A partir de Cantona, Jesús Sánchez hizo un modelo de análisis e interpretación de objetos

Jesús Sánchez prepara un segundo volumen sobre la escultura cantonesa. Al proyecto se ha sumado la arqueóloga Yadira Martínez, quien ha estudiado el sitio por 14 años ■ Foto Abraham Paredes

El próximo viernes 8 de diciembre a las 12 horas en la sala de lectura de la Biblioteca Histórica José María Lafragua de la UAP, el arqueólogo Jesús Sánchez presentará el primer volumen de La escultura en piedra de la ciudad arqueológica de Cantona, un libro en que ha desarrollado el primer modelo taxonómico para objetos a partir del estudio de la escultura de esta ciudad prehispánica ubicada en el estado de Puebla.

Con ello, el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) construyó un nuevo método de análisis y clasificación de las piezas con el fin de lograr su interpretación. Dicho modelo no consiste en una tipología de clasificación, sino de un modelo analítico–taxonómico que se puede aplicar a cualquier objeto, ya sea antiguo o moderno.

Desde hace 20 años el especialista se ha dedicado al estudio del significado de las piezas creadas por las culturas prehispánicas; actualmente, desarrolla lo que él mismo ha llamado la arqueosemiótica, la cual traduce como el estudio de los vestigios arqueológicos como signos que llevan a conocer el mensaje ideológico de quienes los elaboraron.


Los primeros resultados de su indagación fueron publicados en 2016 en el libro La escultura en piedra de la ciudad arqueológica de Cantona dedicado al análisis de las estatuas, es decir, todas aquellas esculturas de representaciones de seres animados: humanos, animales o híbridos, ya sea en su totalidad o alguna de sus partes anatómicas.

Jesús Sánchez explica que ninguna disciplina había generado un sistema taxonómico de artefactos. Añade que su propuesta es inicial y está basada en los principios de la ciencia, de manera que el modelo puede ser aplicado a cualquier objeto: desde los más antiguos, como las herramientas de piedra, hasta los más actuales, como un automóvil.

El investigador comenta que este modelo analítico–taxonómico lo aplicó a la escultura de Cantona, donde había que hacer una tipología de 690 piezas excavadas desde que iniciaron las exploraciones en 1993 hasta 2000. Uno de los tipos taxonómicos de los objetos es la escultura, y una de las familias, la estatuaria. Por ello, en la primera parte de su investigación se enfocó al análisis de 61 estatuas localizadas en ese periodo.

A través de la aplicación de su modelo taxonómico ha identificado características propias para la escultura cantonesa. En primer término advirtió dos rasgos: piezas de aristas finas, es decir muy bien delineadas, y esculturas de aristas redondeadas que no hacen ángulos; aunque aún no define si su elaboración obedece a dos épocas distintas o si ambas convivieron a lo largo de la historia de Cantona.

Otras características son las orejas rectangulares y verticales, rostros poco definidos apenas con dos o tres orificios en el lugar de ojos y boca; sin embargo, a pesar de su esquema un tanto realista, explica, los brazos no son cuadrados, sino redondeados y cuando buscan ser más detallistas plasman los labios, algunas veces de comisuras finas y otras redondeadas.

En cuanto a las influencias de estilo, Jesús Sánchez observa en la escultura cantonesa elementos de la cultura mezcala, pero también huastecos y toltecas. En referencia a estos últimos, señala que los toltecas debieron reproducir las formas cantonesas, porque Cantona colapsó hacia el año 900 de esta era, cuando comienza el desarrollo de la metrópoli tolteca en la Cuenca de México.

En el caso de la estatuaria, el arqueólogo del INAH considera relevante que de 61 piezas no encontró ni una representación de deidades. Las imágenes de dioses en Cantona, Tláloc y Huehuetéotl, solo son reproducidas en frisos, lápidas y estelas, así como objetos de uso práctico –como los braceros–, pero no contemplativos, naturaleza de las estatuas.

En cambio, halló que los seres representados son personajes del pueblo. Destacan las cabezas deformes, que ha interpretado como jugadores de pelota. Estas figuras no fueron descubiertas en los templos, la mayoría se encontró vinculada a las canchas de juego de pelota y solo dos de ellas en los patios de dos distintas casas. Son hombres con el rostro deformado que quizá terminaron así después de un encuentro muy reñido. En su hipótesis, el investigador también observa la posibilidad de que se trate de trofeos para los jugadores.

Pero las que considera más interesantes son las representaciones fálicas. En este sentido, la hipótesis del estudioso propone que estas piezas son lo más aproximado a la estatuaria de una deidad: “El pensamiento religioso de Cantona es complejo, este pueblo veneraba una capacidad de los dioses: la fertilización”.

En Cantona a la fecha se han descubierto 17 esculturas de falos, varias completas y otras solo un fragmento de esa parte anatómica. Se trata de estatuas, reitera Jesús Sánchez, quien considera interesante que las características de algunas de las mismas no coinciden con falos humanos, sino felinos y algunos son híbridos, mezclados con la forma de una especie de hongo que crece en el excremento de esta fauna y que tiene propiedad afrodisiaca.

Después de analizar estudios de diversos autores sobre la representación del sexo masculino o femenino, llegó a la conclusión de que más allá de representar un culto a la fertilidad la práctica forma parte de la idiosincrasia.

“Si Cantona es tan prolífica en la representación fálica, quiere decir que se trata de una sociedad patriarcal que hace más énfasis en la fertilización masculina”, advierte el investigador.

Señala que dicho postulado se refuerza con la presencia del mayor número de canchas de juego de pelota en Mesoamérica: 27 en total descubiertas hasta hoy.

Jesús Sánchez prepara un segundo volumen sobre la escultura cantonesa. Al proyecto se ha sumado la arqueóloga Yadira Martínez, quien ha estudiado el sitio por 14 años. En ese siguiente título se desentrañará lo qué significó una escultura, no para el hombre actual, sino para quienes la elaboraron y la consumieron: una arqueología que busca la raíz cultural explorando las representaciones de la realidad en la mente, expresada en signos.