Muros de racismo y sumisión

El fenómeno Trump en su relación con el pueblo estadounidense, con las mujeres, con los mexicanos y con el mundo, ha traído declaraciones, opiniones sabias y zafias, memes ingeniosos y manipuladores del patrioterismo para frenar las protestas contra el gasolinazo. Lo mejor es que crece el repudio y la resistencia organizada que potencian en Estados Unidos y en el mundo la lucha de clases y contra el imperialismo. Pero en México falta despejar la ruta de un movimiento donde converja  la defensa de la soberanía nacional con creación de la soberanía (el poder) del pueblo.

El estilo, la facha del fascista presidente gringo y su afán de “negociador” agresivo, encubren lo que es: un miembro capitalista del neoliberalismo que actúa en esta crisis mundial y “civilizatoria” por los medios y estrategias de la ultraderecha racista, machista, homófoba, depredadora, guerrerista. Heredó de ella los principios conservadores de los planes de supremacía de EUA contra el mundo. La raíz de este “estilo” aparecía ya en planes a finales del siglo veinte y principios del siglo actual (llamados de Santa Fe), los cuales preveían una lucha implacable contra el potencial de crecimiento y  poder militar de países como China y contra los “privilegios” comerciales, migratorios, culturales y militares a pueblos latinos y musulmanes colocados sea como  ladrones, delincuentes o terroristas.

Pero no todo es antiguo: cada aspecto de su conducta y sus combinaciones, lo han tenido otros presidentes de Estados Unidos y los mandones de otros países imperialistas (al final  marionetas todos e del complejo financiero y militar capitalista). Así por ejemplo, en Estados Unidos la amenaza de Trump contra  migrantes mexicanos, centro y sudamericanos, ya la cumplió Obama deportando  a más de 3 y medio  millones de inmigrantes. El muro con México tiene muchos kilómetros construidos, alzados por lo menos en los últimos 20 años de gobiernos tanto demócratas como republicanos. El abuso de aranceles, intercambios y facilidades a las transnacionales yanquis, especulación de precios, bloqueos a productos, etcétera, contra las exportaciones de América Latina y el Caribe han dejado grandes flujos de dinero para el presupuesto del gobierno estadunidense, y para el tesoro de sus bancos.

También está el plano geopolítico-militar donde Estados Unidos es centro mundial del consumo y, por lo tanto, del negocio transnacional del narco-capitalismo. El lavado del dinero del narco y de los negocios del “capitalismo delincuencial”, nombre discutible, pues también es un crimen el robo legal que hacen los bancos, se ha convertido en uno de los principales giros de bancos como el City Bank (en México controlador de Banamex). Igual pasa con los planes Colombia y Mérida (México) que han mantenido el próspero negocio de la venta de armas, la intervención de asesorías en inteligencia policiaco militar, la transformación del esquema judicial además de “sellos” fronterizos al sur domo el gobierno mexicano es policía al servicio de Estados Unidos.


¿Por qué entonces viene Trump y parece como un monstruo especial del comando imperialista de los EUA? Porque este negociante -elogiado como audaz por su colega Slim y considerado como “sensible” por su lacayo Videgaray-, promociona su odio racial y pro imperialista y lo cumple con golpes de mano, anticipación y humillación de los sumisos presidentes y socios menores de la dominación en nuestros países como el peñita tricolor, pelele del “¡mande usted míster presidente!”.

¿Cómo responder a “La bestia” que hoy regresa desde el país del norte con deportados, torturados, perseguidos y humillados hacia nuestros pueblos del Sur? Sólo con la resistencia popular organizada. Nos dan su ejemplo masivo las mujeres y organizaciones de migrantes en Estados Unidos, igual está el camino de lucha de pueblos, comunidades, y organizaciones que defienden territorio y soberanía nacional y popular frente a los despojos a favor de las transnacionales en México y en América Latina y el caribe, así como las redes de apoyo a los migrantes a su paso al norte o y la atención a los deportados por las “migras” gringa y mexicana.

A Trump el racista y a Peña el abanderado de la sumisión debe caerles encima el muro, derrumbado con el poder de nuestros pueblos.

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