Pese a su fuerza, la obra de Yara Almoina es un elogio a la fragilidad, describe Marcelo Gauchat

“Son 24 pliegos de rayones”, la serie de papeles de unos 40 centímetros marcados de manera intensa con la tinta, aparecen frases como “Ya no soy artista”, “No es original” o “Date chance” ■ Foto Abraham Paredes

En todos sus trazos, a pesar de su evidente fuerza, la artista Yara Almoina (1972–2017) muestra una delicadeza y una fragilidad. Esta última, precisa Marcelo Gauchat, historiador y amigo personal de la diseñadora gráfica que incursionó en diversas disciplinas incluidas el video, el grabado digitalizado y la acción en vivo, debe ser vista no como un aspecto que reste importancia a su obra, sino como un elogio, un elogio de la fragilidad.

Dicha fragilidad, apunta, se evidencia en series como aquella en la que Almoina ocupó uno de sus finos cabellos como base de una escritura sobre papel y tinta, o como la acción en uno de sus trabajos últimos –casi inéditos– en los que cuestionó su vena creativa, su capacidad artística, su ser artista, a través del uso de una fuerte tinta negra, trazos aparentemente imprecisos y frases retadoras a su propio yo.

Así, si en el arte contemporáneo artistas presentan piezas que quizá son más contestatarias o radicales, Almoina “penetra el mismo camino, pero lo hace de una manera más sutil”, como distingue Marcelo Gauchat.


El próximo jueves 5 de abril a las 18 horas en la Casa de las Culturas Contemporáneas de la UAP, un espacio académico que abraza al arte a través de su galería, abrirá la muestra Yara Almoina que no es un homenaje, ni una cronología, ni una retrospectiva, ni mucho menos un catálogo razonado de la obra de esta artista profusa de la ciudad.

Curada y montada por el propio Gauchat y Gustavo Ramírez, la exposición es más bien una lectura, un acercamiento intuitivo a la obra que Yara Almoina dejó, antes de su fallecimiento, a quien fuera una de sus mejores amigas y cómplices: Alejandra López.

Durante una entrevista, Gauchat explica que dicha obra fue dejada por Almoina antes de irse a Málaga, ciudad española en la que falleció. Aquí en Puebla, en su apartamento que era también su taller y espacio de creación, la artista y académica dejó obra varia y vasta, de la cual Alejandra López es una suerte de albacea.

Señala que desde hace tiempo, en una de sus últimas estancias en Puebla para preparar otra exposición, se acercó al legado de Almoina acompañado de los reconocidos fotógrafos Ángela Arziniaga y Everardo Rivera, con quienes reconoció y clasificó el acervo, hasta clarificar el contenido de esta exposición.

“(Las obras expuestas) son menos de la mitad: una selección de algunas de ellas, incluidas algunas series, en las que se reflejan el uso de técnicas y materiales como el papel, la tipografía, el grafito, la encáustica y el washi”, dice el curador rodeado de la obra.

Añade que también se incluyen videos, algunos de ellos ya vistos y otros inéditos, que Yara Almoina realizó en la ciudad, trabajando sobre su propia obra o retratando la labor de otros artistas como los artesanos alfareros del barrio de la Luz.

Gauchat puntualiza que no está inserto el video Miradas en el cual, a manera de flâneur, de caminante francés, Yara Almoina encontró y confrontó con su mirada lo que hallaba en esta ciudad.

“Conocí casi toda la obra conjunta de Yara”, dice Gauchat al señalar la serie de libretas intervenidas que resultaron tras una suerte de carteo artístico, de arte postal, realizado entre él, el escritor Gabriel Wolfson y la propia Almoina hace por lo menos 10 años.

De aquel ejercicio artístico, que en su tiempo fue mostrado en Profética como parte de la exposición colectiva Libretas, el curador escogió solamente algunos de los trabajos: aquellos que fueron hechos por la diseñadora gráfica.

“La obra de Yara Almoina es autoreferencial y autobiográfica. Dejan ver su identidad con transparencia. En ella hay una reflexión sobre el tiempo, los materiales, lo que falta, lo que está y no está, y de qué están hechas las cosas”, menciona el curador, repasando de vista a las piezas seleccionadas.

Destaca que el “hallazgo” fue la serie de papeles intervenidos con grafito que fueron producidos por la artista en un momento de cierto enojo, en el que incluso “descreyó del arte o de la creación”, sin abandonar su ejercicio.

“Son 24 pliegos de rayones”, define Gauchat, al mostrar esta serie de papeles de unos 40 centímetros marcados de manera intensa con la tinta, aparecen frases como “Ya no soy artista”, “No es original” o “Date chance”.

El curador destaca que en la exposición, de manera decidida, no hay obra fotográfica ni gráfica, porque dichas exploraciones merecerían otro tipo de tratamientos, indagaciones y exposiciones.

Adelanta que en la exhibición que permanecerá alrededor de un mes en este espacio ubicado en la 2 Norte 1006, en el Centro Histórico de Puebla, se incluirán los textos de Gabriel Wolfson, Alberto López Cuenca y Alejandra López, quienes darán acercamientos poéticos sobre el trazo y la línea de la artista, sobre su incursión al video, a la experimentación y a la acción, y sobre la amistad y el trabajo conjunto.

Marcelo Gauchat destacó además el trabajo del curador Gustavo Ramírez, quien preparó un pequeño folleto basado en uno de los cuadernos dejados por Yara Almoina, que constituyen un ensayo visual sobre su obra.