MUJERES

Ser mujer en un país machista, misógino e hipócrita implica marginación, maltrato, invisibilidad, ignorancia, servidumbre, anulación, abuso y un sin fin de prejuicios en contra, que en su grado extremo desembocan en violencia, violaciones y  feminicidios. En los espacios educativos y laborales el acoso toma muchas formas, desde albures y bromas, hasta feroces ataques de machismo y misoginia, así como represalias en calificaciones, sueldos y prestaciones. En los peores casos esa violencia  se traduce en abusos, agresiones sexuales y asesinatos.

 

Todas esas calamidades tienen su origen en el constructo de una sociedad patriarcal que sigue considerando a las mujeres como  objetos, seres inferiores y a la disposición de los hombres.


 

El año pasado se perpetraron en Puebla 102  feminicidios, de acuerdo con un recuento hecho por esta casa editorial y a mediados del presente año la cifra de esos crímenes ya ronda las dos decenas.

 

Y mientras las acciones, hábitos y delitos se ciernen implacables sobre este sector de la población, la Alerta de Género que reclaman grupos feministas, defensores de los derechos humanos, universidades y la llamada sociedad civil poblana, duerme el sueño de los justos, muy probablemente por el interés de las autoridades de que su emisión no los afecte en la contienda electoral vigente.

 

Es fundamental unir fuerzas  para exigir la solución a los problemas de discriminación, acoso y violencia en contra de las mujeres, para de esta manera luchar contra el oscurantismo y la intolerancia que prevalece en la entidad poblana.

 

 




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