¡Qué joda!

“Voy a cumplir 85 años. Ahora que veo tanto anuncio que en el futuro las personas van a poder viajar a otros planetas, y quizá vivir en ellos, recuerdo que cuando yo tenía ocho años, hace casi 77, un día mi mamá me dijo que quería ir a la luna. Pobrecita, se quedó con las ganas. ¡Échale números: hace 77 años, fue en el 40l! Sin duda mi mamá tenía visión: El primer viaje a la luna fue en el 69. Es decir, mi mamá soñaba con ir a la luna 29 años antes de que se lograra.

“Déjame confesarte que en realidad yo sentía que me amenazaba porque aunque me lo decía en confidencia, entre–nos, como el mayor sueño de su vida, yo me sentía intimidada al escucharla decir: ‘Cuando salgan los boletos, ¡yo voy a ir a comprar el mío para ir a la luna!’. Imagínate tú, yo de ocho años, pensaba: ¡Mi mamá en la luna, la pierdo!

“Mi hermano era cuatro años mayor que yo y mi hermana era recién nacida. Pero yo no pensaba en ellos ni tampoco en mi papá: pensaba que me iba a quedar sola. Porque mi mamá se me iba y quién sabe si estando allá querría comprar el boleto de regreso. ¡Nunca la escuché decir que se iría con boleto de regreso, con viaje redondo, era para ir pero no regresar! Entonces era abandono absoluto. Yo lloraba.


“En 1963 hubo una mujer rusa que viajó al espacio. Era la primera. Bien lo recuerdo porque aunque yo ya era adulta, ¡me angustiaba que mi mamá fuera a comprar su boleto para ser la primera mujer en la luna! La amenaza velada de abandono infantil, cobraba vida y se acercaba a una realidad: mujeres viajando al espacio. Y en mi imaginación y mi miedo, veía a mi mamá vestida de astronauta subirse al cohete espacial. Y yo llorando su partida, diciéndole adiós sin saber si querría regresar.

Mi mamá era una visionaria, ya te lo dije, toda su vida se adelantó a los sucesos pero los veía ella siendo la protagonista, ¡era sensacional, increíble! ¡Ah pero como nos joden la vida las mamás visionarias, nos espantan!




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