La política social de AMLO: un proyecto histórico para revertir la pobreza y la desigualdad social

Según las mediciones del 2016 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), el 43.5% de la población mexicana vive en condiciones de pobreza. Esto equivale a 53.4 millones de personas, de las cuales, 7.6% (9.4 millones) se encuentran en el círculo terrible de la pobreza extrema. Esta cifra ha aumentado en los dos últimos gobiernos del PAN y del PRI, pues en 2006 el conteo era de 44.6 millones. Es decir, entre los gobiernos de Calderón y Peña, casi diez millones de mexicanos pasaron a formar parte de la estadística de la pobreza. Por tanto, es absolutamente falso que ambos gobiernos hayan logrado reducir la brecha de la desigualdad y de la vulnerabilidad social.

De hecho, como es ampliamente sabido, desde que fue creada la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) en 1992, las políticas públicas de “combate a la pobreza” han sido un rotundo fracaso y han terminado por convertirse en un instrumento político para coaccionar el voto.

Para amplios sectores ha sido una grata sorpresa saber quién ha sido designada por Andrés Manuel López Obrador como la futura titular de la SEDESOL: María Luisa Albores González. Originaria de Ocosingo, Chiapas, es ingeniera agrónoma, egresada de la Universidad Autónoma Chapingo, especialista en producción de café sustentable. Realizó estudios de maestría en Pedagogía del Sujeto y Práctica Educativa en el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (CESDER), en la Sierra Norte de Puebla. La respaldan 18 años de trabajo comprometido con la Unión de Cooperativas Agropecuarias Tosepan Titataniske (Unidos Venceremos), cuyo epicentro es el municipio nahua de Cuetzalan, la cual se ha consolidado como una gran organización campesina-indígena, pionera en la producción de miel y café orgánico, ecoturismo, vivienda sustentable, salud, ahorro, entre muchos otros temas.


Como lo vemos a diario, parte de la guerra sucia orquestada por los operadores políticos prianistas en las regiones más pobres ha consistido en mentir y asustar a los beneficiarios de los programas sociales de la SEDESOL como PROSPERA o los comedores comunitarios, diciéndoles que una vez que AMLO asuma la presidencia, se les retirarán todos los apoyos y subsidios. Al respecto, María Luisa Albores ha señalado en repetidas ocasiones que los programas sociales no van a desaparecer, sino que por el contrario, se reforzarán, aunque ello no significará la continuidad de la política social prianista. Habrá cambios sustanciales, sobre todo para abandonar la perspectiva asistencialista, que es precisamente la que ha creado una situación de dependencia entre la población.

El programa de apoyo a los adultos mayores, por ejemplo, que fue mal copiado por el gobierno federal del que puso en marcha López Obrador en la Ciudad de México, será actualizado: se duplicará el monto, será mensual y no bimestral y se entregará de manera personal a los beneficiarios, evitando con ello el desplazamiento de personas de la tercera edad a sitios lejanos en donde se encuentren los bancos.

La próxima titular de la SEDESOL también ha señalado que estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas tendrán una especial atención y allí se enfatizará la redistribución del presupuesto público, pues se sabe que en sus territorios hay altos índices de pobreza y marginación. De esta manera se buscará reducir la brecha de la desigualdad entre los que más y los que menos tienen, bajo un concepto elemental de justicia social.

La nueva política social representa en sí misma una ruptura con el pasado y parte de los siguientes principios: a) la mayor parte de pobres está en el campo, por lo que es allí donde deben aplicarse más recursos, en coordinación con otras secretarías como SAGARPA; SEMARNAT o SEDATU; b) el nuevo modelo tiene que partir del sujeto social, de sus necesidades y expectativas, desde los territorios, de abajo hacia arriba y no al revés como se ha hecho siempre, desde el escritorio y desde los puros indicadores; c) la visión de la SEDESOL será la de disminuir paulatinamente la desigualdad; d) los pobres ya no serán reducidos a meros objetos pasivos, beneficiarios de dádivas a través de programas que son utilizados con fines electorales; e) la política social será transversal y deberá atravesar la acción de todas las secretarías, por lo que no deberá ser exclusiva de la SEDESOL.

La política social en México está próxima a experimentar un cambio de paradigma. El camino no será fácil, pues habrá que desmontar una visión que reduce a los pobres a un botín electoral y que se ha forjado a lo largo de varias décadas. Pasaremos de un modelo asistencial que ha fracasado, consistente en “regalar” dinero a “los más pobres” con el fin encubierto de controlarlos electoralmente, a una nueva manera de potenciar las capacidades de los sectores sociales que han sido empobrecidos en tres décadas del modelo neoliberal, reactivando y fortaleciendo las economías locales a través del fomento a la productividad. Reducir la brecha de la desigualdad, es decir, la distancia entre los que más y los que menos tienen es urgente no solo por un elemental sentido de la dignidad humana, sino porque es causa fundamental de la violencia y de la ruptura del tejido social. Es por ello que nos encontramos en la antesala de una gesta histórica, pues la transformación de la que el pueblo es protagonista y que se cargará de sentido el próximo primero de julio sigue partiendo del principio de que por el bien de todos, primero los pobres.

Milton Gabriel Hernández García. Antropólogo.