Para Mario, porque es humano

Para Mario porque es humano ■ Foto: Wikimedia

No es nuevo que se desaten polémicas ante el afán de Mario Vargas Llosa por designar los correctos e incorrectos en el mundo. Y si lo que está buscando es atención, sin duda la consigue. Redes sociales, columnistas, sobremesas dejando la carne por defender o criticar al arequipeño nacionalizado español, famoso por el papel destacado que tuvo dentro del Boom latinoamericano y autor de obras literarias como Pantaleón y las visitadoras o La tía Julia y el escribidor.

Dentro de esta obstinación (totalmente indispensable) por hablar del literato, sobresale como argumento la importancia de su obra, muy a pesar de que sus declaraciones puedan señalarse de clasistas o sexistas, lo cual me parece que siempre habrá que reconocerle. Sin embargo, aquello del “muy a pesar de” es un poco tramposo. Ambas creaciones, tanto su obra como sus discursos, le pertenecen, y usar su literatura para justificar su valor como tentativa de vocero de la opinión pública es un poco conformista.

¿Por qué hay este respeto a la voz de Vargas Llosa en los medios de comunicación y la opinión pública? La respuesta va más allá de sus grandes habilidades con la pluma. La voz de Vargas Llosa “importa” porque forma parte del círculo intelectual, con un lugar superior dentro de la estructura clasista de nuestras culturas; la supremacía de los cultos.


¿Quiénes son los cultos y quiénes los incultos? El culto o el intelectual son definidos por la cantidad y especie de recursos culturales, reconocidos por las instituciones oficiales, a los que tuvieron acceso. El inculto, en cambio, no ha tenido esta aproximación, y sus conocimientos quedan destinados al rincón de lo folclórico, donde suelen tener paso las tradiciones y costumbres del pueblo, la fiesta, lo no-oficial; los conocimientos ancestrales del indígena, este indio que suele ser hermanado, desde un foco antropocéntrico, con la figura del animal.

Hay, a todas luces, un clasismo en la utilización del concepto de lo “culto” y en la resolución de lo que no lo es. Decretar cuáles conocimientos valen, no es cosecha de designación divina, sino de dictámenes hechos por líderes de opinión reconocidos por su presumida superioridad intelectual. ¿Quién tiene acceso a la obra intelectual? ¿Quién puede acceder a los conceptos propios de la intelectualidad? ¿Quién tiene acceso a la lectura? ¿Quiénes dominan siquiera esta habilidad? Lo culto tiene una asociación histórica con las clases privilegiadas; el culto es el civilizado, el que dejó de ser animal.

Evolución intelectual ■ Imagen: Wikimedia
Evolución intelectual ■ Imagen: Wikimedia

La equiparación del indio con el animal, además de provenir de una mirada especista y derogadora de la valía del conocimiento y la sabiduría de, por ejemplo, cualquier analfabeta, le da un tinte contradictorio al discurso de Vargas Llosa. En su artículo Nuevas inquisiciones, publicado el domingo en su columna de El País, señala la necesidad de “abrir las jaulas de los zoológicos y dejar que las calles se llenen de fieras y alimañas” como metáfora de no obstaculizar la creatividad de los literatos para construir la libertad.

Sin embargo, también defiende una contemplación de los intelectuales como los sagrados, idolatrados, perfectos, “los genios” que “también se equivocan”, como señala en la entrevista que le hizo el lunes Carmen Aristegui, casi tan polémica como el artículo mencionado (Aquí la entrevista completa). El adverbio “también” dentro de su aseveración coloca a estos genios como una partícula dentro la relación dicotómica entre sabios e iletrados, donde caben perfectamente las categorías del bien y el mal (lo bueno y lo malo).

En Nuevas inquisiciones, cuyo motivo es la refutación al Breve decálogo de ideas para una escuela feminista de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CCOO) en España, Vargas Llosa reduce las postulaciones feministas a “buenistas y arcangélicas”, adjudicándoles características de la divinidad religiosa, siendo que, precisamente, se conoce bien a la Iglesia como uno de los principales enemigos del feminismo, con su imposición de roles y estereotipos de género y sexualidad.

Brujería ■ Imagen: Wikimedia
Brujería ■ Imagen: Wikimedia

La caza de brujas es materia suficiente para ilustrarlo, con la Iglesia Católica emprendiendo, en tiempos de la Inquisición, una cacería de las mujeres dedicadas a la brujería: las parteras, alquimistas, y también las mujeres emancipadas y solteras, o las que subsistían mediante la elaboración de remedios caseros; se prohibió, además, tanto el aborto como la anticoncepción, hoy aún motivo de lucha feminista. Y se cazaban brujas pero no brujos. Muy a pesar de esta historia, Vargas Llosa asegura que el buenismo de las feministas va a terminar con la literatura.

Pero no solo aquí se contradice en relación con el feminismo; también en la entrevista con Aristegui, subraya el embeleso que lo llevó a seguir al liberalismo como bandera ética de su vida, el cual, señala, es dirigido a través de postulados que le parecen imprescindibles, como el respeto a la opinión de los otros y la crítica a una postura ideológica. ¿Qué está haciendo el grupo feminista creador del decálogo feminista si no criticando posturas en contra de las cuales se posiciona?

Las feministas del CCOO, en este caso, no están quemando los libros de Vargas Llosa, se limitan a proponer estrategias para lo que ellas consideran una alternativa educativa feminista, la cual ni siquiera se asoma a una resolución final. No se pide en ninguna línea de aquel decálogo “adecentar” la literatura, como señala el escritor, o una modificación en ella; se sugiere una elección previa de la literatura que se enseña y suprimir ciertas obras con tonos machistas de la lista que componga los planes de educación básica, sobre lo cual se puede o no estar de acuerdo.

El clasismo de Mario Vargas Llosa reluce por todo lugar en sus palabras. El mayor insulto que se le pudo ocurrir para describir a Donald Trump (quien, por supuesto, no merece pocos) fue llamarlo tercermundista, adjetivo relativo a aquellos países subdesarrollados donde habitan esos pobres que “no leen porque son ignorantes”, según nos ha ilustrado con su característica prepotencia el autor. Mientras que, por otro lado, el problema de la crítica de las mujeres feministas a obras literarias machistas, proviene de sus “complejos de inferioridad”. Y la lista de calificativos y conjeturas despectivos, clasistas y sexistas parece nunca terminar.

La libertad de expresión

En la entrevista con Aristegui, Vargas Llosa nos narra un México donde hay más libertad de expresión y, consecuentemente, menos censura:

“Que hay más libertad de prensa en México hoy en día que hace 20 años, sin ninguna duda. Y el que haya 100 periodistas asesinados yo creo que es en gran parte por culpa de la libertad de prensa que hoy día permite a los periodistas decir cosas que antes no se podían permitir”.

Por supuesto que la censura promovida por los filtros editoriales de un medio de comunicación, y las relaciones de poder que se puedan general dentro de él, también son formas de ejercer violencia, pero la ola de asesinatos a periodistas que se vive en México también es un tipo de censura. Tal vez los métodos han cambiado. Como si no supiéramos que las disposiciones en este país no se reducen a las dispuestas por instituciones oficiales; es bastante conocido el poder del narco en las decisiones políticas.

Marcha Rubén Espinosa ■ Foto: Wikimedia
Marcha Rubén Espinosa ■ Foto: Wikimedia

Decir que la violencia contra los periodistas es gracias a la libertad de expresión, no solo niega uno de los más dolorosos problemas del país, sino que constituye una afirmación igual de violenta que afirmar que una mujer fue asesinada o violada por su ropa, por salir sola o a ciertas horas, o por no darse a respetar. “Calladita te ves más bonita”. Así parece que la recomendación de Vargas Llosa es atenerse a la norma y al mandato de los poderosos. Cuesta trabajo hablar de esta encomienda concediéndole los ropajes de la libertad de expresión.

El machismo en la literatura

A partir de aquí, preguntaría ¿qué elementos de la literatura podemos presuponer que son valiosos para Vargas Llosa cuando afirma que el feminismo terminará con ella? Si eliminar los tintes machistas y sexistas de la literatura implicaría su fulminación, adivino que, para el autor, la esencia de las obras literarias recae en la reproducción que hacen de aquellos vínculos de dominación. Quiero pensar que la mayoría de nosotros podríamos conferirle una lista larga de virtudes a la literatura, que no simplemente sus figuras machistas.

Por otro lado, hablé antes sobre lo discutible de la prohibición de las producciones literarias como una solución o un sensato cimiento si buscamos alternativas educativas feministas. No obstante, es fundamental instruir en la lectura crítica desde nuestros inicios lectores ¿o se trata de hacer lecturas pasivas, contribuyendo a la normalización del discurso machista, para que las acciones de violadores, asesinos y feminicidas sean justificadas en la literatura como propias de lo humano, o vuelquen a sus personajes en héroes?

Superman ■ Imagen: Pxhere
Superman ■ Imagen: Pxhere

Es casi seguro que el macho no tenga como sus primeros ídolos al intelectual, sin embargo éste puede funcionar como un pilar más al hacer apologías de la violencia, naturalizándola. En todo caso, la lectura obligatoria de ciertos textos en la educación básica también es un ejercicio de censura o represión de otras, y pueden acabar promoviendo obras machistas como producto del ser humano intelectual exitoso; convirtiéndolas en una inspiración.

Esperaría un esfuerzo de los medios periodísticos para emprender réplicas ante las aseveraciones, muchas veces hirientes, que Vargas Llosa hace sobre el tema que le pongan enfrente. Funcionaría la intención de analizar más profundamente su discurso, que se le cuestionara tanto como, por ejemplo, al periodista italiano Roberto Saviano cuando se le acusó de plagio. ¿No sería motivo suficiente la vinculación del Premio Novel de Literatura, por motivos de corrupción, con los Panama Papers? Ocasión de festejo sería que la calidad humana de una persona y sus vínculos corruptos tuvieran más peso que las acusaciones de alguien por plagio.

A Mario hay que exculparlo por su gran obra intelectual, mientras él opina sin mesura, y sobre todo sin demanda previa, sobre los ignorantes y los incultos. Como si los problemas de la deficiencia educativa y el carácter de privilegio que en ella prevalece fueran responsabilidad del individuo: “eres pobre porque quieres”. Mientras tanto, seguiremos viendo a Mario, como ya tuvo a bien decir alguien “batallando contra todo lo que huela un poco a izquierda, viajando por el mundo, copando portadas de prensa con Isabel Preysler o figurando como una celebritie más de los papeles de Panamá”.

 

 

 

Referencias:

Del Castillo, Alberto (2017), “Mario Vargas Llosa: el Nobel que llama ignorantes a los pobres”.