No hay fraude perfecto

A pesar del avance en la legislación electoral de la mayoría de los países, en particular los del hemisferio americano, partidos y candidatos de todos los colores siguen violentando campañas y jornadas electorales de manera brutal, con el fin de manipular o al menor incidir ilegalmente en los resultados.

La mentira, la traición, la campaña negra disfrazada de contraste, la compra de votos, el acarreo de votantes o la inhibición del voto, son algo sabido y forman parte de todas las estrategias electorales, cada vez de manera más elaborada y compleja, pues de lo que se trata es de violar la ley sin ser descubiertos. Quien niegue su existencia, peca de ingenuo o de complicidad.

En este juego de falsas apariencias y simulaciones políticas, el morenovallismo ha alcanzado niveles sublimes, lo que le ha dado un valor agregado a este grupo político y le ha permitido construir alianzas con quienes dentro de su mismo partido (el PAN) o desde otros institutos políticos, no tienen la capacidad ni los elementos para torcer hábilmente los resultados electorales, así se trate de una simple votación interna o de la elección de algún gobernador.


Sin embargo, todos sabemos que el fraude perfecto no existe y que si éste no es descubierto, ello se debe generalmente a una deficiente investigación o a la colusión de las autoridades encargadas de determinarlo.

En ese sentido, llama poderosamente la atención que los defensores oficiosos del presunto triunfo electoral de Martha Érika Alonso, esposa de Rafael Moreno Valle, cabeza indiscutible de ese grupo, insistan más en acusar a Miguel Barbosa de no haber cubierto el cien por ciento de las casillas, de no tener pruebas suficientes e incluso de haberse equivocado en la promoción de las acciones respectivas, que en tratar de defender la legalidad, la transparencia o la contundencia de esa increíble victoria.

Al respecto, para que un timo sea perfecto, es esencial que las víctimas no se den cuenta y si se dan cuenta, que no entiendan jamás cómo ocurrió, de tal manera que, para descargar su propio e injusto sentimiento de culpa, al final prefieran hacerle caso a las mentiras confortables (reforzadas por las absoluciones judiciales por falta de elementos) en lugar de las verdades incómodas, por más evidentes que sean.

Lamentablemente para el morenovallismo, la soberbia de apoderó de ellos y después de varios ejercicios “exitosos”, como la elección federal de 2012, en la que tras una meticulosa operación de madrugada alcanzaron a meter al peor secretario y senador que ha dado este país, me refiero al saltimbanqui Javier Lozano Alarcón, o las elecciones intermedias de 2014 que les redituaron el control absoluto del congreso local y la mayoría de los municipios, finalmente en la pasada jornada sus elaboradas prácticas terminaron evidenciadas ante los ojos de todos los poblanos e hicieron de Martha Érika una rehén más.

Por eso, en todo Puebla priva la amarga sensación de haber sido víctimas indefensas de una gran maquinación, encaminada a que el grupo morenovallista conserve a toda costa el manejo y usufructo del presupuesto poblano para su propio beneficio económico y su proyecto político transexenal.

Lo anterior ha llevado a miles de poblanos a manifestarse e insistir públicamente, en las calles y en las redes, para que se repita la elección en condiciones realmente legales, transparentes y equitativas, que den certidumbre y confianza en el resultado.

Como muestra, la marcha de este domingo 12 de agosto, en la que alrededor de 10 mil poblanos de todos los estratos, acompañaron a Miguel Barbosa, Yeidckol Polevnsky, Horacio Duarte, Claudia Rivera y Gabriel Biestro, entre otros miembros destacados de Morena, para demandar que los órganos electorales cumplan su obligación de defender los derechos humanos, no sólo de quien fue el candidato a gobernador de la coalición “Juntos Haremos Historia”, sino de todos los poblanos, cuya voluntad soberana fue finalmente pisoteada mediante diversas violaciones determinantes, utilizando diversos artilugios a fin de no dejar huella.

Así, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación está llamado a observar lo dispuesto por los artículos 1 y 17 de la Constitución Federal e interpretar la ley de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales, favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia, debiendo privilegiar la solución del conflicto sobre los formalismos procedimentales.

La incertidumbre en el resultado electoral es inocultable aún por los medios sometidos que minimizan la movilización social. En Puebla no hubo una elección libre, auténtica y legal, como prevé el artículo 40 constitucional. Pero la solución salomónica a este vergonzoso entuerto está a la vista: que la elección se repita, que se garantice el respeto a la voluntad popular y que gane quien obtenga más votos del electorado y no con la ayuda de “operadores” profesionales.  Lo digo sin acritud, ¡pero lo digo!