Oculta FDA información sobre el daño de transgénicos a la salud: Druker

Steven Druker ha desentrañado el fraude orquestado por una red de científicos norteamericanos y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para otorgar inocuidad alimentaria a los alimentos genéticamente modificados.

Genes alterados, verdad adulterada es el libro del abogado norteamericano especializado en causas sociales y la seguridad alimentaria, Steven Druker, quien presentó la traducción al español la mañana de ayer en el Club de Periodistas en la CDMX, acompañado de activistas, periodistas, académicos y la sociedad civil.

Druker introdujo la investigación que revela el panorama que induce al lector sobre el desarrollo de la industria biotecnológica. “Cómo la empresa de los alimentos modificados genéticamente ha trastocado la ciencia, corrupto a los gobiernos y engañado a la población”.

Steven Druker, a través de una demanda que obligó a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) a revelar sus archivos sobre los organismos genéticamente modificados (OGMs), comprobó que la agencia había ocultado numerosas advertencias de sus científicos sobre los riesgos ambientales y a la salud que traería consigo la comercialización de estos productos.


El experto en leyes desentraña el fraude que ha sido orquestado por una red de científicos estadounidenses y la FDA para otorgar inocuidad alimentaria a los alimentos genéticamente modificados o transgénicos, como comúnmente se conocen. Steven Druker reflexiona: “Si los hechos en verdad fueran sostén de su seguridad, entonces no habrían necesitado distorsionarlos”. Sin embargo, las evidencias son claras y nunca ha habido consenso científico genuino de que los OGMs sean seguros; incluso la Sociedad Real de Canadá y la Asociación Médica Británica han emitido advertencias respecto a su producción.

El evento estuvo organizado por la campaña nacional “Sin maíz no hay país”, el Grupo de Estudios Ambientales A.C., la Asociación de Consumidores Orgánicos y la Fundación Semillas de Vida; asimismo participaron diversos especialistas, activistas e investigadores involucrados en la detención de la siembra y comercialización de transgénicos en México.

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Debido a la publicación del libro, la rutinaria tergiversación de pruebas científicas, la propagación de falsos testimonios y el trastocamiento de la ingeniería genética, han quedado irrefutable y sólidamente evidenciados ante la luz pública por primera vez desde los años ochenta, cuando apenas se realizaron los primeros experimentos con alimentos transgénicos.

La deliberada omisión y manipulación científica de parte de la FDA, la máxima administración alimentaria de Estados Unidos encargada de certificar, autorizar y producir los OGMs, no solo es alarmante para la población del país vecino, explicó, sino también para el resto del mundo; hasta el punto en que México se ha valido de los datos arrojados por los estándares científicos manipulados o avalados superficialmente por dicha institución, para legalizar el uso y legitimar la comercialización de transgénicos en los campos mexicanos, sin especular profundamente sobre los efectos secundarios que la ingesta de transgénicos puede acarrear.Gráfica de El Economista, 2017.

Según el Art. 56º de la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados del 2005, a fin de conseguir importar OGMs para su liberación comercial, el interesado debe demostrar documentación de que el transgénico está permitido en el país de origen y que además, no es dañino para la salud. Por lo que, con base al libro de Steven Druker, es evidente que el maíz amarillo que México importa directamente de Estados Unidos, que equivale a la tercera parte del total y se destina principalmente a la alimentación de ganado y la comida chatarra, ha sido validado a través del terrible fraude descrito.

Elena Álvarez-Buylla Roces, del Instituto de Ecología (IE) y del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, realizó un estudio el año pasado en el que se reveló que el 90.4 por ciento de las tortillas consumidas en México contienen secuencias de maíz transgénico, mientras que se identificaron en un 82 por ciento de las tostadas, harinas, cereales y botanas de este grano. En promedio, cada habitante consume medio kilogramo diario de maíz, un alimento básico de los mexicanos donde funestamente se ha encontrado presencia de herbicida glifosato, un probable cancerígeno para el ser humano.

No obstante, Steven Druker advirtió el probable caso de que en México surja el mismo mecanismo estadounidense: el uso político de las personalidades y autoridades científicas para legitimar y legalizar la comercialización de OGMs en México, al referirse a la declaración realizada por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) con la que desacreditaron sin pruebas el libro publicado por la editorial Icaria al señalarlo como falso. Cabe recordar que en febrero pasado, el Dr. Francisco Gonzalo Bolívar Zapata, miembro de la AMC e investigador emérito del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), publicó el libro Transgénicos. Grandes beneficios, ausencia de daños y mitos.

Durante la presentación del libro, estuvieron presentes Adelita San Vicente, Antonio Turrent, Elena Kahn, René Sánchez Galindo y Randall Tolpinrud, quienes también expusieron los peligros a la salud, al medio ambiente, a los centros de origen que significaría la siembra de maíces transgénicos en territorio nacional.


Por su parte, Tolpinrud inició su intervención bajo el cuestionamiento a los encargados de preservar la salud en una nación: “¿Cómo pueden asegurar que los transgénicos no afectan a la salud? Cuando ni siquiera han pasado cuarenta años desde que se desarrollaron y empezamos a consumirlos”.

El también presidente de la Fundación Pax Natura, advirtió que “La naturaleza no funciona tan rápido y por tanto, no es prudente subestimar el poder organizador del ADN.” Para él, “es lógico” que aún no se pueda asegurar que estos productos estimulen o no, algún virus o gen evolutivo dormido en la cadena genética del ser humano.

En la mesa de exposición se discutió que en la industria de la ingeniería genética aún requeriría de años, de una primera generación que haya consumido alimentos genéticamente modificados a lo largo de toda su vida, para poder comprender mejor los efectos y riesgos de introducir ADN de bacterias, virus u otros animales en la comida que se consume. Por su parte, la infectóloga y médico Elena Kahn expresó: “Si matan a las plagas, ¿qué no harán en nuestro organismo?”.

Los activistas celebraron que entre la sociedad mexicana exista un gran rechazo al futuro incierto de las generaciones que están creciendo con la ingesta de transgénicos. Hoy en día, la Demanda Colectiva del maíz que ha mantenido la suspensión de siembra de maíz transgénico en todo el territorio nacional, lleva más de cuatro años en disputa legal con Sagarpa, Semarnat, Monsanto, PHI (Pioneer-Dupont), Syngenta y Dow Agrosciences.

Finalmente, los defensores del derecho a la alimentación y la salud sostuvieron que México, centro de origen del maíz y casa de la diversidad de toda raza existente, no requeriría de la importación de maíz para satisfacer las demandas del mercado si el campo tuviera la inversión necesaria para lograr la producción sustentable; en agroecológicas sentenciaron que más que someternos al uso de transgénicos, precisamos que las autoridades gubernamentales impulsen los campos mexicanos con base en políticas agroecológicas.