Nuestras grietas me preocupan más que las del poder

“Si uno no se desnuda se transfigura

 en reto todo lo desnudable”

Silvio


 

 

 

La Flor de la Palabra de Julio Broca (1)

Por Julio Broca

 

No, no es simplemente la capacidad del poder, del capital o del Estado para jodernos, lo que nos tiene jodidos. No es sólo eso. Antes de eso, o junto con eso, deberíamos no eximirnos dela “capacidad”que tiene “izquierda” de ser paranoica, de difamar al compañero, de sospechar por sospechar con la impunidad de quien se siente perfecto.

 

Aceptemos que hay cosas que no entendemos, que hay cosas que nos paralizan de miedo, que el análisis, como la ciencia ficción, son caminos que se ven rebasados cada vez que se ufanan de ir un paso adelante de la realidad. Pero en lugar de aceptar esa difícil condición de no saber, hacemos un acto de magia y nos autoafirmamos como los que todo lo entienden, como si bastase creer que algo es bueno o malo para que lo sea. El “poder”, la dominación, el Estado (o el nombre que más le agrade para bautizar al mandón o mandona) no intervienenrepresoramente hasta que otros métodos fallan como la desconfianza entre compañeros que inevitablemente deriva en que el miedo y la paranoia tomen el control. Sospechar del otro es abrir un abismo en el sentido esencial de la solidaridad y es la manifestación del egoísmo paranoico. Si logramos ser honestos, horizontales, éticos, y sobre todo, autocríticos, es cuando en verdad se preocupan de lo que hacemos los que mandan. Sin embargo, la autocrítica adquiere el matiz de harakirien un ambiente donde lo que importa son los fines aunque haya que sacrificar “capitales políticos”. Es en los primeros días de un estallido rebelde de indignación que las mejores virtudes del cambio social se manifiestan. Lentamente se van desvaneciendoestas virtudes con la llegada de los profesionales de la política.

Ayotzinapa es un gran problema para el modelo neoliberal, para el capitalismo en sí, para los reyezuelos locales de la narcopolítica porque las normales rurales se fundan en el compañerismo, en la creencia de que hay en la educación y el compartir posibilidades de vida mejores que la desesperada integración al flujo migrante o a la mano de obra barata para la delincuencia organizada-estatalizada. Al no poder dividir con el chisme, desde adentro, a las experiencias de lucha, se le hace imprescindible al poder establecido, el ejercicio de la violencia represora.

 

Pero en nuestros enviciados “colectivos” o “partidos”, simples “grupos”, “cuerpos académicos”, etc., que solo abren las ventanas, no las puertas, para que entre el “capital humano necesario” para mantenerse con vida, muy pronto aparecen los límites a la libertad. No sabemos respetar al otro, respetar acuerdos, no sabemos mezclarnos, interesarnos honestamente en el otro, no sabemos detener nuestras ansias de chismear, de creer  en ovnis, fantasmas y CIAS’s, sólo porque nos da un morbo excitante creernos perseguidos.

 

La lengua que infunde desconfianza sobre otros sin argumentos es la misma que habla y habla de encontrar la solución deseando, en verdad, no encontrarla. Dice un adagio, “quien contigo habla mal de alguien, con alguien hablará mal de ti”.

 

Caer en la paranoia de ser vigilado, en el siglo XXI, es absurdo si no nos damos cuenta que somos nosotros mismos quienes proveemos toda nuestra información sin ninguna recato ni precaución en los servicios “gratuitos” de internet. ¿Hace falta espiar a los académicos que entregan reportes pormenorizados a instituciones de financiamiento sobre todas sus acciones respecto a sus “objetos de estudio”? ¿Hace falta espiar a alguien que utiliza WathsApp,un servicio gratuito que no cumple con ninguna norma de encriptamiento de datos? ¿Hace falta esconderse en grupos “secretos” de Facebook, un servicio alojado en internet, tecnología creada por el ejército de algún país?… Esto no significa que no tomemos precauciones, pero nuestra mejor arma es sencilla, no hacemos nada de lo que tengamos que avergonzarnos ni que sea ilegal, hoy la ilegalidad esta en el mal gobierno. Antes de dudar de alguien que no conocemos, dudemos de nuestra propia capacidad de ser discretos al entregarnos a la irresistible “gratuidad” de la “revolución” virtual. Dudemos de nuestra relación con la maquina antes de nuestra relación humana sin mas justificación que la psicosis colectiva. El chisme tiene un gran potencial desmovilizador y es practicado por viejos activistas, y jóvenes también, que se han rendido y antes de aceptarlo, se dedican a sembrar sospechas para detener la historia desde sus cortos argumentos. O manejarla desde sus intereses particulares fetichizando las luchas. El miope rinoceronte es suspicaz y de todo desconfía porque no puede ver bien. Lo nuevo se debate, en su delicadeza y su belleza, entre las patas de los rinocerontes alarmados.

 

Lo crítico de la situación es que el “poder”, la dominación o como guste llamarle, va marchando según sus planes.Encuentra resistencias, si, pero globalmente avanza a favor suyo, negar el problema no hace que desparezca.

 

Quizá la más loable claridad respecto a nuestras fallas, respecto a la importancia de creer en el otro y no descarrilarse por las injusticias, la tiene Mario Luna, autoridad yaqui que al ser apresado recientemente, llama a no caer en la trampa del poder:

 

“… Por la tribu no me preocupo tanto, sé que no soy indispensable, ellos tienen grandes hombres y valientes mujeres que continuaran con la defensa del agua y el territorio, sólo estoy atento a que no se desvíe la atención de lo verdaderamente importante, que es la sobrevivencia misma de la tribu yaqui. Yo pienso que no debemos caer en el juego perverso del mal gobierno de enfocar la lucha por mi liberación  y descuidar la lucha por el agua y territorio.”

(http://desinformemonos.org/2014/09/mario-luna-autoridad-yaqui-narra-el-momento-de-su-detencion-y-encarcelamiento/)

 

Excepcional, Mario Luna detuvo desde sus primeras entrevistas, el impulso de los medios a convertirlo en el eje de la lucha, en caer en el error de olvidar los objetivos por la nube mediática de su encarcelamiento. Su calidad y claridad humana y política, vienen de saber que su encarcelamiento es, precisamente, político, no legal, y es políticamente que la legalidad encontrará su cauce y raramente al revés. Vienen también su claridad y calidad humana de no asumirse como imprescindible y de reconocer las virtudes de sus compañeros en lugar de hipotetizar sobre culpables. En contraste con esta claridad de Mario Luna, se ha vuelto una práctica efectiva para el poder encarcelar y meter a las luchas en su ritmo, en su terreno, hasta que poco a poco el desgaste y el avance de los proyectos gana terreno. Los activistas no resisten tampoco la tentación mediática de volverse el centro de la noticia desplazando la lucha, esto deriva en el avance de los proyectos del poder a la sombra del olvido momentáneo de los objetivos principales cuando un movimiento depende del “carisma” una sola persona. En casos extremos, pero no por eso pocos, tenemos a movimientos que llaman a posponer la lucha hasta obtener la liberación de los presos… ¿y entonces, qué sentido tiene la lucha del preso mismo?

 

Otro elemento crítico, y digo critico porque solucionarlo es un desafío en curso, es que en la era del control social satelital-digital (iba a decir virtual pero de virtual no tiene nada) el poder le ha perdido el miedo a las manifestaciones masivas. Los tres millones de personas que se reunieron para dar su apoyo a Obrador en 2006 no representaron un peligro real de rebelión porque se les mandó a su casa a esperar el día de las votaciones. El mundo es otro y no hay marcha o manifestación que le quite el sueño a los grandes capitales capaces de migrar si el entorno social les es hostil y regresar cuando el Estado haya hecho el trabajo de restituir, a la fuerza, las condiciones favorables para la explotación y el despojo.Las grandes manifestaciones pueden traer cambios políticos pero no garantizan cambios sistémico-económicos. Es innegable que las grandes manifestaciones ponen nerviosos a los gerentes-títeres políticos locales del gran capital internacional porque les puede costar el puesto de administradores, pero no más. Esto debería llevarnos a cuestionar los límites de las formas de desobediencia en el contexto del control social satelital-digital (y estamos por la desobediencia gandihana, civil pacífica porque la otra más que una posición, generalmente en la historia, ha sido el último recurso del sojuzgado y es legítimo también). Nunca fue tan fácil como hoy para el poder leernos estadística y tendencialmente, y no sólo leernos, convencernos también, estadísticamente, de legitimarse a través de los números. Nosotros mismos rellenamos exhaustivos formularios en la web con nuestras preferencias, gustos, filias y fobias a cambio de la “gratuidad” de los servicios digitales. Desobedecer en este contexto es un desafío creativo también, en el contexto del bigbrother al que abrazamos con gusto y dependencia. Pero todo este problema desaparece, en su complejidad,y se simplifica,cuando damos paso a la simplona y tonta sospecha contra el otro próximo, como si todo lo que hiciéremos nosotros estuviese exento de contradicciones.

 

Tan orgullosos y soberbios somos en la “izquierda” que no podemos hacer un ejercicio mínimo de autocrítica. Los obstáculos más grandes, tan grandes como la represión, son la capacidad de la misma izquierda de autosabotaje, de traición, de abandono por despecho o divergencia ideológica. Algunas veces se tiene más miedo a nuestro miedo que al poder mismo, porque el poder nos indigna pero nuestro miedo, aparte de que lo negamos, toma el control de nuestros actos. No es la alienación económica el único problema, lo es la alienación de la serenidad y la confianza a causa del miedo.

 

¿Quién difama? ¿Por qué? Difama quien se cree héroe, juez, quien hace de su vida, de sus alegrías y dolores la regla para medir al mundo. Creemos que nuestro dolor nos da derecho de medir el dolor ajeno y terminamos ordenando el mundo referido a partir de nuestra perspectiva personal, desde el que sufre más al que sufre menos… el que queda en el lugar del que sufre menos rara vez esta de acuerdo.

 

El gran desafío es combatir el dolor sin distinción, sin identificarlo unívocamente con “algo”. Difamar se deriva en muchos casos de la falsa seguridad que nos da pensarnos héroes o mártires en potencia. Suponer que llegar al límite de nuestras fuerzas al hacer algo por el otro nos da derecho a sentirnos“héroes”, es también una tara de la izquierda neoclásica. Digo neoclásica porque es esta izquierda a la que le encanta darse baños de revolución y crítica diciendo: “la perspectiva clásica decía”… como si ese fuese el mantra sencillo para ser crítico sin más.

 

Regresamos colmados de euforia y autocomplacencia de participar en cosas que no sabemos quién, cómo, porqué y para qué convocó, y el cerebro crítico le deja todo al cerebro mediático. La religión de la sumisión nos enseñó a confiar, primero, en los iluminados, después, en los caudillos; en esencia, nos enseñaron a ser de pensamiento unidireccional: toda la esperanza a una sola cosa, una sola acción, el “día D”, y nos encantan las películas hollywoodenses –o como se diga- en que esta fijación se cumple. En la era del Facebook, esa sola cosa en la que depositamos nuestra fe es nuestro perfil virtual que no es más que una extensión de nuestro ego: yo soy el mesías, yo soy el caudillo y lo compruebo a cada like que recibo.Si es que hemos logrado trascender el caudillismo, y el mesianismo,aún nos falta trascender el convertimos en fans de uno mismo. Hacemos las cosas para ver cómo nos vemos haciéndolas aunque no las volvamos a hacer jamás y por ese instante nos sentimos capaces de ser jueces por siempre. Quedamos atrapados en nuestras autoafirmaciones. Nos olvidamos de impactar la realidad de forma efectiva, y nos conformamos con impactarla “mediáticamente” al calor de las coyunturas. Nos conformamos con los medios que sentimos nuestros, como el internet, que de “nuestro”  tiene cada vez menos. Sólo su adormecedora ilusión de gratuidad(como lo fue la coca-cola, gratuita, hace muchos años) le confiere al internet una potencia cuya moneda aún esta en el aire. Esto no significa restarle merito a los medios libres, por el contrario, pero también se han vuelto la buena conciencia de una izquierda que respira aliviada por dar un like. Personajes ilustres le han dicho a los medios libres que el tamaño de la tarea que tienen encima es titánica… pero ese es otro tema.

 

El poder no va asesinando y encarcelando sin detenerse -y eso creo que todos lo vemos-  porque sea inteligente o eficiente –aunque sí instrumental-, el poder va avanzando porque puede matar y decir que no lo hizo, porque puede firmar acuerdos y desconocerlos, al igual que en la izquierda se miente y se niega que se miente, se difama y se niega frente al compañero, se exponen sus defectos en los pasillos pero se le alaba en la asamblea. Pero sobre todo, avanza el poder, porque puede “encarcelar” a un “responsable de todo lo malo” al igual que la izquierda puede señalar a un compañero como sospechoso de todo lo malo. Absurdo. El problema no es personal, el responsable no es “alguien” porque no somos diez en una isla desierta, antropomorfizar–o personalizar- un problema sistémico, es la mejor manera de dejar de combatir lo sistémico y embarcarnos en luchas fratricidas.

 

Se habla mal del compañer@ y se le saluda sonriente cuando se le tiene enfrente. ¿Eso como se llama? Quienes desean poder y control al interior de dinámicas sociales de organización colectiva, no tienen justificación al utilizar la desconfianza y la difamación sobre algunos para darle cohesión a través de la paranoia y shocka sus grupos de militantes-fans cautivos. Convertir en rencor la discrepancia ideológica es común en personas con una obsesión por el poder y el control, con una obsesión por el monopolio de la “revolución”.

 

¿Por qué se extiende pues en la sociedad la lógica del linchamiento político, la lógica del chisme, de la desconfianza infundada? Porque los resultados son muy buenos para quien practica esto. A saber, los castigos ejemplares contra el o la desobediente, tienen la consecuencia de hacer reconfortante la obediencia, afirmar la autoridad del que castiga y premiar a los sumisos convirtiendo “la justicia” en un espectáculo.El que ha recibido un castigo ejemplar será siempre blanco de desconfianza, -quizá lo merecía por meterse en problemas- se dice con frecuencia. El que ha ejecutado el castigo ejemplar, siempre será la referencia de la disciplina. Sabemos que en ambiente represivo disciplina es igual a verdad. Sin embargo, quien “desobedece” –y por eso me gusta la desobediencia- se ubica en una perspectiva incomparable: puede mirar con claridad el mapa de la obediencia y la sumisión. Tanto la triste sumisión que puede justificarse por situaciones difíciles como la sumisión injustificable a la hipocresía, la injustificable sumisión almiedo estúpido de perder la simpatía del dominador y los privilegios que la obediencia le reporta. Esto existe en la “izquierda”.

 

Con todo esto, no es inverosímil pensar que al poder le sale barato el control social.Un chisme puede destruir años de entrega y lucha. Es la misma proporción por la que un policía puede atemorizar a mil personas, una televisión puede educar a diez mil.Con nuestras propias grietas, seria pertinente preguntarnos si el llamado uno porcientono usa el uno porciento de su poder para controlar a lo colectivo cuando lo colectivo niega sus grietas.Iluminar nuestras grietas es iluminar los espacios en que el poder penetra nuestra experiencia antisistémica y la fractura. Quizá nosotros hacemos el resto al abalanzarnos contra el compañero que lucha, utilizando la convivencia como fuente de desprestigio, utilizando la evasión hipócrita de las discrepancias para no arriesgarnos a no tener la razón. Hacemos un gran papel a favor del uno porciento por la forma en que nos relacionamos, por la forma en que consumimos y reproducimos falsedad.

 

Como lógica sistémica introyectada en nosotros mismos, se introduce el chisme, la difamación, la paranoia como mediode mantener la autoridad y la verticalidad que al interior de la misma izquierda se gesta cuando ésta se petrifica. El chisme le permite aquien lo comienza y distribuye, reordenar la desobediencia en un sistema vertical de desobedientes obedientes.El suelo es fértil porque estamos lejos de ponernos de acuerdo, de respetarnos, de confiar, de tomarnos el tiempo necesario para conocernos, para estar de acuerdo. En la sociedad en la que se salva al mundo en 24 horas según el cine, tomarse un mes para decidir una sola cosa nos parece inaudito, ineficiente, caracólico y tortuguil a nosotros, los hijos del internet cada vez más veloz. Es sencillo evadir el tema porque podemos hacer guetos, islas de pureza inexpugnable en la que nos encerramos nomás con los que si nos caen bien, con los que odian a las mismas personas que nosotros odiamos.En nuestra isla de pureza, entonces si, solo en lo que dura la coyuntura, la resonancia mediática, nos sumamos sin mezclarnos pero nada más.

 

Les sale barato el control social a los uno porcientoporque un erudito es capaz de convencer a cien de que no saben nada, un ingeniero agrónomo a cien campesinos de que siembran mal. Una mentira es capaz de dividir a muchos, de descorazonar a muchos que creen limpiamente en lo que les dicen. Un candidato de “izquierda” es capaz de restituir la fe en un sistema insostenible que mata a millones.Le sale al poder barato el control social porque un defecto humano es suficiente para ser apuñalados por la lengua del compañero que lucha más por rencor que por honesta convicción. No es solamente el poder quien nos hace perder a las almas más valiosas, es la psicosis que nos lleva a dudar a todos de todos sin una sola prueba ni argumento coherente para esa histeria colectiva en la que una estampida de lenguas asustadas, o rencorosas, protegen su miedo y rencor bajo nubes de dudas.Después las dudas son convertidas en certezas y luego en ruptura, en acciones precipitadas nacidas de una reflexión individualista y temerosa del otro. No juzgo a quien tiene miedo, yo lo tengo también, es humano, pero es inaudito que nos dejemos llevar al abismo por temor al abismo.

 

No me preocupan las grietas en el poder menos que nuestra agrietada confianza en el que no conocemos, o en quién solíamos reconocer y desconocemos por un rumor nada más. Preocupa la desconfianza que deja vivir entre nuestra propias grietasalacranes y huidas fáciles por el túnel oscuro de la difamación y la desconfianza.Un túnel bien escondido detrás de currículos deslumbrantes, dorados diría yo, detrás de tajantes declaraciones de “nosotros llevamos años en esto” para callar con simpleza a las nuevas dudas, para sepultar con alevosía a los nuevos errores bajo el peso de su inexperiencia.

 

Qué tranquilidad le da al avaro su oro acumulado, qué paz la del especialista que solo se dedica a lo suyo y a nada más, qué alivio de llegar a una lucha a tocar sólo su tema e irse, qué alegría le dan al héroe sus trofeos y al amargado su lista de cosas que ha evitado que se lleven acabo porque según su juicio, estaban mal o eran sospechosas.Nada más criminal que matar por una sospecha.