No a la restauración, si a la democracia

“Si, mi hermano fue un traidor”, contesta Andrés Manuel López Obrador. Asombrado, el periodista vuelve a preguntar: “¿Por qué? ¿Por apoyar a un candidato distinto al suyo?” “Si –contesta López Obrador–. La Patria es primero”.

“¡En la madre!” pienso yo. En la época de la democracia, juzgar como traidor a un hermano por votar distinto y además identificarse con la patria (sólo le faltó decir: “la patria soy yo”, aunque no hizo falta porque así lo entendimos todos), nos habla con suma claridad quién es éste AMLO que quiere ser Presidente de México.

Hasta antes de esa entrevista yo venía observando el proceso electoral a distancia, sin involucrarme, porque ninguno de los candidatos o la candidata me convencía. Después de escuchar esas palabras decidí participar en contra de AMLO como candidato a la presidencia.


Jamás he estado de acuerdo con él, pero dado el poco atractivo de las demás opciones, pensaba que en esta ocasión mejor sería no votar. Por supuesto que en estas páginas, por ejemplo, he expresado mis opiniones, siempre críticas a sus propuestas y a sus quehaceres políticos. Pero nunca me pareció que había que hacer algo más. Inclusive varios miembros de mi familia y muchas amistades dicen que van a votar por él; pero ni ellos ni yo pensamos que está en juego la patria, o que los otros, por pensar diferente, son unos traidores.

¿Qué hacer? Por supuesto que hablo en términos de la legalidad electoral. Jamás avalaré el fraude o cualquier otro medio ilegal contra él o contra nadie. Lo primero es no votar por AMLO y tampoco abstenerse, aunque como dije, lo estaba pensando muy en serio. Tendré que darle mi voto útil al que va en segundo lugar y lo apoyaré abiertamente. Pero ¿vale la pena votar por Ricardo Anaya? Creo que sí. En seguida explico por qué.

Antes una nota más sobre la conducta de AMLO. Al ponerse por encima de las instituciones y de las leyes y al juzgar a los demás conforme a criterios morales autoritarios, también ha construido un movimiento dónde la primera y la última palabra la tiene él y los demás aceptan su dicho. En consecuencia, levanta un pedestal que lo coloca por arriba de los seguidores, quienes de esta manera convierten al dirigente en caudillo y ellos aceptan ser fieles subordinados. No hablamos pues ni de un dirigente y un movimiento democrático que construye ciudadanía, sino de un caudillo que crea súbditos. Tal es la razón principal por la que nunca estaré de acuerdo ni con AMLO ni con Morena. Y no deja de sorprenderme que varios amigos y conocidos, con quienes siempre nos unió la lucha por la democracia y la libertad, ahora estén apoyando la restauración del régimen presidencialista autoritario en el país.

Ricardo Anaya encabeza el proyecto que más puede ayudar a la consolidación de la democracia y la libertad en México. Defectos los tiene y muchos, pero su programa es el más cercano al que puede darle continuidad a la lucha que, por esas causas, se ha desarrollado en México durante décadas. En lugar de regresar al presidencialismo autoritario, se plantea un camino que reconoce la parlamentarización del presidencialismo que, de hecho, se abrió desde 1997. El combate a la corrupción se plantea desde un gobierno de leyes y con independencia de los poderes ejecutivo y judicial, es decir, con un fiscal autónomo de la presidencia y por medio de procesos que no discriminen a quién sí y a quién no se persigue, bajo la regla de que pague el que la hace.

Su programa contra la violencia y la inseguridad todavía se mantiene en las generalidades, como el de AMLO, pero creo que al fortalecer al Estado por medio de la gobernabilidad democrática y de hacer los ajustes a la estrategia que se han planteado, será más eficaz que los palos de ciego de la guardia nacional, la amnistía a los criminales o la invitación al Papa. Y es que el problema principal que tiene el Estado mexicano es su debilidad progresiva, al no haber resuelto precisamente el asunto de la gobernabilidad democrática. Hoy es este el asunto fundamental que se dirime en las elecciones.

O volvemos a restaurar el presidencialismo autoritario o damos un paso más hacia la consolidación de la democracia mediante la instauración de un gobierno de coalición. Aquí por cierto debo señalar que el planteamiento de la Coalición por México al Frente es muy limitado. Creo que es necesario ampliar la coalición, aunque sea en términos políticos puesto que ya no se hizo en los tiempos electorales.

La Coalición por México al Frente en un principio se llamó ciudadana, porque se suponía iba a intentar abrirse a la sociedad civil. Pero las formas de la negociación entre los partidos que la integran provocaron que paulatinamente se cerrara. Recuperar su vocación ciudadana ayudaría mucho al relanzamiento de su propuesta.

La lucha contra la corrupción y la impunidad, la violencia y la inseguridad, y la pobreza y la desigualdad, no es sólo de un sexenio, sino que abarca el largo plazo. Por ello, convocar a un compromiso histórico para fortalecer al Estado y hacerlo capaz de alcanzar esas metas, sin dejar de mantener los valores políticos de la democracia y la libertad, podría encontrar eco en muchas personas, así como en múltiples organizaciones políticas y sociales, además de que permitiría explicar más ampliamente el asunto del gobierno de coalición que hasta ahora no se entiende bien, sobre todo como alternativa al presidencialismo autoritario del PRIMOR (PRI y Morena).

Cabe hacer notar que la restauración del presidencialismo autoritario que intenta Morena, junto con el paternalismo imprescindible que lo acompaña, explican el por qué muchos priistas simpatizan o se identifican con Morena. Como alguien dijo, tienen el mismo ADN.

La ventaja que lleva AMLO en las encuestas hace muy difícil su derrota, porque además tiene todo el apoyo del Presidente Peña Nieto, como se ha visto en la persecución que desató contra Anaya en su afán por posicionar a Meade, o bien muchos otros ya le dan el trato de Presidente, como en la entrevista que le hicieran los empleados del programa tercer grado de televisa a Andrés Manuel, como cariñosamente le decían.

Quizá no se logre su derrota, pero sí se podrá construir una fuerza capaz de negociar compromisos democráticos y, en última instancia, evitar que la presidencia de AMLO tenga una clara mayoría y culmine en el enfrentamiento fratricida alrededor de la figura del caudillo, llamado alguna vez el “mesías tropical” por quién ya le pidió armisticio. Pero, ¿y qué tal si en una de esas se logra convencer a los indecisos, y a otros, de la importancia del voto útil por la democracia contra el autoritarismo? Vale la pena intentarlo.




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