No soy feminista

No parto de una postura que apela a luchar porque las mujeres ocupemos los espacios tradicionalmente considerados masculinos en la actual organización social. No creo que el feminismo, para atraer más adeptas, deba subordinarse a la lógica de la dominación. Si se considera que las mujeres tenemos los mismos derechos que los varones, algunas personas te llamarán feminista. Esto se pone de moda es, incluso, aceptable y algunos personajes se autodenominan feministas porque es políticamente correcto.

¿Quién se atrevería, hoy en día, a negar que tanto niños como niñas puedan asistir a la misma escuela y estudiar lo que ellos o ellas decidan? Por supuesto que nadie. Sin embargo, eso no es el feminismo. El feminismo dejó de ser un problema o una propuesta política disidente, en tanto que ya no apela a fracturar el sistema de injusticias actuales, sino a subordinarse a él, pero en condiciones equitativas, es decir ahora las feministas reclaman su derecho a ser explotadas en condiciones de equidad con relación a la explotación que subordina a los varones. Las feministas reclaman poder ocupar los puestos electorales en la lógica de la democracia burguesa. Las feministas sugieren que las mujeres seamos tratadas del mismo modo que los varones, en las lógicas de opresión, despojo e injusticia que el capitalismo nos ha impuesto como la única forma de organizarnos socialmente.

En ese caso, no soy feminista

Sin embargo, lo que escribo hoy, es un manifiesto feminista. Sí, me reafirmo desde los feminismos provocadores, que cuestionan el sistema de injusticia social en que vivimos. Desde los feminismos que le apuestan a las rupturas fundamentales para erradicar la violencia, para transformar al mundo, para cambiar de paradigma y quebrantar el statu quo imperante y no para subordinarnos al mismo en los escalafones que se nos imponen como necesarios.


Convoco a recuperar aquellos feminismos trasgresores, que desde la práctica cotidiana rechaza toda violencia, así como las injusticias sociales, los racismos y discriminaciones y las múltiples formas de opresión, lo cual exige trabajar, en el día a día, por el cambio estructural necesario.

Parto del encuentro con otras mujeres, hombres y diversas identidades, que confluyen en espacios de participación colectiva por el bien común. Parto del cuestionamiento a las estructuras impuestas que nos violentan desde las jerarquías, desde la comodidad de quienes se encuentran lejanas y lejanos a la compleja realidad social de la subalternidad. Reafirmo los feminismos provocadores, críticos que desde una praxis concreta están cambiando el mundo en lugar de aquellos que desde el confort critican las prácticas contestatarias.

Me demarco de los feminismos de moda, de los feminismos institucionales que se ajustan al sistema y que, desde el mismo, debilitan la voluntad de las luchas históricas de los feminismos más legítimos, aquellos que a través de la historia han contribuido a los cambios estructurales necesarios en pro de los derechos de las mujeres, de los hombres, de la madre tierra, de las minorías étnicas, de las diversidades sexuales, etcétera. Por los feminismos amplios, diversos y emancipadores.