Publican una serie de episodios que dieron forma al fotodocumentalismo en México

El libro Con el deseo en la piel. Un episodio de la fotografía documental a fines del siglo XX, de Rebeca Monroy Nasr, devela una serie de episodios fotográficos de los años 70 y 80 de dicho siglo que, aunados a diversas variables, estimularon un desarrollo importante del fotodocumentalismo en México, el cual se forjó por un grupo de fotógrafos interesados en registrar la imperante realidad de los movimientos sociales de esa época.

El libro de la profesora e investigadora de la Dirección de Estudios Históricos (DEH), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), está integrado por 12 textos de su autoría y un apartado dedicado a las fuentes consultadas.

Además congrega 57 imágenes, 27 de las cuales son de ella y el resto de autores como Pedro Valtierra, Nacho López, Rodrigo Moya, Enrique Bordes Mangel, Marco Antonio Cruz, Frida Hartz y Alicia Ahumada, entre otros.


Sobre el título del volumen, editado por la UAM Xochimilco, la autora explicó que a fines de los años 70 y 80, como fotógrafos realizaban un trabajo documental –que aún no era fotoperiodismo– sobre los movimientos sociales, con la idea de que la realidad se podía transformar a partir de la imagen, “partíamos de ese deseo que estaba en la piel, una idea muy epidérmica, de lucha, de búsqueda, de equidad, de justicia, de democracia”.

Monroy Nasr expuso que gran parte de su generación buscaba cambiar la realidad o por lo menos acentuar las contradicciones y mostrar las cosas como eran y sucedían, y no como las presentaban las fuentes documentales o periodísticas al servicio del gobierno, por lo que se vieron en la necesidad de buscar otros espacios para publicar o exponer sus trabajos.

La investigadora del INAH destacó que el libro es un recorrido por la historia de la fotografía de esa época, tomando como punto de partida la cobertura del movimiento estudiantil de 1968, que fue un parteaguas fundamental en la imagen.

“Hay trabajos de gente como Rodrigo Moya o Héctor García, que son antecedentes de lo que buscábamos ante una fotografía hegemónica que disiente en ese periodo”, comentó.

Rebeca Monroy indico que en la actualidad se puede intervenir la imagen con un sinfín de programas computacionales, pero en ese momento, justo el no alterarla era lo que le daba a sus trabajos la capacidad de ser veraz, verosímil. La condición física en la plata sobre gelatina y el hecho de que no se pudiera modificar la imagen hacían que su discurso visual fuera creíble, por eso se empeñaban en mostrar toda esa realidad.

Recordó que como mujer y ante una labor fotográfica documental dominada por hombres, para ella era difícil realizar su trabajo porque, por ejemplo, cargar un equipo tan pesado como el de esa época le impedía realizar acciones como correr, sin contar las ocasiones en que fue agredida junto con sus compañeros, como aquel 1 de mayo de 1980, en la celebración del Día del Trabajo, cuando los sindicatos independientes se enfrentaron al porrismo de los integrantes del SNTE, conocidos como charros, donde resultó con golpes en el pecho y descalza.

“Hago un recuento, no tanto autobiográfico, sobre cómo trabajábamos queriendo transformar una serie de elementos visuales para aportar a una sociedad donde crecimos muy contenidos; hubo ese momento de apertura, lo tomamos y mostramos esa realidad, y a la vuelta de los años hay que volver a refrendarlo para no olvidar quiénes somos y recuperar nuestra identidad, el sentido de ser, que también se dispersa en medio de tanta violencia y locura”, puntualizó.