¿Por qué la obsesión contra los mototaxis?

Anteanoche y la madrugada de ayer el gobierno del estado desató una ola de violencia en  tres localidades de la zona conurbada de Puebla, que tuvo como episodio más visible la ocupación por más de seis horas de la autopista México–Veracruz; son los peores hechos de violencia de varios que han ocurrido por este motivo desde que Rafael Moreno Valle ocupó el Ejecutivo poblano.

He preguntado a muchas personas dos cosas: si piensan que el gobernador está obsesionado por desaparecer a estos pequeños transportes de servicio público y, si es así, por qué existe esta actitud de parte del mandatario.

Salvo alguna persona dependiente del gobierno de Puebla, la inmensa mayoría asegura que la obsesión existe y se presenta en grado de compulsividad, lo cual ya merece una revisión profesional.


¿Por qué la tiene? Para esta pregunta hay varias respuestas, no excluyentes entre sí. Una muy frecuente es que los mototaxis florecieron inicialmente en el gobierno de Mario Marín, con Valentín Meneses al frente de la Secretaría de Transportes. Entonces, todo lo que huela al gober precioso debe desaparecer. Yo digo que puede ser, pero por qué entonces no se procesaron a todos los funcionarios marinistas que deben haber saqueado el erario de manera abundante; todos, excepto el de la Secretaría de Salud, quien está en la cárcel y procesado, seguramente disfrutan de sus fortunas en cómodos sitios del planeta, sin amenaza alguna de parte de la ley local.

Otra es que el gobernador y/o algunos de sus funcionarios hicieron un pacto con los permisionarios del transporte público para extinguir a los mototaxis porque les  ganan buena parte del pasaje. Puede ser en algunos casos, pero el servicio de los mencionados triciclos es muy localizado, y se ofrece a personas que no tomarían un taxi ni un autobús, por la distancia que deben recorrer.

Mencionaré una tercera respuesta: el gobernador considera que los mototaxis afean su megalópolis, para la que él ha trazado vías y puentes blancos, la rueda de la fortuna más grande del mundo y sus alrededores, y hasta un teleférico que no pudo hacer porque unas afanosas mujeres defensoras del patrimonio le ganaron en el plano legal.

¿Cómo aceptar que en la foto que toma el turista japonés de la ruedota de la fortuna aparezca una cucaracha procedente de Tlaxcalancingo con señoras de mandil cargando canastas de nopales y mocosos chamacos? A mí me complace esta explicación de estética circunstanciada más que las otras.

Pero ¿sirven los mototaxis? Deben servir, de otra manera no proliferarían. La gente encuentra en ellos un transporte barato y adecuado a sus necesidades. Ahora, que sean una novedad en Puebla no significa que no existan en otros lugares desde hace mucho tiempo, y en ellos nadie les hace el feo, el fuchiquénacos, pues. Por ejemplo, en Mazatlán tienen décadas atendiendo a la ciudadanía y les llaman “Pulmonías”; en La Habana, Cuba, donde el problema del transporte es gravísimo, les llaman “Coquitos”. Los hay en Mérida, en Oaxaca y en decenas de ciudades mexicanas de la mayoría de los estados de la República, y hasta en algunas partes del DF.

Pero los mototaxis pueden tener pedigrí y hasta glamour: los hay en París. Sí, en la Ciudad Luz, en una de las urbes más refinadas, sofisticadas y hermosas del mundo. No dirá el señor gobernador que allí afean el paisaje urbano o estorban el tránsito. Pongo unas fotos que dan fe de que sí se utilizan mototaxis en la ciudad que “bien vale una misa”, la ciudad del amor, en la que se puede pedir la mano a una dama y hasta si te avientan el anillo al río Sena, el rechazo sabe a lavanda.

Me parece que estos pequeños transportes tienen muchas ventajas, entre ellas la creación de empleos y la solución de graves problemas creados por la desenfrenada expansión urbana; la que, por cierto, no es motivo de control gubernamental. Eso sí, hay que regular su funcionamiento.

Echarles encima camionetas pick up con gente armada que nadie sabe a qué corporación pertenece o si son fuerzas parapoliciacas; arrestar hasta a los pasajeros, incluso a los que son menores de edad, no es una solución, sino la complicación del conflicto. No son los mototaxistas el problema, son la irracionalidad gubernamental y la brutalidad policiaca o francamente paramilitar las que lo producen.