Para la épica, siempre Alemania

Momento en el que Javier 'Chicharito' Hernández anota y logra una nueva marca, su gol 50 con la selección ■ Foto Afp / La Jornada

Mundiales van y mundiales vienen y los teutones, firmes en su papel. Coleccionistas de míticos milagros, el sábado añadieron uno más a sus gestas al filo de la navaja. Lo de menos es la forma. Podrá ser con un gol exquisito (Kroos, 95’) y otro de churro (Reus, 47’). O al amparo del arbitraje –manipulado por los mafiosos de siempre, el VAR se lavó las manos ante claro penal de Rudinger sobre Berg (12’)–, con más empuje que luces, en crisis de creatividad y escasos de tino rematador, pero el caso es que su inverosímil instinto de supervivencia rara vez les falla. Y aunque sea con la última gota de sudor, a dentelladas, Alemania siempre cae de pie y tiene más vidas que un gato. Esta vez la pagó Suecia, equipo bravo pero discretísimo, incapaz de defender el 1–1 aun con un hombre de más (Boateng fuera por doble amarilla a los 82’). A ver si el miércoles los nórdicos no nos aguan la fiesta, luego de que México se diera por calificado durante 94 minutos de agonía.

Hay equipo. No le sobra nada, pero el Tri ha puesto en Rusia un contingente serio, bien integrado, bien dirigido y suficientemente maduro. En Rostov del Don volvió, aunque con intermitencias, a imponer condiciones, frente a tipos que más parecían practicantes de artes marciales (¡24 faltas de los coreanos contra apenas siete, y solo cuatro amarillas porque el croata Mezic tardó una eternidad en sacarles la primera!). Total superioridad azteca hasta que cayó el primer gol (penalti incuestionable, señorialmente cobrado por Vela a los 25’), lapsos de relajación después y hasta un peligroso ida y vuelta durante largos minutos del segundo tiempo, vaivén que el Chícharo apagó con un tanto estratégico (65’). Y sensatos esta vez los tres cambios por más que Rafa Márquez brille como centro medio y sufra a la defensiva. Y cuando parecía predominar la faceta buena de su bipolaridad, ¡zaz! zurdazo inatajable de Son (92’) y a rezar nuevamente por la llegada del pitazo final. Que llegó –menos mal– con todo bajo control, empezando por ese escurridizo balón ruso.

Cambio de papeles. Por preocuparse sobre todo de no dejar jugar a Herrera, los coreanos descuidaron a Vela, que se erigió en director de la orquesta tricolor. Con la partitura entera en la mente, en la batuta y en el cuerpo. Jugadorazo. Si no prosperó en la medida deseada fue porque, fieles a la táctica de ablande, los asiáticos la emprendieron a golpes con el Chucky que, sin rehuirlos y salvo por una limpia acción personal, mal coronada por pegarle a la bola demasiado abajo (40’), pesó poco al ataque. No obstante, le entregaría al Chicharito, poco antes de irse y como culminación del veloz contragolpe del minuto 65, un bombón para que Javier fusilara al muy solvente guardameta sudcoreano. Por unos minutos, México se revistió de autoridad y pareció capaz de clavar el tercero. Hasta que una Corea desfondada se encontró con el golazo de Son, por fortuna extemporáneo.


Colosal Salcedo. Pero si Vela dio luz a la ofensiva, en el cuadro bajo brilló el partidazo de un Carlos Salcedo omnipresente. Para ordenar, cortar y salir jugando con una lucidez y una clase descomunales. Fue el alma y sostén de una zaga apurada a veces por los pelotazos largos del fondo coreano, que buscaba explotar la velocidad de galgos de Young y Chan, dos puntas que parecen corredores olímpicos de los 100 metros libres. Salcedo fue el hombre del partido y, jugando así, pinta para candidato a mejor central del campeonato. A menos que Osorio decida regresarlo a la banda.

De la debacle a la esperenza. ¿Estuvo Messi el jueves en la cancha de Nizhny Novgorod o envió  a un hombre de paja en su lugar? Misterio. Lo que nada tiene de misterioso fue la inexistencia de la Argentina de Sampaoli como equipo medianamente conformado. Y Croacia se dio por invitado al rico asado albiceleste. De abrirle la puerta se encargó un portero tan caballeroso como Willy Caballero, sin demérito del formidable reflejo de Rebic para aprovechar tanta obsequiosidad (54’). De por sí remisos, los ches se quedaron sin reacción. Para los croatas ya todo fue cosa de dejarlos que se atropellaran solos y de aprovechar cualquier coyuntura favorable. La que se fabricó Modric sobre la media luna albiceleste fue de maestro, y fabuloso su remate sobre el palo izquierdo de Caballero para dictar sentencia (80’). Ya el tercer gol fue puro regodeo (90’), tras un toqueteo de balón dentro del área argentina, interrumpido a medias por el arquero, cuyo apurado rechace puso la pelota en poder de Perisic, que la cedió con suavidad a Rakitic para que firmara el finiquito. Hacía siglos que Argentina estaba en el limbo.

Pero 24 horas después, en Volgogrado, Nigeria iba a revivirla. ¿O será tan solo un espejismo? El caso es que el ritmo vivaz de los tambores africanos opacó el sonido monocorde del cuerno vikingo, insistente durante el desabrido primer tiempo y silenciado en el segundo por la inspiración de Musa, que en materia de belleza futbolística puso a competir su ágil cabriola para capturar un servicio magistral de Iehanacho y prenderla a botepronto contra la red islandesa, todo de una pieza (48’), y una larga cabalgata personal por la punta izquierda, superando marcas y bordeando con habilidad al arquero para rematar a puerta vacía (74’). Y aun bordeó el terceto, pues se dio el lujo de estrellar un obús en el larguero de Halldorsson. Que Islandia estaba herida de muerte lo evidenció Sigurdsson ejecutando a la peruana su penalti (83’), VAR de por medio.

Brasil sufre, Colombia canta. Brasil está lejos de ser un superequipo, pero nadie pone en duda su capacidad para regar el césped de talento. Aunque una valiente Costa Rica, sostenida por Keylor Navas y un macizo rocoso en el último tercio mantuvo en suspenso el desenlace hasta los minutos de compensación.

Para Colombia, en cambio, la victoria sobre Polonia endulzó el acíbar del inesperado tropiezo ante Japón, muy condicionado por el penal y la temprana expulsión de “La Roca” Sánchez. Gran partido de James y golazos de Mina, Falcao y Cuadrado para completar rotundo 3–0 sobre un equipo de troncos, incluido en esa maderería Lewandowski.

Frente a los ticos, en cambio, Brasil enmudeció largamente mientras Neymar se estrellaba en los riscos y Keylor le ganaba su mano a mano del minuto 30. La jugada maestra vino de Tite, con el cambio de Douglas Costa por un William infane por la derecha, y los posteriores ingresos de Firmino y Fernandinho. Solo entonces Costa Rica  –salvado por el VAR de un penal ya cobrado por el árbitro holandés Kuipers, a quien Neymar engañó con sus histrionías (80’)– se rindió. Y llegó el gol de Coutinho, fusilamiento impune tras un centro bajado de cabeza por Firmino y prolongado por Jesús Gabriel hasta la boca del arco, donde lo firmó el del Barsa (90’). Entonces sí, con el adversario en todo sentido desfondado llegó la sesión de toque a la brasileña, Neymar puso el 2–0, servido por el imparable Douglas Costa (97’). Triunfo amazónico tan inobjetable como angustioso.

Marcadores cerrados. Hasta el viernes, Rusia 2018 se venía caracterizando por lo cerrado de las disputas, con el 1–0 como marcador más frecuente y favoritos como Uruguay, Portugal y España imponiéndose a duras penas a los correosos equipos de Arabia, Marruecos e Irán, que no solamente se defendieron con propiedad sino llegaron a amenazar a las presuntas potencias. España, que es quien mejor juego viene mostrando, tuvo incluso que apelar al VAR para que se anulara el gol con el que el iraní Ezatolhai hubiera empatado el marcador abierto (y cerrado) por Diego Costa (54’). Y poco antes, Luis Suárez se había beneficiado de una pifia del arquero árabe, que salió a cazar mariposas y le dejó el balón muerto a las puertas del gol (23’). En cuanto a Portugal, tras el asesino frentazo de Cristiano (4’), todo el gasto lo hicieron los magrebíes, sin fortuna a la hora de coronar sus muchos ataques contra la portería de un Rui Patricio en permanente estado de alerta. Solamente el local, con mucho apoyo coral y la moral a tope, ha podido llenar de goles a dos débiles adversarios. Ya veremos cómo le va con Uruguay.

¿Será que los chicos crecen o que los grandes se encogen? Es verdad que las comunicaciones están dejando al futbol sin misterios, pero no es menos cierto que, bajo el imperio de un juego cada vez más físico, los recursos defensivos se han desarrollado muy por encima de los ofensivos. Cosa lógica, pues siempre será más fácil destruir que crear.

Belgas e ingleses. Belgas e ingleses se desatan. Meter cinco o seis goles en este mundial no es moco de pavo. Cierto que Túnez no pasa de ser una escuadra muy menor y que Panamá fue a celebrar su estreno mundialista con ánimo más festivo que futbolístico, pero impresiona el triplete que elevó a Harry Kane a lo alto de la tabla de goleadores –con cinco–, y, desde luego, la locomotora belga llamada Lukaku, que alcanzó los mismos cuatro tantos de Cristiano. Ganadores del grupo más fácil luego de dos jornadas, ingleses y belgas podrían convertirse en adversarios temibles para cualquiera.

Cierres para todos los gustos. Eliminados Perú y Marruecos (una lástima, porque ambos regalaron un futbol ofensivo y alegre), y con ellos Arabia, Egipto, Costa Rica, Corea, Túnez, Panamá y Polonia. Pero la semana promete una densa carga emocional, como corresponde a los partidos decisivos de cada grupo. Última llamada para Dinamarca, Australia, Serbia, Irán, Colombia, Brasil y, cómo no, la desmadejada Argentina. ¿Regresará Lionel Messi o enviará a su pálida sombra a la batalla contra Nigeria? Por lo pronto, a los africanos les vale con el empate. Como a Suiza, Dinamarca, Portugal.

Para México, rescatar al menos un punto, el miércoles contra Suecia, será vital. Y no descuente usted nuevas sorpresas, a la altura de las de senegaleses y nipones, que empataron ayer uno de los partidos más abiertos y agradables de la Copa.