Por sus obras los conoceréis

¡Ay de los pueblos gobernados por

un Poder que ha de pensar en la

conservación propia!


Jaime Luciano Balmes

 

Las referencias evangélicas atribuyen a Jesús la sentencia “por sus obras los conoceréis” para prevenir a sus discípulos de quienes con grandilocuentes peroratas pretendían atraerlos. Es decir, alejarlos de los choros mareadores y acercarlos a los hechos. Más que oír a los falsos profetas, atender a su forma de vivir y actuar.

Por esos vericuetos transitan politicastros y supuestos servidores públicos. Improvisados y advenedizos apelan al patriotismo declarativo, el encendido discurso o la fácil promesa, para tratar de disimular sus aviesas intenciones y malas mañas.

El poder es perverso por definición pero eso no significa que tengamos que tolerarlo mansamente, cual designio divino. Por el contrario, levantar la frente y alzar la voz frente a los actos de autoridad que nos perjudican, es lo menos que podemos hacer.

Los gobernantes no nos hacen ningún favor, están ahí por decisión propia y se asignan sustanciosas remuneraciones por sus servicios. Los recursos que administran y ejercen provienen del trabajo y el sudor de los gobernados. En consecuencia, son éstos últimos quienes tienen la obligación y el derecho de exigir cuentas claras e, incluso, debieran contar con los mecanismos que le permitieran remover de sus cargos a los funcionarios incapaces y corruptos.

Partidos y gobernantes se han construido una fortaleza para defender sus intereses y prebendas, al tiempo de evitar que los ciudadanos ejerzan a plenitud sus derechos. En México y el mundo esa es la gran disputa de los tiempos que corren. Paradójico pero innegable.

Porque al amparo de la impunidad, la soberbia y el agandaye de los poderosos se han desbocado sin freno. Uno a otro se suceden los escándalos protagonizados por políticos, funcionarios, empresarios y banqueros, generalmente coludidos, sin que la justicia alcance a los responsables. Salvo por venganzas personales o conflictos de intereses.

Así que los ciudadanos se las tienen que ingeniar para hacer frente a los abusos del poder. En esa lucha cuentan con escasos pero efectivos aliados: las redes sociales, espacios en algunos medios informativos, ciertos comunicadores y servidores públicos que permiten abrir cauces institucionales y recursos legales que les llevan a obtener ocasionales pero significativas victorias.

Los políticos como los entrenadores se miden por sus resultados. Eso no tiene remedio y ellos los saben. La obra pública se convierte en el mejor escaparate para lucir sus virtudes y defectos. Por sus obras los conoceréis dijo el profeta y el dicho aplica a los políticos como anillo al dedo.

No hay político que no quiera trascender y pasar a la posteridad. A ello dedican buena parte de su esfuerzo y suelen elegir alguna obra que sea referente de su gestión. Pero las obras también constituyen una de sus principales fuentes de ingresos  (el famoso diezmo) y la combinación no es siempre exitosa.

Así, la Estela de Luz quedó como testimonio del sexenio fallido y corrupto de Felipe Calderón. El monumento se planeó para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana. Debía inaugurarse el 15 de septiembre de 2010 y no ocurrió sino el 7 de enero de 2012. Desde el principio se cuestionó la concepción, el diseño y la ubicación. Además, el costo original de 200 millones de pesos, se disparó hasta los mil 575 millones, dejando constancia de la ineficiencia y el turbio manejo del presupuesto nacional.

Ahora Marcelo Ebrard, quien construyó su carrera política bajo el signo de la eficacia, enfrenta serias acusaciones por las fallas en la Línea Dorada del Metro, la mayor obra de su gobierno con un costo de 26 mil millones de pesos. La investigación está en marcha y no se han deslindado responsabilidades, pero 450 mil usuarios cada día sufren las consecuencias de la suspensión del servicio provocada por las fallas constructivas.

Y Puebla no se queda atrás en la materia. El capricho del gobernador, Rafael Moreno Valle, por construir un teleférico en la zona histórica de Los Fuertes que testimonian la lucha contra la invasión francesa, sin contar con los permisos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) provocó la indignación de especialistas y activistas que encabezaron una aguerrida batalla para evitar el despropósito gubernamental. La confrontación llegó a los juzgados entre amparos y suspensiones, hasta que, finalmente, la obra se suspendió definitivamente.

Casos como los mencionados hay como para una enciclopedia y seguirán ocurriendo en tanto los gobiernos no aprendan a respetar la legalidad y a consultar a los ciudadanos respecto a la pertinencia de las obras proyectadas. Además, someterse a la contraloría social para que los recursos se ejerzan de manera eficiente y transparente.

Cierto eso afecta los intereses de contratistas y constructoras; que se corta el flujo de los diezmos y otros repartos indebidos, pero no hay de otra si se quiere transitar hacia el cacareado Estado de derecho y el saneamiento de la administración pública.

Cheiser: Con fiereza y decisión Vladimir Putin les dio una sopa de su propio chocolate a Estados Unidos y la Unión Europea. La relampagueante estrategia consulta popular–anexión de Crimea, convirtió en triunfo pírrico el golpe de Estado que puso a Ucrania en la órbita de las potencias occidentales. Ni modo, mi querido Obama, el que a hierro mata…




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