Organización Independiente Totonaca: 29 años luchando por la dignidad en la Sierra Norte de Puebla

FOTO: esimagen / José Castañares

Del 20 al 22 de julio se realizó en el municipio totonaco de Huehuetla, la celebración del aniversario 29 de la Organización Independiente Totonaca (OIT), la cual se gestó lenta y silenciosamente a lo largo de los años ochenta del siglo pasado. En su origen se encuentran las Comunidades Eclesiales de Base (CEB´s) y otros grupos de agentes de pastoral interesados en comercializar el café que se produce en la región y en mejorar las condiciones del mercado.

El 22 de julio de 1989 se realizó la presentación pública de la organización en la plaza de la cabecera municipal. Diversas crónicas coinciden en que entre 2,000 y 3,000 totonacos, principalmente de las comunidades de 5 de mayo, Chilocoyo, Francisco I. Madero, Kuwichuchut, Leagkaman, Lipuntahuaca, Putaxcat, Putlunichuhut, Xonalpu y de la cabecera, acudieron a esa primera movilización. Pronto se conoció en la región serrana su principal consigna: “si con el nombre de indios nos humillaron, con el nombre de indios nos levantaremos y venceremos”. El objetivo que se trazó la OIT desde este primer momento fundacional fue: “apoyar a las comunidades indígenas totonacas a seguir conservando las tradiciones y costumbres; la idea de todo esto fue por la necesidad de la gente que ya estaban cansadas de falsas promesas, destrucción de la lengua, vestimenta, tradiciones, costumbres y de maltratos que hacían a los indígenas totonacos los que ocupaban el poder”.

Aún antes de iniciar cualquier combate político con los mestizos, los caciques y el gobierno, la organización misma constituía ya una fuente de esperanza renovadora, un refugio para soportar tantos años de dominación, exclusión y explotación. Significaba empezar a dar sonido a la voz del pueblo totonaco que durante tanto tiempo se había mantenido en silencio: “En un tiempo, cuando todo era oscuridad, cuando en estas tierras que nos vieron nacer estábamos completamente olvidados, cuando teníamos que caminar por veredas y caminos junto a mulas y burros para llegar a Zacapoaxtla, Puebla, cuando vendíamos nuestros productos a los luwan (mestizos) a como ellos querían, con la medida que ellos ponían y nos daban lo que ellos querían, cuando no teníamos voz, cuando nuestra palabra no valía, cuando hacíamos trabajo por servicio para construir calles y palacios para los luwan, cuando éramos engañados mediante el kucho (aguardiente), cuando éramos despojados de nuestras tierras de comunidad aprovechando nuestras necesidades, cuando no sabíamos leer ni escribir, cuando los luwan y los caciques mandaban, entonces hubo que se presentó una gran luz [la OIT] que resplandeció en nuestras comunidades y muchos de nuestros abuelos y abuelas, muchos de nosotros nos empezamos a caminar en aquella luz y así empezamos a recuperar a nuestro Kimpuchinakan (Dios) y con ello nuestra lengua madre se empezó a escuchar, porque no se escuchaba, era como hablar sin sonido, sin voz […] Hablamos aquí, los hijos de los padres primeros para decir la palabra andada por nosotros, queremos compartirla con ustedes, nuestra palabra verdadera: primero fueron nuestros Kinpuchinakan (dioses) luego nuestros Laktatajni y Laknanajni (abuelos y abuelas) primeros, después fuimos comunidad, luego fue la organización comunitaria. La denominamos Organización Independiente Totonaca y de ello seguimos siendo totonacos”.


La reconstitución de la comunidad se convirtió en uno de los postulados centrales de la OIT, pues se consideraba que los programas de gobierno asistencialistas y la estructura caciquil había empezado a desarticular el tejido social comunitario. Aliándose con el partido de la Revolución Democrática (PRD), la OIT ejerció el poder a lo largo de tres trienios. A esta etapa en la historia reciente de Huehuetla se le conoce como “el gobierno indígena” o “el gobierno totonaco”. El primer presidente surgido de la OIT fue Don Mateo Sánchez, quien fue electo para el periodo de 1990 a 1993. En el periodo de 1993 a 1996, el presidente indígena fue el maestro bilingüe Bonifacio de Gaona García y el último periodo, de 1996 a 1999, fue administrado por Pedro Rodríguez Vega.

La gente en Huehuetla recuerda que antes del “gobierno indígena”, las autoridades municipales encarcelaban a “los de calzón” si se retrasaban en el pago de alguna cooperación. Las obras se concentraban fundamentalmente en la cabecera municipal y en las localidades más alejadas difícilmente se destinaba algún recurso público. Era común además que los beneficiarios de programas o proyectos productivos se repartieran sólo entre quienes demostraban físicamente su adhesión al PRI, presentando su credencial de afiliado. Uno de los factores que más generó controversia durante los gobiernos caciquiles conducidos por los mestizos, fue la imposición de realizar “faenas” en la cabecera municipal a las personas que vivían en las localidades más dispersas. De esta manera, el presidente y los caciques aseguraban mano de obra gratuita para realizar obras que casi siempre eran de su propio interés e incluso para beneficio personal. Los totonacos arrancaron el poder a los mestizos de manera pacífica pero durante el “gobierno totonaco”, los caciques amedrentaron permanentemente al presidente municipal y a sus colaboradores. En general los mestizos se negaban radicalmente a ser gobernados por un indígena. Recuerda un colaborador del primer ayuntamiento indígena. “No había respeto de los priístas al gobierno indígena, les molestaba que los indígenas los gobernaran, principalmente a los mestizos, cuando siempre nos habían visto como mozos”. Para lograr sus objetivos reaccionarios, establecieron alianzas con los gobiernos estatal y federal y generaron acercamientos con organizaciones como Antorcha Campesina.

Desde su fundación, la OIT ha promovido la articulación regional con otras organizaciones locales, lo que ha dado vida a la Unidad Indígena Totonaca-Náhuatl (UNITONA), que ha sido pionera en la sierra en la defensa del maíz nativo, la biodiversidad y el territorio frente a los proyectos de despojo y muerte, como la contaminación transgénica, las hidroeléctricas, la minería a cielo abierto y el fracking.

Actualmente, dos importantes proyectos emanados del proceso organizativo de la OIT se mantienen en Huehuetla con el trabajo cotidiano de sus militantes: el Centro de Estudios Superiores Indígenas “Kgoyom” (CESIK), con un modelo de educación media superior inspirado en una pedagogía totonaca y liberadora, así como el Juzgado Indígena, que imparte justicia desde los principios de la mediación y la resolución pacífica y no coercitiva de los conflictos comunitarios.

En el pronunciamiento dado a conocer en este aniversario, la organización reconoce que “la producción del campo es devaluada y explotada; los proyectos que pretenden despojar del territorio a las comunidades totonacas y nahuas de la Sierra Norte continúan agrediendo a los pueblos; se vive actualmente una discriminación en la educación intercultural, ya que se imparten los contenidos para desarraigar y fomentar la migración”.

Junto con otras organizaciones serranas, los hombres y mujeres que sostienen a la OIT continúan sembrando la semilla de la dignidad y la esperanza mientras caminan por las escarpadas veredas que se pierden entre milpas y cafetales, buscando siempre “renovarnos como organización para actuar a favor del proyecto del pueblo. Nosotros nos reconocemos totonacos. Hijos de estas tierras. Vivimos por la Tierra. Tenemos un origen y una historia propia, de allí viene nuestra sangre y nuestro idioma; nuestra organización, nuestros cargos y servicios y costumbres; danzas y ropa: música y nuestras fiestas. Akinin akgtutu naku, akinin tamaxtumit, akinin kachikin, akinin latamanin (Somos tres corazones, somos organización, somos comunidad, somos vidas)”.

*Etnólogo y Doctor en Desarrollo Rural

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