Pesimismo

Coincido con quienes han afirmado que los jóvenes fueron los protagonistas de los días terribles que han seguido al sismo del 19 de septiembre. Pese a que no concuerdo con el mote de “millenials” que les espetan cada dos por tres, y que hoy ellos han tomado como bandera para restregársela a todos sus detractores, puedo decir que estas generaciones tan supuestamente dejadas y poco solidarias, nos han dado el ejemplo a seguir. Allá por 2012 escribí sobre los jóvenes y la elección presidencial que acababan de vivir y dije que “…nada ha sido más doloroso que conocer la primera decepción de muchos de mis estudiantes que confiaban en el cambio impulsado por la izquierda y que viven su primera ilusión política hecha pedazos –esperemos que sea la última–, no solo por la derrota de su candidato o cantada por un presuroso IFE apenas con un 22 por ciento de las actas computadas, sino por la constatación del ‘mugrero’ en que nosotros los adultos los hemos metido. (…) Cruel caída de la inocencia juvenil en aras de una democracia engañosa, soez y trunca. Empero, en ese mismo sentido, queda la esperanza de que estos jóvenes, que indudablemente despertaron también por el shock eléctrico y refrescante que fue el movimiento #132, seguirán defendiendo sus derechos y no se callarán hasta ver satisfechas sus demandas. Si ellos siguen de esa manera, mañana cuando sean los adultos responsables del país, quizá no hagan un papel tan lamentable como un buen porcentaje de los que hoy estamos en ese lugar. Cabe esperar muchas cosas de ellos le pese a quien le pese”. Bien, solo espero que nosotros podamos estar a la altura del altísimo nivel en que han dejado las cosas.

No obstante, he de dar la nota pesimista en este momento, pues es necesario que no dejemos de lado aquellas cosas que sucedieron a la par de nuestro duelo, pues el mundo siguió existiendo pese a que la tierra manifestara lo contrario, tan malo como es. En efecto, la pésima nota la dieron los creadores del fenómeno Frida Sofía que medraron de la forma más soez con toda la publicidad vendida a costillas de la desgracia. También la dieron los nefastos que, aprovechando el río revuelto, delinquieron a sus anchas, robando a automovilistas, apropiándose de despensas y saqueando edificios y casas en ruinas. Y qué decir de los políticos y funcionarios públicos, diputados y líderes partidistas, que se colgaron de los apoyos que la ciudadanía donó para colocarles su logo o nombre y decir que ellos los habían proporcionado. Me tocó ver en un centro de acopio a un supuesto diputado que se ofrecía a llevar víveres a una comunidad y que, al negársele, insultó vía virtual a la encargada del centro. También los jóvenes que buscan notoriedad a través de construir organizaciones de apoyo que luego serán sus bases para lanzarse de diputados independientes o lo que sea. Por si fuera poco, al margen de todo lo relacionado con esta crisis humanitaria en la que nos encontramos, operó el huachicol aprovechando que los militares tuvieron que apoyar en las labores de rescate y atención a las poblaciones afectadas; a su vez, los grupos de trata de personas siguieron desapareciendo personas. De igual manera, los feminicidios continúan y hoy llevamos ya más de 85. Según declaró Alejandro Armenta para el diario Megalópolis… “En lo que va del 2017, en el estado de Puebla, se registraron 88 feminicidios de mujeres inocentes que son presas de la inseguridad que se vive a todas horas en la entidad poblana, ‘es el año en el que más feminicidios se han cometido en la historia de Puebla’”. La vida –y la muerte– continúan sin que nada les afecte. Y qué decir de toda la porquería que se destapó en torno a edificios y casas derruidas con respecto a permisos de construcción… y que buena parte de nuestra población sigue viviendo en la miseria más lastimosa.

Soy pesimista pues creo mínimo lo construido a partir del siniestro. Lo mismo sucedió en 1985, los jóvenes se volcaron a las calles y su solidaridad no tuvo igual sino hasta ahora. Sin embargo, esos mismos jóvenes permitieron –permitimos, me incluyo– el fraude electoral en 1988 y muchos de ellos se han sumado a los grupos más nefastos que ha dado nuestro presente, lo mismo partidos políticos que bandas criminales. Muchos de ellos, incluso, tienen espacios mediáticos y se valieron hoy de ellos para engañar y manipular como hicieron sus antecesores en los 80. Es muy cierto que gracias a la incapacidad gubernamental en torno al 85 surgieron movimientos ciudadanos fuertes e instituciones igualmente ciudadanas –como el INE– que, por desgracia, hoy son simples escaparates para justificar al sistema que se encuentra cada vez más decadente. Le apostamos demasiado –¡una enormidad!– a la democracia y a su procuración, que perdimos el objetivo más importante: construir una sociedad más justa, menos corrupta y más equitativa. Hoy hay elecciones más limpias –con alquimias más sutiles, empero– y todos los partidos políticos gobiernan en algún nivel y espacio en nuestro país, pero ello no ha logrado que seamos mejores, al contrario, somos democráticamente corruptos, racistas, misóginos, homofóbicos o nos regodeamos de no serlo a partir de iniciativas mega “chairas y posmodernas”, una manifestación más de la polarización en que vivimos. Soy pesimista, pues llevo años emocionándome con cada nueva iniciativa… y llevo los mismos decepcionado al final. Lo siento por esta sobre dosis de realidad.