Política económica de Trump vs. política económica en México

La preocupación de volver a hacer a Estados Unidos otra vez grande, lleva a ser pragmático en la política económica Trump.

Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos con una propuesta de reactivación económica y de generación de empleos, a través de revisar los acuerdos comerciales y avanzar hacia un comercio justo, que reduzca su déficit de comercio exterior, e impulse exportaciones y reduzca importaciones, y él está siendo consecuente con ello, al rechazar desde el inicio de su mandato el Acuerdo Transpacífico de libre comercio, como con la revisión del TLCAN, donde trata de imponer sus condiciones en dicha dirección, y de no lograrlo, se retiraría de dicho acuerdo comercial. Aunado a ello prometió que reduciría los impuestos sobre el ingreso, de 35 por ciento a 20 por ciento, y todo se encamina en el Congreso de su país para que ello sea así. Esta política estimulará el retorno de inversiones estadounidenses a dicho país, así como la entrada de inversiones de otros países, lo que impulsará el crecimiento económico y la generación de empleos que es lo que se busca. La política proteccionista abre opciones de inversión para sustituir importaciones, e incrementar el valor agregado nacional de sus exportaciones, lo que traería efectos positivos sobre la balanza de comercio exterior, como sobre el crecimiento productivo y el empleo. La preocupación de Trump, de volver a hacer a Estados Unidos otra vez grande, ante el temor de ser desplazados por la economía China, lo lleva a ser pragmático en sus políticas económicas. De ahí el cuestionamiento que hace al libre comercio, porque han resultado perdedores, dados los déficit de comercio exterior que enfrentan, como por el proceso de desindustrialización, y bajo crecimiento, y de ahí que replantee dicha política. Y para estimular más la inversión en el sector productivo, es que reducirá los impuestos y establecerá estímulos para el retorno de la inversión estadounidense para potenciar así el crecimiento de la inversión y de la economía.

En cambio, en México se sigue apostando por la misma política económica que ha predominado desde hace más de tres décadas. Se insiste y se defiende el libre comercio, a pesar de que nuestra productividad y competitividad está por debajo de la media internacional, y hemos sido perdedores, pasando a tener menos industria, bajo crecimiento, presiones permanentes sobre el déficit de comercio exterior y a aumentar nuestra dependencia de la entrada de capitales. A ello se suman la política de austeridad fiscal y la de altas tasas de interés que contraen el mercado interno, como el ingreso de muchas empresas nacionales e individuos y aumentan los niveles de endeudamiento de unos y otros. Aquí no hay pragmatismo, en el sentido de que si las políticas no generan crecimiento y empleo, habría que cambiarlas. Sino que las mantienen, y confían también en las reformas estructurales de privatización y extranjerización de la economía, que reducen el tamaño del Estado y su participación en la economía, que tampoco logran el crecimiento económico prometido, sino que recrudecen la desigualdad del ingreso y la riqueza.

Los que han ganado con las políticas de libre comercio y libre mercado que el gobierno defiende e instrumenta, son las empresas transnacionales y las grandes empresas y capitales nacionales que se han apropiado de las empresas públicas, y de los sectores estratégicos que eran de la nación. El gobierno defiende tales intereses, y de ahí que no quiere cambio alguno de la política predominante, evidenciando que no está por objetivos de crecimiento generalizado, de mayor empleo, de mayores salarios, de mejor distribución del ingreso. No hay replanteamiento alguno de la política de libre comercio, ni de la política de austeridad fiscal, no de la política monetaria de altas tasas de interés que lleva a que la banca gane lo que quiera. No bajan los impuestos sobre la Renta a las empresas, debido a que el propio Servicio de Administración Tributaria (SAT) se encarga de devolver los impuestos a las grandes empresas, y ni aun así hay crecimiento de la inversión y de la economía. La Auditoría Superior de la Federación reportó hace días que entre 2013 y 2016, el SAT “otorgó devoluciones por IVA e ISR por un billón 345 mil millones de pesos, beneficios que se concentraron en grandes contribuyentes en las industrias automotriz, refinación de metales y maquiladoras”. El año pasado señala que “se devolvieron 257 mil 674 millones de pesos que beneficiaron 2 mil 18 grandes contribuyentes, pero sólo 15 concentraron 104 mil 263 millones”. Otros 8 mil 168 millones corresponden a condonaciones, de los cuales 5 mil 14 millones, 70.3 por ciento, se concentraron en nueve grandes contribuyentes”. Vemos, como se gobierna para los dueños del dinero, nacionales e internacionales, reflejando la clara subordinación del gobierno a tales intereses. Por eso los grandes empresarios no quieren cambio de gobierno, para seguir incrementando su riqueza a costa de las grandes mayorías. De ahí de la necesidad de generar conciencia para decir un Ya Basta generalizado y se traduzca en las urnas en julio próximo para luchar por un cambio de rumbo incluyente y soberano, que reduzca la pobreza y mejore la distribución del ingreso.