Protección a un líder criminal habría provocado el golpe contra la Policía de Tehuacán

Se dice que “la gota que derramó el vaso” y provocó la intervención del gobierno estatal en contra de la Policía Municipal de Tehuacán fue por la presunta protección, que desde la corporación de seguridad pública, se habría ofrecido al miembro o líder de una banda criminal que el pasado 8 de agosto se enfrentó a un grupo de uniformados y provocó la muerte de un comandante.

La noche del miércoles de hace 17 días, hubo un enfrentamiento entre delincuentes y policías municipales, que derivó en una peculiar persecución –que atravesó una buena parte de la ciudad de Tehuacán– y que arrojó dos aspectos fundamentales:

Primero: siempre que cae muerto un policía en una confrontación con la delincuencia, los cuerpos de seguridad actúan con severidad contra los culpables. En esta ocasión ocurrió al revés, se permitió la huida de uno de los presuntos responsables de esa muerte.


Segundo: ese día, en que se necesitaba ayuda del gobierno estatal para enfrentar a un grupo del crimen organizado, se detectó el mal funcionamiento del Centro de Emergencia y Respuesta Inmediata de Tehuacán, el cual no estaba siempre conectado con el C5 del gobierno estatal y que sirve para detectar conflictos en toda la entidad.

A los factores anteriores se deben sumar dos componentes políticos: que la edil priista de Tehuacán, Ernestina Fernández, siempre ha enfrentado la insidia del morenovallismo.

Y el otro, que la segunda ciudad más importante del estado va a ser gobernada por Morena en el próximo trienio y el candidato ganador, Felipe Patjane, logró colocarse en el ánimo del electorado por sus propuestas para combatir el crimen organizado. Pereciera que el morenovallismo, desde ahora, quiere entorpecer el funcionamiento del siguiente ayuntamiento.

El delincuente que dejaron huir

Más allá de que si imperaron o no criterios de orden político, el suceso que marcó el reciente derrotero de la Policía Municipal ocurrió de la siguiente manera:

La noche del 8 de agosto, un grupo de agentes de la Policía Municipal acudió a un llamado de auxilio, en la colonia El Carmen, al poniente de la ciudad, en donde se observó la presencia de un par de vehículos con gente armada.

Los policías, al llegar, de inmediato fueron recibidos a balazos por los presuntos delincuentes. Eso provocó un primer enfrentamiento.

Posteriormente los criminales huyeron y atravesaron una buena parte de la ciudad. Pasaron por las colonias Tehuantepec, México y la zona de un libramiento vehicular, para luego internarse en el fraccionamiento Reforma y llegar hasta el fraccionamiento Jardines de Tehuacán, donde se dio un segundo enfrentamiento.

El saldo fue la muerte del comandante Marco Rafael Vera Ascención y otros dos uniformados gravemente heridos.

De lado de los pistoleros, uno de sus integrantes logró ser detenido por la Policía Municipal, situación que quedó asentada en sus registros.

Cuando el detenido fue presentado ante la autoridad ministerial, ya se había vencido el plazo legal y no se siguieron los procedimientos de la cadena de custodia.

El detenido quedó en libertad. Era evidente que la falla vino de la Policía Municipal, algo incompresible sobre todo si había sido abatido un jefe de la corporación de seguridad pública.

Surgió la versión de que el hombre liberado no era cualquier persona, sino se podía haber tratado del líder de la banda.

Y que esa agrupación, al parecer, recibía protección oficial.

En los días posteriores nunca surgió una versión convincente que explicara los fallos en la entrega errática del supuesto criminal ante las instancias de la Fiscalía General del Estado.