¡Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva!

Y todos dicen que hay que cuidar

 al inundado que se inundó

 pero se acuerdan que los parió


 pa’ cuando el agua ya los tapó.

Piero

 

En todas las épocas y civilizaciones, las lluvias siempre se han recibido como una bendición del cielo. La razón es obvia, sin ellas no habría vida en el planeta. Por lo mismo, pero en sentido contrario, su ausencia se considera un castigo y se asocia con hambrunas, enfermedades y muerte, una verdadera desgracia.

La llegada de las lluvias es una fiesta. Se recibe con bailes y cantos tan variados como significativos. Su retraso provoca alarma y se convoca de mil maneras, algunas bastante siniestras por cierto, como los sacrificios humanos.

Se cuentan al respecto un sinnúmero de historias y leyendas. Una que siempre tengo presente, porque estudié la Normal en el lugar de los hechos, es la que narra Juan José Arreola en La feria. Ocurrió en Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán), Jalisco, de donde era oriundo el autor.

No le daré detalles porque no me acuerdo, pero el caso es que en cierto año se ausentaron las lluvias. Siendo una región agrícola, el retraso tenía visos de tragedia. Siendo, además, una zona bastante mochilona, organizaron una gran peregrinación encabezada por el santo patrono del pueblo, sacado de la iglesia por el propio párroco. Con tanto éxito que pronto comenzó a llover. Y llovía, llovía, como cantaba Leonardo Fabio. Pero no paraba y la tragedia anunciada por la carencia se hizo presente por el exceso. Entonces volvieron a sacar al santo para una nueva peregrinación, ahora pidiendo que dejara de llover. Cuando por fin cesó el diluvio el daño ya estaba hecho. Cada quien saque su moraleja.

Lo cierto es que no son pocas las desgracias provocados por el exceso de lluvia. Sin embargo, existe la percepción de que llueve más y con mayor intensidad que antes. No estoy tan seguro, porque hay que considerar que ahora la información se transmite en tiempo real, o casi, y llega a mucha más gente, lo que incrementa el impacto de sus efectos.

Lo que sí es innegable es que el número de personas que vive en zonas de riesgo creció exponencialmente en las últimas décadas. Esto se debe, principalmente, a la ambición irracional y la corrupción desmedida que han llevado a la tala inmoderada de los bosques, la explotación minera con alto impacto ambiental, cambios de uso de suelo para lucrar con la venta de terrenos, fraccionamientos fraudulentos y el evidente desinterés e ineptitud gubernamentales.

De todo esto hay evidencias y testimonios que no dejan lugar a dudas, pero como no se sanciona a nadie, ni se toman medidas para evitarlo, pues la fiesta sigue y la banda toca y toca.

Respecto a la más reciente tragedia acapulqueña, circula un texto firmado por Miguel Ángel Mata, quien relata que “allá por los 80… todos sabíamos que en época de lluvias los terrenos ubicados desde Puerto Marqués al aeropuerto se inundaban. Siempre fue así y seguirá siendo. Son predios que comparten hábitat con las lagunas de Tres Palos y Negra de Puerto Marqués. En la década de los 90 alguna autoridad cambió el uso del suelo de aquellas planicies. Vendieron en miles de dólares lo que compraron en centavos a los ejidatarios. Luego construyeron condominios, hoteles de lujo y apareció el primer fraccionamiento popular: la Unidad Luis Donaldo Colosio. Al clima nadie le aviso del cambio del uso de suelo. Llovió como siempre cada año y se inundó una y otra vez. Con Paulina, con Henriette y hoy con Manuel”.

“Antes el nivel del agua bajaba en menos de 24 horas. Los cauces naturales le dejaban escurrir a las lagunas de Tres Palos y Negra de Puerto Marqués. La delgada línea de arena que separa a la mar de la laguna se abría y dejaba pasar miles de litros de agua y toneladas de camarón y otras especies que hacían nuestras delicias en la mesa. Y todo volvía a la normalidad”.

“Hoy no es así. Los que viven en el fraccionamiento Luis Donaldo Colosio y en una veintena de fraccionamientos construidos en el lecho de los pantanales lo saben. Las fraccionadoras, cuando hicieron millones de dólares en ganancias con la venta del pantano, taponaron los cauces naturales. Hicieron diques de concreto armado en cada una de esas unidades. Y entonces el agua no escurre al mar o a las lagunas. Se queda estancada”.

Es la misma historia que se vive en todo el oriente del Distrito Federal y el Vaso de Texcoco desde que se poblaron. La misma que se repite en casi todas las poblaciones urbanas y rurales del país. Eso, como bien dice don Miguel Ángel, todos lo sabíamos y todos lo sabemos. Lo que asombra e indigna es que siga ocurriendo.

El peligro de erupción del Popocatépetl, por ejemplo, es inminente; se sabe y se tienen mapas de riesgo. No obstante, se siguen urbanizando las faldas del volcán con la complicidad y complacencia de las autoridades. Basta con darse una vuelta por Atlixco o conocer la ruta del pretendido gasoducto en Puebla, Tlaxcala y Morelos.

Eso de que más vale prevenir que lamentar se convirtió en un arcaísmo, como la soberanía nacional.

 

Cheiser: Los dueños del futbol se quejan ante la eventualidad de pagar IVA por la venta boletos para su espectáculo. ¿Desde cuándo se preocupan por la economía de los aficionados? Se ha denunciado una y otra vez que por cada partido cobran lo que se les pega la gana sin que nadie los moleste. ¿No será que la medida pone en riesgo su jugoso negocio de la reventa? ¿Por qué mejor no se ocupan del conflicto de intereses con sus casas de apuestas antes de les pase lo que en El Salvador?