La reconciliación de Nick Cave

“Tengo un sueño recurrente en el que un niño cae de un puente.”

Imagina que despiertas un día en el que no te reconoces al espejo. Perdemos cosas todo el tiempo. Perdemos computadoras, plumas, libretas, dinero, y hasta un ‘iPhone’. Dicen que la esperanza se pierde al último. En realidad ¿cuándo se pierde la esperanza? Se pierde cuando no hay más, cuando el acontecimiento ha ocurrido, cuando no hay nada más que lo presente. Imagina que un día te levantas, te peinas de manera distinta, te das cuenta de que ya no te afeitas tan frecuente, el sueño cambia, ya no es una duermevela, duermes con un vaso de agua al lado porque se te seca la garganta muy rápido. La mirada te cambia, haces gestos que no conocías en ti. Sigues una rutina porque no te descubres, ni siquiera, en ella misma. “Cuando un acontecimiento es tan trágico que todo cambia a tu alrededor”. Un acontecimiento se vuelve abrupto cuando cambia todas las significaciones que le habías dotado a tu mundo. Has perdido algo más que la esperanza, estás ahí sin una parte de ti, pero con esa parte de ti interiorizada.

Hace unos días me dirigí completamente confundido a ver el nuevo documental sobre el gran escritor y músico Nick Cave. No voy a plantear una crítica sobre las bases para apreciar el cine o un documental. Tampoco hablaré sobre la profundidad del nuevo disco “Skeleton Tree”. Los que seguimos la carrera del artista sabíamos que iba a ser un trago muy difícil ver a un músico reconciliarse con su música y su vida privada. Sería absurdo intentar responder ¿por qué Nick Cave hizo este documental? Su hijo murió el año pasado cuando ya tenía escritas algunas letras para el nuevo disco y los acordes de algunas canciones. Evidentemente el disco evidencia un sentimiento que soy incapaz de imaginar. Lo que propuse en el primer párrafo es una introducción a las fotos que podemos apreciar durante el filme.


Cave siempre ha sido el artista que representa una consolación. Durante sus primeros discos cantaba con las manos en el piso, lleno de heroína, alcohol y sexo, en bares para motociclistas. Con un cuerpo semidesnudo. Luego de Birthday Party era necesario que creara con mayor autonomía. Reunió algunos músicos que fueron las malas semillas. Para un ángel caído, lo mejor serían unas malas semillas. Es así como ahora empieza a vestir traje y tocar el piano. Después, paulatino a la edad, la imagen no ha cambiado pero las historias de las canciones son cada vez más ricas o complicadas. Entran las canciones muy románticas, llega el gran disco No More Shall We Apart. Disfrutamos de un Cave enérgico y a la vez templado en el escenario. Hasta que llegamos a la etapa de un artista consolidado, con un traje perfectamente cortado, un peinado estilizado, una presentación increíble en el escenario, una fuerza total y suficiente en las canciones. La estabilidad ha llegado. Así son los últimos discos hasta que nos impacta con Push The Sky Away. El último disco es tan increíble como sus más grandes discos.

La reconciliación de Cave no es con nadie sino con él mismo. Cave es la representación del hombre en la obra de arte. El arte, románticamente, es una consolación. Su arte es arte es la reflexión, la búsqueda constante del hombre sobre sí mismo. La representación del hombre que se busca por todos los medios posibles, que le es complicado encontrar la fe, encontrar la amistad, una mujer, el arte y la vida. Para él no se escinde la vida del arte, la vida es una búsqueda de la obra y viceversa. ¿Y por qué no debiera ser así la vida?

Imaginemos que hemos despertado y no nos reconocemos. Empezamos a perder las cosas, y la vida se dispersa como el sonido. Sólo somos capaces, afortunada o desafortunadamente, de ver algunas cosas entre nosotros. En el arte la vida esta ahí, no aquí o allá, ahí en el acontecer continúo. Muchas veces un acorde se repite tanto hasta que encontramos otro. Imaginemos cada día como uno o una sola vez cada día. Les propongo que imaginemos, puesto que a un artista como Cave no se le puede comprender, menos ahora. Está ahí y se presentó a nosotros en un documental que nos desnuda por completo. Les invito a ver “One More Time With Feeling” y reconciliarse a través de la música.