Periodismo científico

En esta semana se lleva a cabo en nuestra Universidad el Cuarto Seminario Iberoamericano de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación, organizado por el Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), el INAOE y la UAP, entre otras instancias. Para nosotros como universidad es muy relevante contar con un acto tan importante, donde alrededor de 100 periodistas del país en conjunto con cerca de 100 alumnos de nuestra Facultad de Ciencias de la Comunicación, comparten experiencias de periodistas y especialistas de diversas partes del globo en su trabajo para comunicar la ciencia. El doctor Julio César Ponce Rodríguez, titular de Coordinación de Proyectos, Comunicación e Información Estratégica del Conacyt, y representante del director de ese instituto en el acto, en una conversación personal, me dijo que resultaba sumamente positivo el que hubiéramos incluido a los estudiantes de nuestra Facultad en el Seminario. Como se lo hice saber, es sumamente importante que nuestros estudiantes participen en este tipo de actos y se vinculen con la promoción de la ciencia y la tecnología, sólo de esa manera se puede impactar de manera contundente a la sociedad. Lo contrario resulta ser el club de los elogios mutuos entre los pocos periodistas que cubren la fuente y los científicos que realizan las investigaciones. Tema relevante a considerar es lo que entendemos por ciencia, pues usualmente viene relacionado con la producción tecnológica o la investigación en física, química, biología, medicina, y se deja de lado la producción de conocimiento en las ciencias sociales y en las humanidades. Todo ello constituye ciencia también y requiere de una agenda específica en los medios de comunicación. Esta discusión no es cosa menor, pues en pasillos queda esa duda presente. Por ejemplo, platicábamos que la Economía es una disciplina que basa sus principios en procedimientos científicos por lo que, de ser considerada de esa manera, periódicos como el Financiero o el Economista estarían realizando periodismo científico desde su fundación.

Existe por parte del Conacyt, como nos informó Jesús Mendoza Álvarez, encargado de la organización del acto, la idea de la creación de una red de universidades e institutos dedicada a la comunicación de la ciencia y nuestra Facultad de Ciencias de la Comunicación quedaría como un eje fundamental de los trabajos. Por supuesto, esperamos que de estos esfuerzos cristalicen iniciativas interesantes como la formación de recursos humanos en comunicación científica, tanto en las Facultades y Escuelas de Comunicación, como en Facultades e Institutos avocados a la producción de conocimiento científico. Será necesario, les comenté, que vinculemos a las empresas dedicadas a la comunicación, como la televisión, la radio, la prensa, los portales, para que vean que resulta interesante para el público el conocimiento del saber científico y por tanto, puede formar parte del modelo de negocio que ellos manejan. Según nos comentaba Ponce, en recientes fechas la nota sobre el ganador del premio Nobel de Medicina, el científico japonés Yoshinori Ohsumi, había generado más interés en el público que otras notas negativas. Si esta información pudiera ser llevada a los dueños de medios de comunicación, considera que sería un estupendo incentivo. Pienso, empero, que se requerirían otros incentivos, lo mismo que se necesitaría formar no sólo a los periodistas en el particular, sino a los dueños de los mismos. Estoy seguro de que de esa manera podrán apreciar no sólo la viabilidad económica de generar espacios científicos dentro de sus programaciones, sino de su importancia capital en el desarrollo de una sociedad mejor.

Vale la pena sumar a la discusión los tipos de comunicación de la ciencia que existen, al menos en los ámbitos editoriales y mediáticos. Primero que nada, como hemos comentado, el periodismo científico, que usualmente se encuentra en reportajes y notas que cubren descubrimientos o avances científicos. El lenguaje ha de ser cercano a la ciudadanía y el periodista buscará no sólo el interés científico sino noticioso en el acontecimiento. Empero, ha de estar especializado tanto en la cobertura como en el reporte de estos sucesos, pues de lo contrario, se corre el riesgo de mal informar a las audiencias. Como parte de la comunicación en este sentido existen también las revistas de divulgación –como la estupenda Arqueología Mexicana, la revista Ciencia de la Academia Mexicana de Ciencias o la estupenda Elementos, editada por el Instituto de Fisiología de nuestra Universidad– cuyos contenidos son más especializados, pero a la par, más accesibles para el público no especializado. A la par, las revistas científicas que editan universidades, centros e institutos de investigación, cuyo objeto es dar a conocer avances y resultados de investigación con el rigor que cada disciplina determina. Casos ejemplares de estas revistas son Estudios de Cultura Maya en la UNAM, Desacatos del CIESAS o Alteridades de la Universidad Autónoma Metropolitana. Los artículos presentes en estas revistas van dirigidos principalmente a investigadores y estudiosos de esos temas. La comunicación del conocimiento, para no entrar en controversias científicas, es pertinente en un mundo donde lo que menos se valora es el conocimiento producido en las instancias académicas, he ahí su importancia.





Ver Botones
Ocultar Botones