Micología médica y el doctor Ignacio Hermoso Núñez

Ignacio Hermoso Núñez fue un individuo que supo ser (valga la redundancia) un ser humano excepcional, un buen hijo y hermano, un intachable padre, esposo y para mí, un insustituible amigo. Pensar en él provoca que se me cierre la garganta y me traslado a una historia de vida que es verdaderamente conmovedora en múltiples aspectos.

A Güero, yo lo conocí por un poco más de 30 años y colaborando con él en Aldebarán Grupo Médico por casi 20 años, tiempo en el que nunca tuvimos un problema y si bien se presentaron desacuerdos, siempre predominaron los acuerdos, que marcaron una huella imborrable en la mente y en mi corazón como maestro, uno de mis guías, el orientador de mi destino pero, sobre todo, mi amigo. Me presentó a su familia y me integró como si yo fuese parte de ella,  provocando que hasta la fecha, la relación continúe en una forma particularmente íntima e intensa. En este día, está culminando un congreso médico al que se convocó en su memoria.

Recién egresado de la entonces Escuela de Medicina, se decidió por una pasión inconmensurable hacia la piel, a hacer la residencia en Dermatología en el Centro Médico Nacional en el entonces Distrito Federal. El doctor Ernesto Macotela sembró en él la inquietud de hacer estudios de Micología Médica en Paris. Corría el año de 1980 cuando tuvo el aval del director del Consejo Nacional para la Ciencia y Tecnología (Conacyt), Edmundo Flores Hernández, pero con el bloqueo del director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Arsenio Farell Cubillas, quien le expresó que el instituto no iba a invertir en un médico que se dedicase simplemente a curar tiñas.

Siendo embajador de México en Francia Horacio Flores de la Peña, fueron determinantes las gestiones de Gastón García Cantú para que el 1 de junio de 1980 abordara con Cony, su esposa, el avión hacia Paris, siendo recibido el 2 de junio por François Mariat, quien dirigía el Departamento de Micología del Instituto Pasteur.


Terminando su estancia en Paris regresó a México con el compromiso de trabajar en una institución gubernamental por dos años como mínimo. Fue entonces cuando se dio una coincidencia extraordinaria con Antonio Cruz López, quien formó el departamento de Microbiología y Parasitología, separando las materias de Bacteriología, Virología, Parasitología y de Micología.

Los laboratorios eran sensacionales. Cultivamos bacterias, virus y hongos. Se hizo una encuesta y estudio de parasitosis en el estado de Puebla. Los programas académicos no tenían paralelo en comparación con ninguna otra universidad en México y se hizo mucha investigación. Los viernes se publicó en un periódico mural llamado “El reto diagnóstico, que consistía en describir un caso particularmente difícil, ofreciendo obsequios a quienes fuesen los primeros en dar las respuestas correctas.

Hicimos equipos para jugar “Maratón” y llevamos a cabo nuestra Olimpiada de Microbiología y Parasitología con las distintas áreas, siendo, como lo podrán imaginar, Micología siempre el primerísimo lugar.

Fueron tomando forma las salidas de campo. La asesorías de tesis. La recepción de pasantes de otros estados y quienes terminábamos la carrera, nos dispersamos a continuar nuestro derrotero con conocimientos sólidos en estas áreas.

Cuando terminé la especialidad de Epidemiología, Nacho me buscó, proponiéndome trabajar con él. Llegué a Aldebarán Grupo Médico el 11 de marzo de 1996 e iniciamos una serie de actividades sorprendentes, vinculados con la ya Facultad de Medicina de la UAP, asesorando tesis, apoyando en los cursos para la preparación del Examen Nacional de Residencias Médicas (ENARM), dando clases de Dermatología a los alumnos del Proyecto de Iniciación Temprana a la Investigación o PITI’s por sus siglas y trabajando arduamente con Toño Cruz en múltiples actividades.

Ahora las cosas han cambiado. Una presentación en Prezi, Power Point, Google Slides o Visme jamás va a ser mejor que una práctica de laboratorio en vivo. Las clases virtuales van sustituyendo la figura del Magister; las fotostáticas a los libros, fragmentando el conocimiento; los hipervínculos de internet evitan la necesidad de detallar el análisis de un índice y los videos de youtube parecen abordar cualquier tipo de conocimiento. Nacho Hermoso no usaba un reloj y era puntual; no encendía una computadora pero tenía la capacidad de encontrar lo que deseaba; nunca fue un youtuber y enseñó todo el tiempo y, por último, siempre nos transmitió que la meta fundamental en la vida, es el ser felices.

A nombre de los que integramos el proyecto de Aldebarán Grupo Médico, las secretarias Meche y Keny; Mayte nuestra contadora; Miyas y don Lalo en la pesada tarea de afanar el consultorio; Rafa y yo como integrantes del área médica; Mary y Cristi en el manejo de expedientes; Lalo, Chío y Tito en Farmacia; Ximena, Nacho, así como Dano, y Cony en las decisiones administrativas, nos ponemos a la disposición de quien lo solicite, con la meta de enaltecer a cada momento, la figura de Ignacio Hermoso Núñez.

Comentarios: jgar.med@gmail.com