensa y recuperación por los solidarios ante el robo y fraude que hicieron los gobiernos de la ayuda, el etiquetado político de la misma y los engaños de empresarios y “profesionales” que ofrecían a la venta para que los solidarios compraran despensas, materiales, medicamentos y ellos “apoyaran” y les dedujeran impuestos.

Ya en el Istmo de Tehuantepec, en Chiapas había crecido la respuesta organizada de las comunidades para no depender del poder, sino exigirle sus responsabilidades, lo que no es caridad, ni apoyo, sino obligación. Así también sucedió después en comunidades, barrios y colonias de Morelos, Puebla, Estado de México y la Ciudad de México. Algunos albergues se convirtieron en campamentos populares, no en el número y la organización que hubo en 1985, pero que muestra una vía de organización superior a la familiar o a la del apoyo inmediato. En otros lugares se ha peleado contra la entrada de las maquinas si no estaba terminada la búsqueda y rescate, o luchado por obtener agua potable, o la reconexión de energía eléctrica y telefonía. En muchos lugares se asaltó materialmente a pipas con agua y camiones con mercancía o ayuda que se llevaba a zonas menos afectadas o necesitadas de agua y alimentos.

De una manera inteligente, creativa y con alegre compañerismo se extendió el acopio, clasificación y entrega de apoyo y el auxilio para el rescate, la remoción de escombros o la atención cultural, artística, médica, de evaluación de construcciones y apoyo jurídico para defenderse de quienes obstruyen la recuperación de seguros, documentos y tramitaciones de la gente dañada

Después sigue lo que falta: auto organizarnos

Muchas y muchos no se han sentido víctimas ni ángeles de la misericordia, sino personas que sobreviven a una catástrofe en condiciones difíciles pero no imposibles para la vida digna. Mientras los gobernantes, los medios mercantiles y las empresas hablan de “damnificados”, la gente que resiste y se apoya solidariamente habla de afectados que se organizan, resisten y crecen en resiliencia o voluntad flexible para salvarse del mal momento luchando. Miente el poder opresor en contar a los afectados como si fueran damnificados, que serían los atendidos ante los daños. Mucha gente no ha sido asistida, no hay planes oficiales para que recupere su salud, sus casas, sus bienes, su seguridad.

Lo que hace esa gente lo hace por ella misma y necesita lo que falta: organizarse sencillamente y en confianza para exigir lo que les corresponde, pero lo más importante: para reconstruir colectivamente su vida bajo nuevas formas, que no olviden que pasado el sismo, sigue la guerra de los ricos contra el pueblo trabajador, las comunidades pobres o los sectores empobrecidos y afectados. Hacerlo requiere hacer una evaluación crítica de estos acontecimientos recientes: ubicar a cada quien según sus intereses y decidirse por construir comunidades de solidaridad y lucha, con poder popular que es pensamiento y decisión propias para la solución de los problemas y la protección integral. La juventud solidaria demostró que es vigente el actuar comunero que proponía Carlos Marx: De cada quien según sus capacidades y a cada quien según sus necesidades.

Aullidos fúnebres, clamores de resistencia

Sergio Gómez Montero* 11 septiembre, 2017

sabio insomne nonato me declaro inmortal

puedo acatar esguinces, lumbago, mal de ojo

pero a cada minuto se ensanchará mi alma

  1. Madrazo: “Poema”

Pensar en los muchos años de Juchitán y sus luchas (vive aún en mí la COCEI) y verla hoy llorando a sus muertos por el sismo que los mantiene durmiendo en las calles mientras celebran sin cesar las honras fúnebres de sus difuntos me lleva a pensar, otra vez, en las etapas de la filosofía griega que hay entre cínicos y sofistas quienes gracias al dominio de la retórica que los caracterizaba podían, como hoy, convertir en discurso consumible las incoherencias que un gobernante pronunciaba luego de registrarse un sismo de escala 8.2 que había dejado una cauda de fallecidos, cuya muerte nada le pedía al poder político, sino sólo respeto para su dolor.

Pero, en las calles y sierras del país no sólo se escuchan hoy los falsos discursos de gobernantes, cínicos y sofistas, sino que también allí resuenan las palabras de quienes claman (y reclaman) pidiendo se ejerza justicia, como hoy, desde Chilpancingo, lo dicen así los presos políticos de la CRAC-PC de Guerrero: “El saldo de esta represión es de 5 comunitarios asesinados, 3 presos políticos, 6 procesados y que tiene que ir a firmar desde su comunidad de origen que es El Paraíso en el municipio de Ayutla de los Libres hasta Tlapa de Comonfort, dos compañeros que ahora están en resguardo de la CRAC-PC pero sin poder realizar su vida normal, y más de 70 órdenes de aprensión”, y puede decirse que el país vive desde tiempo atrás (desde el momento en que la corriente anarco-sindicalista que le dio vida a la revolución de principios del XX quedó marginada de ese movimiento) el país vive sumido en el caos que lo lleva a ser la 14 economía mundial pero puede ser, al mismo tiempo, el primer lugar de país que registra los mayores índices de desigualdad dada la insultante concentración de la riqueza que aquí, en México, se registra. El que eso es un caldero que tarde que temprano va a explotar lo anuncian así tanto los aullidos fúnebres que se registran, como los clamores de resistencia que no cesan. El nuestro es hoy, sin duda, un país que espanta.

No se trata de rechazar, tan sólo, los cantos de sirena ni de sofistas ni de cínicos, sino de convertir los aullidos y clamores de hoy en acciones de resistencia global dirigidas siempre a darle otro sentido a la vida capitalista que priva hoy en el país, igual a como hoy lo están haciendo los compañeros de Cherán y de San Mateo del Mar, quienes pese a la represión que en contra de ellos se ha ejercido se mantienen en pie de lucha defendiendo los acuerdos comunales a los que han llegado, oponiéndose así a las acciones de un gobierno empeñado en defender sólo a caciques, terratenientes y guardias blancas que pululan por sus tierras.

A veces, pues, al país le cuesta distinguir de dónde provienen aullidos y clamores: de los cientos de pueblos que hoy luchan o de los pueblos que lloran a sus muertos.

*Profesor jubilado. gomeboka@yahoo.com.mx