Por qué. Por qué. Por qué…

Suponiendo que las obras que se realizan en la ciudad de Puebla (no en el municipio, nomás en la ciudad) fueran indispensables; suponiendo que está bien que no estén incluidas en sus proyectos correcciones de sitios de inundación y cruceros intransitables; suponiendo que hubiese que aprovechar antes de que acabe el año las partidas federales que se otorgan para ello, con el fin de que no incurrir en el temido subejercicio presupuestal; suponiendo que el affaire de los PPS se justificara en beneficio ciudadano y no solo de los funcionarios y constructores; suponiendo que no hay otras necesidades que cubrir con los dineros de los erarios estatal y federal; suponiendo que no inflan hasta el borde del estallido los precios de las obras; suponiendo que es mentira que los gobernantes se quedan hasta con 60 por ciento de lo que dicen que cuestan los revestimientos de calles, ciclopistas voladas, puentes y banquetas; suponiendo que era imprescindible cambiar a los propietarios de los verificentros y no se trata de un negocio más, éste con Jorge Kahwagi; suponiendo todo lo anterior sin conceder, por supuesto:

¿Por qué no ponen avisos de dónde están cerradas las calles, de qué obras van a llevar a cabo, de cuánto tiempo van a durar? ¿Por qué cierran simultáneamente vías alternas, lo que hace imposible transitar en una dirección? ¿Por qué embotellan sin sentido los flujos de automotores que amontonan con sus trazos? ¿Por qué no hay personal capacitado, ni mucho menos agentes de tránsito, para aliviar la tensión vehicular y con ello la crispación social que existe en esta ciudad?

Creo que con esta política municipal, decidida y ejecutada por Rafael Moreno Valle, el gobernador está seguro de que, una vez terminadas las obras, la gente le aplaudirá y votará por los diputados que él proponga a través de los partidos que ha adquirido y los que pacte con el PRI.


Puede que se equivoque.