Mérito ecológico para el CESDER, devastación y muerte para la Sierra Norte de Puebla

El Centro de Estudios para el Desarrollo Rural – Promoción y Desarrollo Social A.C. (CESDER-PRODES A.C.) es una conocida institución educativa y de promoción al desarrollo comunitario que se ha convertido a lo largo de más de tres décadas en un referente de la construcción alternativa de procesos organizativos. Se ubica en la Sierra Norte de Puebla, en el municipio de Zautla. Surgió en 1982 y desde entonces, un número incuantificable de promotores comunitarios, defensores de derechos humanos, ambientalistas, educadores populares y activistas han pasado por sus instalaciones enclavadas en los cerros del paraje Capolihtic, con el objetivo de formarse, intercambiar experiencias, planear proyectos y soñar colectivamente un mundo mejor.

Uno de sus proyectos más representativos es la Licenciatura en Planeación del Desarrollo Rural, única en México. Desde 1999 recibe año con año jóvenes campesinos y campesinas de diferentes latitudes del país que buscan ser partícipes de un modelo educativo adecuado y pertinente para el mundo rural, que les permita no desvincularse de sus comunidades y por el contrario, les facilite convertirse en actores con una fuerte incidencia en los procesos organizativos locales y regionales. Recientemente se ha diversificado la formación en tres especialidades: a) agroecología y soberanía alimentaria, b) procesos alfareros, innovación tecnológica y derechos artesanos y c) economía social y gestión de emprendimientos cooperativos.

Junto con la licenciatura, la oferta educativa del Cesder, en alianza con la Universidad Campesina Indígena en Red (UCIRED) se ha ido diversificando ahora hacia cuatro maestrías: Pedagogía del Sujeto y Práctica Educativa, Practicas Narrativas en la Educación y el Trabajo Comunitario, Agroecología Territorio y Soberanía Alimentaria y Educación con Personas Jóvenes y Adultas. Su modelo educativo recoge “la experiencia de 30 años del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural en procesos de acompañamiento a comunidades y colectivos en regiones campesinas e indígenas, planificación con sujeto, planificación estratégica institucional, procesos de fortalecimiento organizacional y diseño de modelos educativos” (http://www.ucired.org.mx).


Además de su trabajo en el campo educativo, el CESDER se ha convertido en un referente importantísimo de la lucha en defensa del territorio en la región serrana, cuyo 20% de su superficie se ha concesionado a diferentes proyectos de la industria extractiva como son la minería a cielo abierto, el fracking  y las hidroeléctricas. Frente a los proyectos de muerte, el CESDER promueve el reconocimiento, apropiación y autogestión de los territorios por parte de la población que los habita, desde una perspectiva de derechos humanos. Su estrategia no se ha reducido solo a posicionarse en contra del “desarrollo”, sino que ha consistido en oponerse a la atrocidad que provoca la modernidad forzada que impone el despojo capitalista en la región, a partir de la defensa y recreación de modos de vida dignos para el mundo rural.  De esta manera, su presencia en la sierra por más de tres décadas se ha traducido en un importante trabajo de acompañamiento a las familias campesinas en temas de producción agroecológica y medio ambiente, impulsando el fortalecimiento de las unidades de producción familiar, el mejoramiento de las tecnologías tradicionales y el aprovechamiento sustentable de los bienes comunes naturales, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las comunidades rurales, sin devastar el entorno.

En diversas comunidades de Zautla y de muchos otros municipios serranos, el CESDER ha promovido desde hace más de tres décadas, incontables proyectos de establecimiento de unidades biointensivas y de reordenamiento de las Unidades de Producción Familiar (UPF) para incrementar la producción agropecuaria. Esto ha sido posible a partir de un aprovechamiento integral de la tierra disponible mediante la incorporación de hortalizas, diversificación y rotación de cultivos, renovación y diversificación de árboles frutales, reproducción de especies menores de ganadería de traspatio mediante el mejoramiento del manejo sanitario y de su alimentación. El trabajo comunitario parte de la recuperación, revalorización y aplicación del saber local, a partir de la metodología de “Campesino a Campesino”, que rompe con la verticalidad del extensionismo rural gubernamental. Estos proyectos están acompañados de acciones para la conservación y aprovechamiento racional del agua, escasa en la región, a través de técnicas diversas de captación y almacenamiento, como cisternas de ferrocemento o jagüeyes comunitarios, sistemas de riego por goteo y la implementación de sanitarios ecológicos. También ha promovido la construcción de obras de retención de suelo y agua como zanjas a nivel, barreras vivas, represas de piedra o ramas, entre otras. Tan solo en el municipio de Zautla se han reforestado mediante la organización comunitaria, al menos 100 hectáreas de terreno, lo que ha llevado a la recuperación de espacios que habían sido dañados por la erosión eólica e hídrica.

En el campo de la alfarería, que históricamente ha sido una fuente de ingreso en la región, el CESDER ha promovido la reconversión tecnológica de las “unidades de producción alfarera”, buscando la sustitución del plomo en la alfarería vidriada, la incorporación de hornos para ahorrar combustible, incorporando la investigación y la experimentación con barros locales, así como pastas y esmaltes comerciales de baja temperatura.Todo ello a través del Centro de Estudios Alfareros, fundado en 2005 en la comunidad de San Miguel Tenextatiloyan.

Por toda esta trayectoria y mucho más, quienes cotidianamente dan vida al CESDER recibieron el pasado 16 de julio el Premio al Mérito Ecológico en la categoría comunitaria. Con este certamen, la SEMARNAT reconoce a mujeres, hombres, grupos comunitarios, instituciones públicas y privadas, así como a organizaciones de la sociedad civil que hayan realizado y realicen acciones, proyectos y/o programas en materia ambiental con gran impacto y trascendencia en el “desarrollo sustentable de México”.

Pero el mundo es paradójico. Así como la SEMARNAT reconoce con justeza la trayectoria del CESDER, al mismo tiempo nada ha hecho por detener e incluso ha favorecido la voracidad de los proyectos que amenazan la reproducción de la vida en las mismas comunidades y municipios en los que ha trabajado por años, como el que pretende llevar a cabo la minera china JDC Minerales en Zautla, el que implementa ya la empresa canadiense Almaden Minerals en el municipio de Ixtacamaxtitlán o la hidroeléctrica que Grupo México ha tratado de imponer en Olintla. Es urgente que las autoridades ambientales no solo den premios y reconocimientos, por más merecidos que estos sean, sino que en el marco de la legalidad actúen para conservar los ecosistemas y las formas de vida que en ellos se sostienen. Y además de ello, dejar de criminalizar a los activistas ambientales que incluso han sido asesinados en la región por atreverse a defender su territorio. Más allá de los papelitos, el verdadero homenaje que se puede hacer a quienes con humildad y valentía lo arriesgan todo todo por las futuras generaciones, por apostar a la reproducción de la trama de la vida, es garantizar la justicia ambiental.

*Doctor en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.