Mi mayor tesoro

¿Es suficiente una mente para vivir esta etapa mágica de tecnología? Lugar común es decir que antes se vivía más tranquilo; los jóvenes de hoy no lo saben, no tienen la experiencia. El mundo en que viven no la procura a excepción de que se busque de manera intencional y aislada. Y es probable que si la tuvieran, se aburrirían. Vivimos en una dinámica tan intensa y vertiginosa con múltiples estímulos simultáneos que brindan gratificación inmediata que buscar la tranquilidad es trabajo muy adiestrado. Y por lo menos yo confieso: no pudo con eso de los estímulos simultáneos y las gratificaciones inmediatas y sucesivas, ad infinitum.

La mente es lo más maravilloso que tenemos y cada vez los descubrimientos son más asombrosos, sobre todo que a la par de los resultados de las investigaciones, los expertos nos aportan técnicas para lograr lo que queremos hacer con nuestra mente. El problema es enfocarse porque la atención sólo puede ser de una sola cosa a la vez.

Yo no sé cómo se conecten, internamente, los cerebros de los jóvenes que viven en esta vorágine que considero maravillosa. Pero el mío no puede con tanto estímulo inmediato, intenso y simultáneo: me paralizo y, me sucede que, cuando me enfoco en lo que quiero, la vorágine de las redes sociales está como el diablito que me dice que me estoy quedando atrás y fuera de conexión.


Hace algunos años cuando salió en venta la televisión cuya pantalla permite ver varios canales a la vez, un amigo admirado de la novedad, me dijo: “¡Está fabulosa!”, a lo que sin chistar, respondí: “Magnífico, el pedo es que sólo tenemos una mente”. Hoy reitero, “tengo una sola mente que es mi mayor tesoro”, y añado: “¡no se me da esta vorágine!”.