Política de lágrimas y risas

Por Roberto Borja.

México se encuentra en franca decadencia social y política. Basta leer la prensa de casi cualquier día para confirmarlo. Las noticias que dan cuenta de ello van de lo trágico a lo ridículo.

Por ejemplo, éste fin de semana, del 5 al 7 de enero: El presidente de la república se vuelva a equivocar con motivo del día de reyes. Ya ni vale la pena el choteo. Por su parte, Porfirio Muñoz Ledo nos grita que ya se prepara un golpe de Estado favorable a Meade.


Otra. Se manda por error al ex gobernador corrupto de Quintana Roo, Roberto Borge, al penal femenil de Morelos. Pero no se equivocó el chofer sino el juez. Para caerse de risa.

Mientras tanto, sigue subiendo la cuenta de los muertos. Primera plana: 32 en un día en Chihuahua y aparecen cinco cabezas sobre el cofre de un taxi en Veracruz. Guerrero, Baja California, y otros estados aportan su cuota. Total, más de 40 muertos el fin de semana. Se calcula que llegarán a 30 mil en el año. El más sangriento desde que se lleva el conteo.

Una noche antes se producen saqueos de tiendas en varios estados, aparentemente coordinados desde las redes sociales. Un día después el gobierno de Puebla anuncia que logró el decomiso de huachicol como nunca antes.

En este contexto, uno de los candidatos a la presidencia, López Obrador, nos anuncia que, de ganar las elecciones, nombrará como Secretario de Seguridad nada menos que a Alfonso Durazo, asesorado por varios personajes que por lo menos tienen algo de experiencia en el tema.

De la parte trágica está por supuesto la suma de los muertos. De la comedia el grito de Porfirio, el saqueo a los comercios o el decomiso de huachicol. Y de la cómica, no sé quién se lleva la plana, si el Presidente y sus lapsus continuos o el nombramiento de Durazo.

Sobre el tema de la seguridad cabe reconocer que no sólo AMLO ofrece propuestas muy por abajo de los problemas existentes. Los otros precandidatos pretenden igual que, de ganar, lograrán acabar con la inseguridad, la impunidad y la corrupción. Lo que sucede es que en estos días AMLO si se ganó la plana al anunciar que en tres años acabaría con la guerra al narcotráfico sobre la base de estudiar todas las propuestas, inclusive la amnistía a los capos y a los campesinos, y luego adelantar que Durazo encabezará la nueva estrategia de seguridad.

El tamaño de los problemas de la seguridad en el país ha llegado a ser ya un asunto que demuestra no sólo la crisis de las políticas públicas y de gobierno, sino la crisis del Estado mismo, al grado que no son pocos los que hablan de un Estado fallido. 8 de cada 10 mexicanos viven con miedo, según las últimas encuestas. Las casas, las calles y fraccionamientos enteros levantan verdaderas fortalezas con vallas, cámaras, alarmas, organizaciones vecinales, etc. En fin, no me voy a alargar en la descripción de todas las medidas y los estados de ánimo que se han creado como producto de la inseguridad. Lo vivimos todos los días.

Por supuesto la inseguridad hunde sus raíces en la impunidad, la corrupción, la incapacidad de las policías, y un largo etcétera. Pero por eso resultan plenamente demagógicas las propuestas de todos los candidatos. Por una razón fundamental: ninguno de ellos alcanzará más del 35 por ciento de los votos.

Me explico. La inseguridad en México empezó a crecer a pasos agigantados como producto de la descomposición del viejo régimen autoritario. La transición a la democracia, en lugar de permitir el acuerdo para fortalecer al Estado en sus tareas básicas de desarrollo social con justicia, equidad, respeto a los derechos humanos y legalidad, se convirtió en el escenario de una lucha cada vez más polarizada entre las principales fuerzas políticas. El pluralismo político se volvió impotencia. Sociedad y Estado quedaron a merced de los poderes fácticos, corporativos y criminales. Y así hemos seguido, profundizando la competencia descarnada por el poder, al tiempo que debilitando las instituciones que garantizan la convivencia civilizada. La Ley de seguridad vino a ser la cereza del pastel, en la medida que reconoce de derecho lo que ya es una realidad de facto: la militarización del país como consecuencia del debilitamiento extremo de las instituciones civiles de seguridad.

En ese devenir, la crónica de las elecciones de este año nos anunciará nuevamente que bajaremos un peldaño más de nuestra propia decadencia. A menos que la clase política se ponga las pilas y reconozca que la forma en como están conduciendo la vida política del país nos está llevando al abismo y que urge un gran acuerdo, un verdadero Compromiso Histórico por la reconstrucción del Estado como un verdadero Estado Social y de Derecho. Y que en este sentido, cualquiera que gane deberá actuar en consecuencia. Solos no podrán. Infortunadamente no parece que sean conscientes de la gravedad del problema. Afortunadamente ya tenemos en la Constitución algunos elementos que permitirían avanzar. Lo que falta es la voluntad. Quizá pronto toquemos fondo y no les quedará más remedio que reconocerlo.

Por cierto que no tengo nada contra Durazo. Alguna vez lo conocí y me cayó bien. Pero creo que en caso de ganar AMLO él mismo debería ponerse al frente del compromiso histórico para construir el Estado social y de derecho, crear efectivamente un consejo para la estrategia de seguridad, encabezado por su jefe de gabinete, con un secretario técnico con mucha experiencia y, por supuesto, con un secretario administrativo muy eficiente. Ahí, en este puesto, si me imagino a Alfonso Durazo.