No se puede continuar con alzas de la tasa de interés debido a que frenan el crecimiento

La tasa de interés de referencia establecida por el Banco de México (Banxico) está en 7.75 por ciento y en cambio la tasa de interés de referencia en Estados Unidos está en 2 por ciento. Banxico establece ese diferencial de tasa para atraer capitales al país y evitar su salida para evitar fuertes fluctuaciones del tipo de cambio que puedan originar presiones sobre precios e inestabilidad financiera. Asimismo, la alta tasa de interés está encaminada a frenar la demanda para evitar presiones sobre precios. La tasa de interés en México está muy por arriba del crecimiento del ingreso nacional, que es de 2.1 por ciento, lo que dificulta recurrir a financiamiento para incrementar la inversión y el consumo, debido a que no se genera ingreso suficiente para cubrir el pago de la deuda.

Las permanentes altas tasas de interés en el país, junto a la política de austeridad fiscal han configurado un bajo crecimiento económico y al ser éste permanente, disminuye también el crecimiento potencial de la economía y con ello se aleja la posibilidad de atender las demandas públicas de empleo, de mejores salarios y bienestar social, así como la viabilidad de superar los rezagos productivos y reducir las presiones sobre el déficit de comercio exterior. Ello condena a la economía al establecimiento de políticas monetarias y fiscales restrictivas y por lo tanto al estancamiento, al subempleo, a bajos salarios, lo que acentúa los conflictos político–sociales y de violencia.

No puede usarse la política monetaria para reducir la inflación a través del alza de la tasa de interés, dado que contrae la inversión, como el crecimiento de la productividad y de la capacidad productiva, lo que se traduce en mayores costos y precios, como en mayor déficit de comercio exterior, que termina presionando sobre el tipo de cambio e incrementa el precio de los productos importados, generalizando ello la inflación.


Ello evidencia que la inflación no es problema de demanda, sino es derivada de la baja productividad, de los rezagos productivos, así como de la devaluación, que es presionada por los déficit de comercio exterior que los rezagos productivos ocasionan.

El Banco de México no introduce el objetivo de crecimiento económico o bajo desempleo en sus metas (tal como lo hace la Reserva Federal en Estados Unidos), debido a que el desempleo ha sido una herramienta clave para mantener baja la inflación, dado que el desempleo y subempleo permiten que se mantengan bajos salarios y así evitar presiones sobre costos y precios. Además, el banco central no puede incorporar el objetivo de crecimiento económico o el de reducción de desempleo y subempleo en sus metas, debido a que la economía nacional no tiene condiciones de productividad y capacidad productiva para satisfacer la mayor demanda que ello originaría, lo que se traduciría en presiones sobre precios, como en mayores importaciones y déficit de comercio exterior que devaluaría la moneda, comprometiendo ello su meta de estabilidad del poder de compra de la moneda.

La baja inflación debe alcanzarse a través del crecimiento de la productividad y de la capacidad productiva, lo que requiere de baja tasa de interés y de política de gasto público a favor del sector productivo, y el problema es que no se tienen dichas políticas económicas.

Los tomadores de decisiones no pueden continuar con más de lo mismo, pues sería a costa de seguir acentuando los problemas existentes.

En contexto de bajo crecimiento, la tasa de interés debe ser cero, y no incrementarla como lo hace Banxico. Asimismo, el gobierno debe trabajar con gasto público deficitario a favor del empleo y del sector productivo, y no con austeridad fiscal como ha venido aconteciendo.

La libre movilidad de capitales ha interrelacionado a los mercados de capitales y por lo tanto el comportamiento de las políticas económicas. El alza de la tasa de interés en Estados Unidos, lleva a que Banxico aumente la tasa de interés interna, a fin de evitar salidas de capitales. En un contexto de incertidumbre y de libre movilidad de capitales no se puede bajar la tasa de interés, ni incrementar el gasto e inversión pública para encarar los problemas productivos, debido a que el capital financiero saldría del país ante el temor de que ello desvalorice su capital, por la inflación o devaluación que pueda propiciarse. Prefieren políticas monetarias y fiscales restrictivas que les alejen de la inflación y la devaluación, sin considerar que tales políticas no logran dichas metas. No aceptan la flexibilización de la política económica a favor de atender los rezagos productivos, como los problemas de desempleo, porque creen que sería inflacionario. De hecho, si aumenta la productividad no habría inflación, ni devaluación. Su temor es qué al aumentar el empleo, se incremente el poder de negociación de los trabajadores, lo que se traduciría en mayores salarios reales que reduzcan la participación de las ganancias en el ingreso nacional. Lo que evidencia que el problema es político, no económico.

Mientras no se regule el movimiento de capitales y de mercancías la economía queda maniatada a las decisiones del sector financiero, que presiona en salirse de la economía si no se establece una política a favor de ellos, por lo que el país se ve impedido de tener política económica para satisfacer las demandas públicas, por lo que la economía continuará acentuando sus problemas económicos, políticos y sociales.