¿Por qué los aranceles de EU representan un riesgo para la economía mexicana?

El gobernador del Banco de México señaló en días pasados que “la imposición a México de aranceles al acero y aluminio por parte de Donald Trump podría desatar una guerra comercial que pone en riesgo la estabilidad económica”. Ello es así, debido a que el gobierno mexicano ha venido impulsando desde los años ochenta, una estrategia de crecimiento sustentada en las exportaciones, sobre todo al mercado estadounidense, que es nuestro principal socio comercial. A pesar que el gobierno defiende dicha estrategia, afirmando que es “un mecanismo para promover una mayor actividad productiva, crecimiento y empleos”, tal situación no ha acontecido. Tales objetivos no se han alcanzado, sino por el contrario, la economía nacional enfrenta problemas de desindustrialización, de bajo crecimiento económico, de creciente subempleo, de bajos salarios, y presiones crecientes sobre el déficit de cuenta corriente de balanza de pagos, y altos niveles de endeudamiento, que aumentan la fragilidad y vulnerabilidad de la economía.

Los aranceles establecidos en Estados Unidos a ciertas importaciones, tienden a generalizarse a más productos, debido a su propósito de reducir el crecimiento de éstas, para impulsar la producción interna de dichos bienes e impulsar su crecimiento económico. Ello pasa a afectar a las economías, como la nuestra, que tienen como principal mercado de exportación a dicho país. Se restringirá por lo tanto el crecimiento de exportaciones, como la entrada de capitales ligadas a éstas, por lo que ello tendrá impacto en el sector externo, como en la dinámica económica nacional, y presionará a su vez sobre el tipo de cambio.

El establecimiento de aranceles en Estados Unidos, se está generalizando entre los países afectados, lo que desacelerará más al comercio internacional y refleja el inicio del fin del libre comercio a nivel mundial. El que la principal economía del mundo, cuestione el libre comercio y establezca aranceles a las importaciones para disminuir su déficit comercial e incrementar su dinámica económica, está llevando al resto de países a actuar en consecuencia, para protegerse frente a ello.


México será afectado, dada su gran apertura comercial. Las exportaciones más importaciones en relación al Producto Interno Bruto representaron en 2016 78.1 por ciento. Ello ha generado fuertes rezagos productivos y altos niveles de endeudamiento que impiden a la economía nacional hacer frente al proteccionismo creciente que se avecina en Estados Unidos. El país no tiene capacidad de impulsar los encadenamientos productivos internos, para producir internamente los bienes provenientes de Estados Unidos a los cuales se impondrán aranceles. No hay política industrial, no hay política agrícola, ni política crediticia, ni fiscal orientada a impulsar las cadenas productivas internas, para producir internamente los bienes que serían sujetos a aranceles. Tampoco cuenta el país con disponibilidad de divisas para financiar importaciones provenientes de otros países, dado el déficit de cuenta corriente, como pro la menor entrada de capitales que se avecina.

Para encarar el riesgo que la guerra comercial representará para la economía nacional, el país no puede seguir apostando a más tratados de libre comercio como ha venido aconteciendo, ni se puede mantener a los existentes, pues hemos sido perdedores. Hasta el propio Estados Unidos está replanteando el libre comercio.

El escenario internacional que viene, es la generalización de aranceles y la desaceleración del comercio internacional. La respuesta gubernamental debe ser replantear su inserción en la economía mundial, y no colocar como estrategia de crecimiento las exportaciones, como ha sido hasta ahora, sino impulsar el crecimiento hacia adentro, lo que requiere recuperar cadenas productivas que se han perdido. Ello permitirá crear condiciones endógenas de acumulación y crecimiento y reducir el déficit del sector externo, lo que nos permitiría ser menos vulnerables al acontecer internacional.

Para impulsar el aparato productivo, se requiere replantear también la política macroeconómica predominante. Se requiere de política fiscal expansionista a favor de lo productivo y del empleo, así como de una política monetaria acomodaticia que acompañe dicho proceso. Esto debe estar en el debate nacional por parte de aquellos que nos quieren gobernar en el ejecutivo y en el legislativo.