Pueblos indígenas y despojo

Los pueblos originarios, pese a la historia de despojo y opresión que el modo de producción capitalista ha impuesto en sus territorios desde los tiempos de la Colonia, reclaman su derecho a existir y a vivir plenamente su cultura. La Colonia concluyó, pero la colonialidad del poder se mantiene en las expresiones de violencia, racismo y discriminación que les niega, a hombres y mujeres indígenas sus modos de vida en tanto incompatibles con el capitalismo. La colonialidad del poder, es la matriz de dominación que se va imponiendo estructuralmente, tanto de forma simbólica como material para mantener las formas de dominación útiles al capital http://www.decolonialtranslation.com/espanol/quijanocolonialidaddelpoder.pdf).

Los cantos, las plegarias, los lugares sagrados y los espacios más recónditos del planeta, son violentados por la expansión del capitalismo. Las formas de vida que no han sido totalmente subsumidas por el mercado, y que recuperan formas creativas de hacer la vida, intentando proponer alternativas ante el modo de producción actual, depredador y violento, intentan resistir y transformar.

El asunto no es cosa fácil, se sigue haciendo desde la marginalidad, bajo amenazas constantes y la persecución. El indígena es incluido cuando sirve de fuerza de trabajo mal pagada, cuando se le despoja de su historia y saberes, sus recursos y territorios. Se anula su vida, se le arrincona donde no molesten al resto, discriminándoles de otras formas y espacios de participación social. La violencia que viven los pueblos y comunidades del mundo, los mantiene en resistencia, en una lucha constante contra el terrorismo que les imponen el Estado y el capital, que niega la vida, destinándolos a condiciones infrahumanas de sobrevivencia (https:// www.youtube.com/watch?v=xrL50jXs4XE).


La acción social organizada exige abrir la forma en que se enmarcan los movimientos sociales, la creatividad es necesaria, la vinculación y articulación con sectores sociales aliados en la posibilidad de construir conocimiento colectivo, relaciones sociales y prácticas que potencialicen la justicia y la equidad. Es tiempo de articular los esfuerzos y unir mente, corazón y espiritualidad en la construcción de una ética por el otro. Donde el rostro de las y los demás sea reconocido, sea dignificado, no como un acto de caridad, sino como un compromiso con la reproducción de la vida, puesto que no nos es posible ser, cuando se les niega a otras y otros la posibilidad de ser. Para ello, requerimos ampliar la reflexión, recuperar la mirada de los pueblos ancestrales, y aportar desde miradas diversas de producción de conocimiento (https:// www.youtube.com/watch?v=5tHaPUbME4c).

El capitalismo salvaje, como sólo puede ser el capitalismo, pone en riesgo la vida, y estamos en un punto de quiebre, de repensar al mundo y las formas de producción y organización social. Se trata de recuperar un enfoque relacionista que reconozca la forma en que todas nuestras relacionen modifican a las y los demás. Se trata de proponer relaciones sociales por la justicia y la dignidad y terminar las relaciones sociales de explotación, dominación y miseria que han prevalecido por más de 500 años.