Poscensura: los nuevos medios estratégicos de control

Poscensura: los nuevos medios estratégicos de control.

“Hoy, cualquier editorial tiene motivos para ser cobarde, para no publicar ciertas cosas que podrían ofender a los pajilleros de la indignación. Se establece así una censura previa, como en tiempos de Franco”, argumenta el escritor y periodista español Juan Soto Ivars en un interesante y pertinente artículo publicado en la revista Ajobanco. El también colaborador del diario El Confidencial es autor del libro Arden las redes: La poscensura y el nuevo mundo virtual.

Ajoblanco.

Sobre dicha tesis se desarrolla el artículo en cuestión: “#poscensura, una amenaza para la libertad de expresión engendrada por la libertad de expresión”, que se sostiene en el concepto que propone este autor. Lo interesante de este concepto, que se envuelve en un proceso aparentemente opuesto al que podríamos relacionar con la censura, es precisamente la libertad de expresión con la que los vehículos que lo hacen circular se disfrazan. Y por estos vehículos nos referimos a las hoy vitales redes sociales.


Aunque Soto Ivars no consigue ubicar con mucha precisión los orígenes del nuevo contexto en el que nos encontramos alrededor del globo, sobre el cual se edifica la llamada poscensura, señala 2004 como un momento clave. El año del primer lanzamiento de Facebook (llamada en aquel momento The Facebook), la red social que desde entonces se ha vuelto, poco a poco, parte esencial de nuestra cotidianidad. Facebook, la principal del grupo que el escritor denomina poemas escritos en Código (Google, Twitter, Facebook, Instagram), es gratuita pero no por eso, señala, se le puede llamar libre; ni a esta ni al resto de redes que en gran parte rigen hoy en día nuestra comunicación. “Facebook ha mercantilizado las relaciones humanas, Twitter (…) las ideológicas, Google (…) nuestras dudas. En la red social se establece un mercado de premios y castigos en una subasta donde somos todos tasadores, clientes y productos. Y la ofensa es la moneda”.

Ante esta conceptualización metafórica de la ofensa como la moneda de cambio de las redes sociales es que el autor cimienta su argumentación. A pesar de la libertad que sentimos al navegar en estos vehículos (publicando, compartiendo, retuiteando), el miedo, proveniente de la experiencia, asecha cada vez más. Aquí nos topamos de frente con este nuevo método de censura (de poscensura).

La poscensura y el caso de Cassandra Vera

El ejemplo que ilustra los argumentos del autor es el caso de Cassandra Vera, chica estudiante y transgénero condenada a prisión a principios del año en curso por twittear chistes de Carrero Blanco, militar y político español asesinado por el grupo armado ETA en la llamada “Operación Ogro”, y uno de los principales responsables de la administración franquicia. La detención de Vera fue posible debido al cambio legislativo que en 2015 hizo el Partido Popular (PP) del Código Penal español. A partir de dicha modificación, relata Soto Ivars, “lo que la Audiencia Nacional, la policía o la Fiscalía interpretase como una ofensa a las víctimas del terrorismo o una apología sería considerado terrorismo, independientemente de la opinión de las víctimas”.

Twitt Cassandra Vera

La censura que envuelve la detención de Cassandra es calificada por el autor como censura vertical, la misma que caracterizó la dinámica de represión de la dictadura franquista. Y la antepone justamente al nuevo concepto de poscensura, que para él es horizontal: “No se expresa con sentencias sino con linchamientos en redes sociales, que rápidamente encuentran eco en los titulares de la prensa”. Vera fue víctima también de este nuevo tipo de censura; fue calificada dentro de las redes por un sinfín de etiquetas sociales denostativas construidas a partir de los tuits publicados en el timeline de su Twitter, como si aquellos fueran registro de su esencia o baúl de sus antecedentes vitales. Su condición de chica transgénero sirvió asimismo para cocinar todas esas ofensas que sufrió en la red social por hacer uso de aquel derecho, cuestionable en la acción, de libertad de expresión.

La poscensura tiene como víctimas a las que desde los ojos de la justicia nunca pensaríamos que volverían a serlo: las que “pierden su trabajo por hacer un chiste, periodistas despedidos de sus medios, escritores sin editorial, profesores sin trabajo”. Además, la autocensura con la que las editoras de ciertos medios maniobran, resalta el autor, “establece así una censura previa, como en tiempos de Franco”, y continúa “Todavía es tenue, todavía no han conseguido hacerla rígida, pero si no cambiamos nuestra forma de relacionarnos con lo que no nos gusta o nos ofende, pronto habremos contribuido a hacerla colosal”.

 

 

Con información de Ajoblanco.