Palinuro de México

Uno de los libros que definitivamente marcaron mi vida es el Palinuro de México. Mi encuentro con él obedeció a una recomendación indirecta, cuando mi hermana Tere, que en ése entonces estudiaba la carrera de Antropología, hablaba de esta obra como algo realmente sorprendente, con algunos de sus conocidos quienes en la universidad, albergaban en el cerebro y en el corazón, infinidad de inquietudes con la irreverencia juvenil de muchachos preocupados por todos los fenómenos condicionantes de una crisis creciente que, hasta ahora, no ha detenido su ascenso.

El autor, Fernando del Paso (Ciudad de México, 1935) inicia la novela, con un texto en la primera página que es asombroso: “Ésta es una obra de ficción. La razón por la cual algunos de sus personajes podrían parecerse a personas de la vida real, es la misma por la cual algunas personas de la vida real parecen personajes de novela. Nadie, por lo tanto, tiene derecho a sentirse incluido en este libro. Nadie, tampoco, a sentirse excluido”. La siguiente hoja que simplemente tiene la frase “Primera parte” es seguida por un texto que atrapa al lector…

  1. La gran ilusión

La ciencia de la medicina fue un fantasma que habitó, toda la vida, en el corazón de Palinuro. A veces era un fantasma triste que arrastraba por los hospitales de la tierra una cauda de riñones flotantes y corpiños de acero. A veces era un fantasma sabio que se le aparecía en sueños para ofrecerle, como Atenea a Esculapio, dos redomas llenas de sangre: con una de ellas, podía resucitar a sus muertos queridos; con la otra, podía destruirlos y destruirse a sí mismo.


Fernando del Paso no explica en ninguna parte que Palinuro es un personaje de la Eneida y desde este momento surge un escrito lleno de extravagancias literarias que obliga a la lectura con una enciclopedia al lado. Pero el punto central gira en torno al protagonista que, anhelante de alcanzar la meta de ser médico algún día, no puede llegar a serlo por la terrible sensación de malestar provocada por una repulsión indomable ante escenas sanguinolentas, muertos, vísceras o excretas.

Iniciando en una forma casi “clásica”, termina con una obra de teatro y un final que titulado “Todas las rosas, todos los animales, todas las plazas, toos los planetas, todos los personajes del mundo” enmarcan una obra llena de erotismo, mitología, historia, literatura, poesía, arte, amor, política y cualquier área del conocimiento que uno podría imaginar o ignorar.

Palinuro muere en el movimiento estudiantil de 1968, víctima de la represión gubernamental y mártir de sus ideales. Este año en el que se conmemorarán los 50 años de la brutal opresión por parte del Estado mexicano en Tlatelolco, se da un problema de violencia en el seno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que genera una cantidad de sospechas que pocos valoran en su dimensión.

Se menciona que un grupo de “porros” atacaron en una forma verdaderamente salvaje (con todo respeto por las conductas de los animales), a estudiantes que se manifestaban en una forma pacífica en la UNAM. Esta agresión se está generando en un ambiente político cuya característica principal es un proceso de transición. Por supuesto, heredar una institución bajo un estado de caos es conveniente para desacreditar al gobierno entrante, generando una desestabilización que se disperse a otras universidades y escuelas de educación pública en todo el país.  También resulta curioso que ayer jueves 6 de septiembre, se publicó la noticia de que la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) se quedó sin recursos y no pagó la catorcena a sus 6 mil trabajadores. Deducir que existen intereses no vinculados con la educación es algo automático y dirige la atención a grupos políticos que se resisten a un cambio. Pero si el calificativo de “porro” se refiere al cigarrillo de marihuana, no resulta descabellado pensar que detrás de estos grupos atacantes, existen orientaciones vinculadas con narcomenudeo en el seno de la universidad.

Por lo pronto, recomiendo leer el Palinuro de México y entender que nos vamos a enfrentar a una lucha verdaderamente feroz, teniendo como único armamento la conciencia, la educación, el análisis y sobre todo, el humanismo con una tolerancia ante cualquier manifestación cultural, de los mexicanos en todas las edades.