El neoliberalismo no es derecho a la libertad

“Constituido el monopolio, vemos por fin con claridad que su proyecto

es eliminar la libertada de mercado. Donde manda uno.

O mandan dos que se ponen de acuerdo entre ellos”.


José Pablo Feinmann

 

En todos los medios masivos de comunicación podemos observar constantemente que se habla del neoliberalismo, y pareciera que consisten en retomar la propuesta de que los Estados tutelen, protejan y promuevan los derechos de libertad de los gobernados, con la finalidad de que estos, como lo dictaba la doctrina de hace más de doscientos años, puedan desarrollarse plenamente gozando de su derecho de autonomía, esto es, de planear cada persona su propio futuro, para lo cual los Estados–nación deben proveer de los medios necesarios sin inmiscuirse en las actividades propias de los particulares, que, en tanto no afecten a terceros, pueden tener la plena confianza –seguridad jurídica– de llevar a cabo sus acciones como mejor corresponda para su crecimiento, sobre todo, económico, teniendo la oportunidad de contratar y realizar las mayores inversiones posibles para desarrollarse plenamente. Pero, ¿y los pobres? A estos les corresponde esperar que esa riqueza de arriba caiga hacia abajo como cascada hasta permear en las clases sociales de abajo; sin embargo, todo esto, como sistema, fue derrumbándose, provocó grandes desigualdades: el Estado no intervenía en funciones necesarias para evitar esas desigualdades y, por tanto, ese sistema liberal fracaso. No obstante, ahora se habla del neoliberalismo, es decir, de retomar o resurgir ese sistema.

Sin embargo, la libertad que se enarbola actualmente en el neoliberalismo no es para los ciudadanos, menos aún para los ciudadanos de a pie; es más, esta extrema libertad no va dirigida a los ciudadanos, sino que se olvida de ellos y alcanza otros destinos que no son la propia población, por el contrario, las poblaciones se ven cada día mas disminuidas en sus aspiraciones. Respecto al neoliberalismo, José Pablo Feinmann opina que “es la etapa superior del liberalismo. La etapa en que los monopolios y los oligopolios traban la libertad de mercado, arrojan de él a los pequeños competidores e imponen sus reglas en todos los órdenes; el económico, el cultural, el político, y el comunicacional” (Feimann, José Pablo, Crítica del neo liberalismo, Planeta, Buenos Aires, 2016). Entonces, para el neoliberalismo es necesario contar con herramientas que permitan mantener a la ciudadanía con esperanza, paz y tranquilidad, y son dos las centrales: los derechos humanos y el consumismo.

La primera ha invadido el mundo jurídico con la vigencia y efectividad –controlada– de los derechos humanos. Todos los sistemas jurídicos deben respetarlos, tutelarlos, promoverlos y protegerlos. Los Estados deben firmar tratados internacionales de derechos humanos, con la finalidad de fomentar los programas que se difunden, denominados Nunca Más: nunca más los genocidios, nunca más las desapariciones, nunca más los secuestros, la policía paralela, los desplazamientos de poblaciones, etcétera Desafortunadamente, estos derechos humanos no son efectivos, cuentan con muchos problemas, contradicciones, incoherencias, ausencia de rumbo, claridad, etcétera. Sobre lo anterior, el profesor Zygmunt Bauman sostiene: “La justicia en el Estado liberal nunca es definitiva… La preocupación por los derechos humanos no constituye una función del Estado. Se trata de una institución no estatal dentro del Estado, un llamamiento a la humanidad que el Estado todavía no ha realizado” (Bauman, Zygmunt, La posmodernidad y sus descontentos, Madrid, Akal, 1997).

Por otra parte, contamos con el exceso de consumismo, el pensamiento consumidor que ha absorbido a cualquier ciudadano y que, en parte, es una de las razones por las cuales se considera que cayó la Unión Soviética, sobre todo sin derramamiento de sangre: “Finalmente, la historia del colapso de la Unión Soviética no fue el desenvolvimiento inevitable de una tragedia arraigada en la imposibilidad del socialismo como sistema. No fue una derrota impuesta por el levantamiento y la oposición popular o los enemigos externos. No fue motivada por la incapacidad del socialismo soviético de ponerse a la altura de ciertos ideales del liberalismo democrático que llevaban implícita una economía mixta… En vez de todo eso, fue la historia del triunfo de una tendencia de pensamiento arraigada… un sector que floreció porque la demanda de bienes de consumo estaba insatisfecha” (Keeran, Roger, El socialismo traicionado, Editorial de Ciencias Sociales Habana, 2013). Respecto al fenómeno del consumismo, el escritor uruguayo Eduardo Galeano opinaba que: “La trampa del consumo operan con impunidad. Cada vez hay más distancia entre la inmensa mayoría que necesita mucho más que lo que consume y la mínima minoría que consume mucho más que lo que se necesita” (Galeano, Eduardo, Ser como ellos, Siglo XXI, México, 2009). Es evidente que aún se puede hace efectivo que los derechos humanos permeen en el Estado, que sean una exigencia permanente de la población. Pero, respecto al consumismo, ¿efectivamente será esa segunda herramienta? De ser así, ¿cómo combatir el consumismo?